sábado, 15 de abril de 2017

Dragon Ball, los roles de género y el "efecto mamá"


 
Recientemente, impulsado quizá por el cariño a los personajes y quizá por esta corriente de nostalgia que invade a nuestra sociedad desde hace unos años y que hace por momentos que la cartelera de los cines y las pantallas de nuestras televisiones (u ordenadores o tablets) parezcan salidas de los 90 y hasta de los 80, me puse a ver Dragon Ball Super, la nueva temporada de la mítica saga de manga y anime.

No se le pueden pedir peras al olmo: Dragon Ball siempre ha sido eso que llamamos un placer culpable. Aún así, en sus mejores momentos, Akira Toriyama demostraba una imaginación desbordante, un gran sentido del humor, un don para la progresión narrativa (¡esa primera batalla de Goku contra Vegeta! ¡Ese clímax de Son Gohan con un brazo roto borrando a Célula de la faz de la tierra!), y una capacidad difícil de definir para crear personajes icónicos. Prueba de ello es cómo, en su momento, de niño, me interesé por la serie mucho antes de poder verla, sólo con ver el merchandising que llegaba a mi ciudad en forma de tazos, gomas de borrar y demás. O cómo la serie ha seguido de forma casi permanente en antena, siendo referente de ya varias generaciones.

Sin embargo, incluso mi yo adolescente fanático no podía evitar notar ciertas cosas. Como que los dos únicos personajes abiertamente homosexuales que aparecían en la saga eran, uno malvado (aunque muy fuerte para su época, eso sí), y muchos años después, un secundario cómico. Este, por el lado positivo, era "bueno", pero de cierta manera su caso era aún peor porque su "comicidad" radicaba en el mismo hecho de ser mariquita y gustarle Trunks. No, Toriyama no era de ideas muy avanzadas en este sentido... Yo, que en aquella época necesitaba de referentes en los que poder reflejarme, me conformaba con hacer la vista gorda y elaborar mi teoría secreta (¡aún no desmentida!) de que Ten Shin Han, que sí era un personaje digno, también era gay. Al fin y al cabo nunca muestra ningún interés por ninguna chica y siempre está junto a Chaozu (Kaos en la versión española).

No, Toriyama no era muy sutil
Y respecto a las chicas las cosas no eran mucho mejores. En Dragon Ball las chicas caen en unos arquetipos muy específicos: la tontita frívola (la madre de Bulma; Ran Fan, aquella "guerrera" del torneo de artes marciales), la irascible irracional (Bulma, Chichi), o incluso ambas a la vez (Lunch). Por supuesto ninguna peleaba bien.

El soplo de aire fresco vino con las dos sagas siguientes, que nos trajeron a Nº 18 y a Videl. La primera era, por primera vez en toda la trama, una guerrera fuerte y con un rol determinante en la historia. Además tenía un argumento interesante y con matices: era una humana convertida en androide y programada para matar a Goku. Pero su programación no pudo ser completada, y eso hacía que, aunque efectivamente quería matar a Goku y eso la convertía en antagonista, por otro lado era una buena persona y conservaba en gran medida su humanidad, con lo cual en realidad no tenía malas intenciones. Por otro lado no caía en ninguna de las categorías que mencionaba antes, y era apacible y segura de sí misma. Videl, por su parte, era una muchacha independiente, alegre, segura de sí misma, inteligente y con fuerte carácter. No es de extrañar que Gohan acabara enamorado de ella.  Fue una lástima que, a medida que avanzaba la saga final de Dragon Ball, su rol se vio mermado porque, al igual que les ocurría a todos los personajes sin sangre saiyajin, era incapaz de luchar a esos niveles. Por cierto, a lo largo de esta saga, Nº 18, ya emparejada con Krilín e integrada al 100% en el bando de los buenos, desarrolló una obsesión materialista y no movió un dedo en las batallas contra los enemigos que pretendían destruir la tierra. Ejem.

Y llegamos por fin a Dragon Ball Super, la saga actual. El rol de ambos personajes queda muy bien definido en la imagen que sirve de cabecera a la serie y que abre esta entrada: ahora Nº 18 y Videl son, sobre todo, madres.

En el caso de Nº 18, es como si los guionistas (ahora ya no se le puede echar toda la culpa a Toriyama) hubiesen tenido un brote de amnesia y hubiesen olvidado que esta chica tenía una fuerza superior a la de un Super Saiyajin de nivel 1. No se ha implicado en ninguna pelea, y se limita a llevar en brazos o de la mano a Marron, su hija. En un determinado momento, su marido, sale volando para ir a luchar contra la amenaza del momento, exclamando que deben proteger el mundo en el que vive su hija. Nº 18 se queda asombrada por la valentía de su marido, viendo como este parte volando hacia la pelea. Todo eso estaría muy bien si no fuera porque Nº 18 es bastante más fuerte que él y lo lógico sería que fuera ella a pelear. La implicación es que ella es la mamá, y por tanto su rol es quedarse en casita con su bebé...

Y con Videl la cosa es incluso peor. En su caso, más que por un parto parece que haya pasado por una lobotomía. En realidad ya desde el inicio de la saga tiene un comportamiento anormal, todo el tiempo con una delicada sonrisita en su cara y apenas hablando. Durante el capítulo dedicado a su cumpleaños, apenas sale unos minutos y dice dos o tres frases (le regalan un agua con propiedades cosméticas, "que es algo que a Bulma le gusta"). Posteriormente "juega" un papel importante cuando necesitan al bebé que se está gestando en su interior para completar al grupo de saiyajins necesarios para transformar a Goku. Esto de que que Videl sea "necesaria" como mero recipiente humano de otro saiyajin ya tenía unas implicaciones un poco cosificadoras, a todas estas. Por supuesto, cuando acaba el proceso, se desmaya, como buena damisela dulcita y flojucha que es ahora. Ni rastro de la Videl adolescente que se peleaba con matones que la doblaban en peso y talla. Y el resto de la saga, ahí está, llevando a Pan en sus brazos, con su nueva personalidad consistente en limitarse a sonreír y quedarse un poco al margen de todo. Y servirle a Gohan tacitas de té.


 Me temo que en el caso de ambos personajes los guionistas están simplemente reproduciendo, quizás incluso de manera inconsciente, algo muy presente en la sociedad japonesa, dónde frecuentemente las chicas realizan unos estudios universitarios e incluso trabajan durante un tiempo, hasta que se casan y entonces esa progresión profesional se detiene ipso facto, pasando a quedarse en casita limpiando, cocinando y cuidando de los nenes, mientras el hombre se pasa el día ausente peleando contra seres malvados el mundo laboral. Sí, va a resultar que Dragon Ball es una metáfora bastante próxima a la realidad de la sociedad japonesa en lo que se refiere a roles de género. A menudo las obras de fantasía son un espacio ideal en el que mostrar ideas subversivas sobre la sociedad, porque los límies los pone la imaginación. Es una lástima que esta no es una de esas ocasiones...

Pero no todo va a ser malo, y para acabar la entrada me gustaría hablar de esas maneras en las que esta nueva saga está también mostrando un lado mucho más progresista. La primera de quien hay que hablar es de Bulma. Y es que Bulma es el descubrimiento (o redescubrimiento, más bien) de la saga. A diferencia de Nº 18 y de Videl, Bulma tiene importancia en la trama y su rol no se limita al de "mamá de Trunks". Desde el principio de este manga Bulma siempre fue un personaje muy divertido, porque ponía el punto de vista "cotidiano" a las cosas que ocurrían en este manga, y si bien era buena en el sentido más vago del término, no llegaba al grado de virtud de Goku, siendo un tanto mezquina y egoísta en cuanto a su propia supervivencia, dos rasgos que la hacían muy cercana. Además de un genio de la tecnología, Bulma es una mujer intrépida, y en esta saga, aunque no pelee como los saiyajins, tiene un peso importante en las tramas. Una ovación para Bulma y para los guionistas que han sabido verla como algo más que una cuidadora de niños.

El otro gesto de progreso de Dragon Ball Super es aún más sorprendente conociendo los antecedentes de Toriyama. Se trata de Whis, el vigilante de Beerus. El de Whis es un caso particular, porque es un personaje sin precedentes en Dragon Ball. Whis es alegre, tranquilo, educado, amante de la comida... Y además tiene muchísima pluma y es uno de los personajes más poderosos del universo. Al igual que en el caso de mi teoría personal respecto a Ten Shin Han, no hay ninguna confirmación oficial respecto a la sexualidad de Whis, si es que la tiene, pero queda clarísimo por su voz, gestos actitudes (se sonroja cuando ve accidentalmente a Beerus) y forma de hablar que el concepto de su personaje es el de un hombre muy afeminado. Y lo bueno es que esto no le resta ni un ápice de poder ni de aplomo, y absolutamente ningún personaje le falta al respeto a causa de este afeminamiento. Whis posee un aura de respetabilidad y autoridad a su alrededor que nadie cuestiona. Toriyama lo creó con la intención de que fuera un hombre guapo, y le tiene aprecio al personaje, así que no se puede negar que en esto sí que ha avanzado. Y a todas estas aún no he nombrado a su hermana Vados, poseedora de una fuerza y carácter similar (si bien algo más serio). 


Para terminar el artículo, me pregunto qué derroteros seguirá la historia respecto a Pan, la hija de Son Gohan y Videl. Se trata de la primera mujer con sangre saiyajin de la saga, un factor que juega mucho en su favor en esta serie. Ya hemos podido ver en algún capítulo que pese a ser sólo un bebé posee una gran fuerza, y en las últimas páginas del manga, así como en la saga apócrifa de GT, ha demostrado haber heredado las dotes para la lucha y la personalidad de su madre (pre-parto, claro). Ojalá nos vuelvan a sorprender.

sábado, 18 de marzo de 2017

Buffy, the Vampire Slayer: 20 años luchando

 "Estoy de pie sobre la boca del infierno, y me va a tragar entera. 
  Y se va a atragantar conmigo". 


 Este mes, concretamente el día 10, se cumplían diez años del estreno en televisión de Buffy, the Vampire Slayer, Buffy cazavampiros en España.

En gran parte de las entradas de este blog hablo de obras de la cultura popular y su relevancia en cuestiones de política de género, sexualidad... Sin embargo, en esta ocasión ocurre que lo popular y lo social se juntan de una manera especial con lo personal, porque Buffy, además de haber marcado una época y haber influido muchísimo en la sociedad y la televisión que vendría después, es concretamente mi serie favorita.

El paso del tiempo ha sido inclemente con sus efectos especiales, sus monstruos de gomaespuma y sus escenarios de cartón piedra, pero la realidad es que si sabes ver más allá de todo ello (o si eres capaz de verlo con un cierto aprecio a lo que se puede hacer con un presupuesto reducido y un montón de cariño y amor al arte), te darás cuenta de que Buffy es mucho más que eso. En las listas de mejores series de la historia seguramente no la vareás aparecer, y si lo hace será en los puestos más bajos, casi como pididiendo perdón, mientras los primeros puestos estarán indefectiblemente copados por abogados, mafiosos, químicos, etc. Sin negar la calidad de esas series, voy a hacer de abogado del diablo y preguntarme hasta qué punto no es un tanto facilón poner estos temas "oscuros" y "adultos" en lo más alto, y qué grado de influencia real tienen en el mundo y la cultura popular más allá de salir en muchas camisetas con memes graciosos.

Mientras, Buffy, la adolescente rubia de la serie, no sólo mataba a vampiros y otros demonios, sino que a nivel metalinguístico, su serie también derribaba a monstruos televisivos (¿momias?) y creaba nuevos iconos y espacios para la mujer en la cultura popular. Buffy the Vampire Slayer, ahí donde la tienes, fue la primera serie en tener entre sus personajes principales (el segundo en importancia después de la propia Buffy, concretamente) a una lesbiana que no sólo lo era a nivel "teórico", sino que efectivamente tenía novias con las que se besaba en pantalla, y hasta le hacían cunnilingus camuflados en canciones. Por otra parte, para una serie centrada en la acción y el terror, la serie ponía en el centro y a los lados, a toda una serie de mujeres que jugaban un papel mucho más definitivo  que la novia de, la mujer de, la hija de. El otro día veía un episodio de Dragon Ball Super, la nueva temporada de la clásica franquicia, y me quedaba asombrado al ver cómo la mayoría de los personajes femeninos de la serie se limitan a orbitar en torno a sus maridos... Pero no me voy a meter en ese jardín porque esto casi merece una entrada aparte. En Buffy, las mujeres obviamente tienen relaciones sentimentales o familiares con otros personajes masculinos, pero no es eso lo que las define ni la única cosa que marca sus vidas. Por otra parte, no son una simple colección de Barbies intercambiables, sino que cada una de ellas tiene una marcada personalidad propia, y ninguna de estas formas de ser es jamás señalada como "poco femenina", algo que haya que " corregir".



Así, Buffy parece encarnar el cliché de la animadora rubia descerebrada, bastante inepta académicamente... Pero resulta que además de eso tiene una enorme inteligencia estratégica y creatividad a la hora de enfrentarse a amenazas que a menudo la superan en número o fuerza física, y aunque ha sufrido grandes pérdidas en su vida y se enfrenta a menudo a situaciones espantosas, conserva rasgos tradicionalmente "femeninos", como su interés por la moda y el romanticismo. Lo importante es que la serie jamás la ridiculiza por ello, ni insinúa que debe dejar esas cosas de lado para ser "fuerte", como ocurre tantas veces en la ficción.

Luego tenemos a Willow, su mejor amiga, una muchacha (al principio) muy tímida e insegura, con aficiones tradicionalmente "de friki" como la lectura, la informática... Con el paso del tiempo Willow llegaría a ser la bruja más poderosa de la tierra, más fuerte, excepto a nivel físico, que la propia Buffy, descubriría su verdadera sexualidad, y dejaría atrás todos sus complejos. Pero eso sin dejar nunca de ser una friki, porque de nuevo, la serie jamás insinuaba que eso la hacía "poco femenina".

Y qué decir de Cordelia, uno de mis personajes favoritos y seguramente el que más evolucionó a lo largo de sus tres temporadas en Buffy y casi cinco en Angel, el spin off de la serie. Al principio de la serie Cordelia representaba al "mal" en su versión escolar: la reina de la popularidad y acosadora oficial de la clase, insultando y degradando a todo aquel que considerara inferior en la jerarquía social. Sin embargo, a través de su contacto con Buffy y los Scoobies, Cordelia fue desarrollando el increíble potencial que tenía. Aunque evidentemente su retrato inicial es bastante crítico, la serie tiene entre sus aciertos el que Cordelia nunca se transforma en una pobrecita que renuncia a su sex appeal y a su descaro como forma de redención o castigo para mostrar que "se ha vuelto buena", sino que simplemente recanaliza esa lengua viperina y esa fuerza de carácter que necesitaba para ser la "hembra alfa" de la clase y los convierte en instrumentos para hacer el bien. Cordelia llegaría a mostrar la capacidad de ser empática, pero la serie nunca la "castra" ni la castiga por ser excesivamente fuerte e independiente, como hemos visto en tantas ocasiones. Un detalle inolvidable de su personalidad se muestra en el capítulo "Earshot" ("El alcance del oído", en España), en el que Buffy adquiere temporalmente la capacidad de leer los pensamientos, y descubre cómo la gente está constantemente mintiendo por miedo a desagradar... excepto Cordelia, que siempre dice exactamente lo que piensa.



Podría hablar durante párrafos y párrafos de la serie, sobre cada uno de sus personajes, sobre cómo la serie contrasta con algo como Crepúsculo partiendo de una historia similar en el rol que otorga a la protagonista, cómo muestra el amor como un motor de nuestras vidas pero ni remotamente la única cosa por la que vale la pena vivir, la importancia de los lazos de amistad sin caer en esas estúpidas tramas de rivalidades amorosas en las que tantas series "femeninas" caen, sobre ese final que no deja de ser una gran metáfora sobre el empoderamiento y el sufragio universal (Buffy deja de ser "la elegida" y comparte el poder de ser La Cazadora con cientos de mujeres de todo el mundo). Podría hablar de obras maestras como los episodios "Hush", que prescinde de diálogos durante el 90% de su duración, sobre el inolvidable episodio musical "Once More With Feeling", sobre "The Body", que trató la muerte con infinitamente más realismo que cientos de series supuestamente basadas en el mundo real. Sobre la relación de Buffy y Ángel, cómo la primera vez a menudo va seguida de una gran decepción, y cómo a veces el mayor acto de amor es cortar una relación. O la de Buffy y Spike, y cómo deconstruye y derriba horribles clichés románticos sobre el "romanticismo" de la posesividad o la violencia de género y el abuso como supuestas manifestacioes de amor. Sí, te estoy mirando a ti, "50 sombras de Grey". Podría escribir un montón de cosas, porque no en vano hay todo un submundo de libros, estudios, tesis y cursos universitarios sobre la serie, de los cuales hay un enorme listado en este artículo de Wikipedia.

Pero no quiero aburrir, así que lo dejo aquí. Han pasado veinte años desde la primera vez que Buffy mató a un vampiro, pero desde luego el pueblo sigue necesitando a su cazadora. Así que ya sabéis, como dijo la propia Sarah Michelle Gellar en su tuit conmemorativo...

"Si llega el Apocalipsis, dame un toque".

miércoles, 1 de marzo de 2017

Qué es y qué no es la libertad de expresión



Esta semana la cosa ha estado movida. A causa del famoso autobús de HazteOir.org, ha habido un intenso debate social y un cruce de acusaciones. No nos pilla de sorpresa: si algo tiene nuestro país es una profunda e invisible zanja divisoria que lo parte en dos, y son situaciones como estas las que hacen que cada uno revele sus colores.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que estamos en un momento de profundos cambios sociales, y estas cosas rara vez son una balsa de aceite. Es de libro: cuando se trata de cambiar algo, aparecen las resistencias. A medida que las voces en favor de la igualdad, en contra de la homofobia, el machismo, etc., están cada vez más presentes, aquellos a quienes molesta esta corriente también se revuelven más, y sí, efectivamente, se "hacen oír". Vaya que si lo hacen.

Y así, como era de esperar, ante la avalancha de críticas y las prohibiciones de circular, surgió el típico argumento de que el "lobby gay" estaba "coartando su libertad de expresión". Entremos de lleno en el fango y analicemos el asunto desde su base.

El autobús. El texto completo dice así: "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombres. Si eres mujer, seguirás siéndolo". Por dónde empezar. En primer lugar me llama la atención ese tono autoritario y casi amenazador que emplean: si eres mujer seguirás siéndolo. Casi les puedes ver apuntándote con el dedo, mientras vigilan atentamente no vaya a ocurrírserte algo como pensar o sentir por ti mismo, válgame dios. Por otro lado, los autores de la campaña, en todo caso, parecen no saber mucho sobre biología, o en todo caso tienen una visión bastante reduccionista de la misma. Al parecer desconocen por ejemplo la existencia de la intersexualidad, esos casos en los que la persona nace con unos órganos sexuales que se han quedado a medio camino del desarrollo de las dos posibilidades. Es un secreto bastante bien guardado que no es algo tan infrecuente como se cree. A menudo en estos casos médico y familia "deciden" de qué sexo se va a considerar oficialmente al niño/a, y toman las medidas oportunas, mientras la persona protagonista, por razones obvias, no tiene voz ni voto en la decisión... Pero claro, jugárselo a cara cruz tiene el riesgo de que el principal interesado, cuando en el futuro adquiera más consciencia de sí mismo, pueda no estar de acuerdo con la decisión que se tomó por él. Y entonces quizá resulte que esa niña, sin comerlo ni beberlo, tenga pene, y viceversa. 

En cualquier caso no es necesario en absoluto que la intersexualidad esté implicada para que una persona efectivamente sienta que no le corresponde el sexo biológico con que nació. La naturaleza no tiene esos bordes rectos y precisos que a tanta gente le gusta atribuirle, es compleja y contradictoria, y como tal no se manifiesta con la simpleza de la informática, donde sólo hay ceros y unos. La cuestión que parecen no entender los responsables de HazteOír es que la transexualidad, como tantas otras cosas, es una experiencia profunda y completamente personal: sólo quien lo es sabe lo que se siente. Nadie, repito, NADIE, puede venirte y decirte a la cara que eso que tú sientes es "un engaño", y que en realidad eres lo que esa persona quiere que seas. Queda por saber quién desearía "engañar" a un niño/ y hacerle creer que su sexo biológico y mental no coinciden. "Hummm, tengo una idea, me apetece decirle a Paquito que en realidad es Paquita. Será fantástico exponerle a todo tipo de problemas sociales, y a un largo y complejo proceso. Qué gran idea". Queda por saber por qué creen que se puede incrustar en la mente de alguien que en realidad él o ella no lo sabía, pero que en realidad era transexual (porque por supuesto esto no es una cosa que haya existido siempre, incluso en las épocas más conservadoras y agresivas con la diferencia; esto es algo que el "lobby gay" inventó repentinamente, cual conejo sacado de chistera). Queda por saber si esta organización tiene un mínimo rastro de empatía.

En un gesto que me resulta hermoso y esperanzador, gran parte de la sociedad ha puesto el grito en el cielo, y el autobús de marras ha sido retenido. Los de HazteOír, sin embargo, no se amilanan, y amenazan con aumentar la flota y denunciar a su vez al ayuntamiento de Madrid por haberles detenido. Y llegamos al plato fuerte: se quejan de que se está coartando su libertad de expresión. El Argumento, así con mayúsculas, el favorito de los todos aquellos que pretenden frenar y suprimir las libertades sociales que no les convienen. La libertad de expresión, esa carta blanca que en teoría permite decir impunemente lo que a cada uno le parezca.

No. Esto no es libertad de expresión. Expresar ideas destinadas a coartar la libertad de los demás no es "libertad de expresión". Fomentar el odio no es "libertad de expresión". Enorgullecerse de los propios prejuicios y tratar de expandirlos, como un virus, por el resto de la sociedad, no es "libertad de expresión". Y no nos engañemos, por favor. La transfobia, la LGTBfobia en general, la xenofobia, cualquier tipo de fobia irracional a un grupo de personas que no te han hecho ningún daño, matan. Esto no es una opinión, esto es un hecho, y quien no lo sepa es porque no lee noticias ni quiere enterarse de las cosas que ocurren en el mundo. Dar a la gente la posibilidad de identificarse con el sexo que sientan como propio no daña a nadie; extender la idea de que esta realidad no existe y que las personas que viven en ella son inferiores y/o están equivocadas, crea el caldo de cultivo que provoca dolor y en ocasiones muertes en todo el mundo. Promover el dolor, el acoso, la marginación y el asesinato NO ES LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Y después de este mal rato, para quitarnos el mal sabor de boca, propongo olvidarnos de ese autobús lleno de odio y maldad, y quedarnos con este otro, que tiene unos cuantos años ya pero que sólo transmite buen rollo.



Never ever forget that / I got you, and you got me, so / reach up for the stars...

jueves, 26 de enero de 2017

El queer baiting: cuando es sí pero no

sábado, 31 de diciembre de 2016

"Inocente, inocente" y el fútbol femenino



El pasado 28 de diciembre se emitió la tradicional gala de Inocente, inocente, el programa de bromas de TVE que trata de recaudar dinero para fines benéficos. Este año concretamente iba dedicado a reunir fondos para las enfermedades raras, lo cual me parece maravilloso porque si algo necesitan estas enfermedades es más dinero para investigación y más atención mediática. Lo digo porque puede parecer mezquino que sin embargo la entrada de hoy vaya dirigida a analizar y criticar una de las bromas que se llevó a cabo, la cual en mi opinión además de tener bastante poca gracia tenía unas implicaciones un poco desafortunadas.  Así que vaya por delante que las intenciones y el fin último del programa me parecen fantásticos, pero ojalá los guionistas se hubiesen parado a pensar un poco más en lo que hacían.

La broma que concretamente me llamó la atención fue la que “sufrió” el futbolista Antoine Griezmann.  La cosa consistía en que el jugador acudía a una entrevista en RNE, donde iba a hablar sobre las nuevas normas de la UEFA. Antes de que entrara en el estudio, un grupito de chicas, que formaban el grupo “Jugadoras en acción”, un supuesto colectivo que luchaba por una mayor presencia del fútbol femenino, abordaban a Griezmann, y entre bromas y autógrafos con un punto de flirteo, le pedían que apoyara su causa durante la entrevista. Más tarde irrumpían en la misma, gritando cánticos contra el machismo en el fútbol y demás, ante la cara de tierra trágame del futbolista. Al poco rato, le revelaban todo el montaje.

Por dónde empezamos. 

Este colectivo, “Jugadoras en acción”, por lo que indica Google, no existe: los únicos resultados son noticias sobre el programa. Es decir, que los guionistas se lo han inventado, pero la cuestión es que el retrato que hacen de ellas no es precisamente muy positivo: primero tratan de avergonzar al jugador de fútbol pidiéndole que les firme autógrafos en las piernas (“¡no me lo voy a lavar nunca!”, dice una: al parecer en el mundo del fútbol femenino aún viven en los 90 y no han llegado los móviles con cámara de fotos) y cosas por el estilo, y cuando ya entran en el tema reivindicativo, ya directamente se comportan como cuatro energúmenas, gritando y comportándose como unas locas.

La broma evidentemente se vale del cliché de que las feministas son unas histéricas y enfermas mentales que sólo piden cosas absurdas y arman bulla (aunque luego paradójicamente cuando ven a un famoso lo que más desean es flirtear con él, así en grupo, y ya luego pasan al tema serio).  Genial, TVE: esto sí que es televisión pública.

Por otro lado, la broma parte de una realidad: el fútbol femenino no tiene ninguna visibilidad. Quizás se podía haber aprovechado la ocasión para hacer en serio esta pequeña reivindicación que sin duda muchas mujeres futbolistas compartirán, pero al programa no le interesa esto, y sólo pretende usar a este colectivo ficticio y al fútbol femenino en general para hacer la broma. Así que ya ves: para una vez que hablan del fútbol femenino en la tele, es para usarlo de McGuffin y retratar al colectivo como cuatro locas. Muy progresista  todo.
En fin. Acabo la entrada con una curiosidad: al buscar en Google al supuesto grupo de “Jugadoras en acción”, la función de autocompletar me dio unas cuantas opciones muy curiosas. Por curiosidad, teclée también “Jugadores en…” a ver qué salía. Aquí abajo están las capturas de pantalla respectivas.


El deporte, siempre a la vanguardia. ¡Feliz 2017!

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Sirve de algo la corrección política?

En los últimos años la llamada corrección política ha sido cada vez más denostada. Hace unas semanas se publicaba un artículo en la revista "Papel" del periódico El Mundo, en el que se criticaba el fenómeno y se ponían incluso motes a determinados tipos de persona que la practican con especial virulencia. El artículo me ha parecido muy interesante, y en determinados puntos estoy de acuerdo con su autor. Ahora viene el pero.

Porque en realidad estoy hoy aquí para defender la corrección política. ¿Entonces coarta o no la libertad de expresión? ¿Estamos creando un mundo en el que no se pueden hacer chistes? ¿Es todo una gran falsedad? Sí, no, a veces: el tema es complejo. Vamos por partes.

"¿Pero es que nadie va a pensar en los ninjas?"

Es cierto que nuestra sociedad, en muchas situaciones, ha tomado últimamente una deriva de caza de brujas. Como se explica en el artículo, muchas veces la gente se levanta y ataca con increíble saña cosas que... nadie se ha molestado en leer o en ver; simplemente se limitan a seguir a la masa enfervorecida, y no hay una voluntad de pararse a analizar las cosas un poco más a fondo y ver cuáles eran las intenciones del autor. Me viene a la mente esa exposición sobre el franquismo celebrada hace poco en Barcelona y publicitada con una estatua decapitada de Franco, que tanta polémica suscitó. ¿De verdad se puede considerar apología una estatua decapitada? ¿Es apología una exposición que habla de un período negro de la historia española, para que los que no lo conocieran puedan saber lo horrible que es una dictadura y lo importante que es evitar que no se repita nunca? ¿Acaso no hay una abismal diferencia entre hablar de algo, para darlo a conocer desde un punto de vista crítico, y hacer apología de ello? ¿Tenemos que prohibir también entonces los libros de historia, que están llenos de menciones a gente terrible?

Efectivamente, cuando se lleva a extremos absurdos y no hay voluntad de analizar las cosas con un poco más de sutileza, la corrección política puede acabar degenerando en censura descerebrada. Pero lo contrario, desecharla completamente y tratarla como un cáncer sin ninguna utilidad, me parece igual de dañino. En su esencia, la corrección política surgió con una intención positiva.

Con el paso del tiempo, la sociedad ha ido (más o menos) asumiendo la existencia de la diversidad como algo digno de ser tenido en cuenta y respetado. Es un desarrollo relativamente nuevo: no hace tanto la diferencia causaba horror, y así, a los zurdos se les ataba la mano y se les obligaba a escribir "como dios manda", por poner un ejemplo. En el tema que trata más específicamente este blog, las minorías sexuales eran (son) tratadas como una aberración, y el objetivo era destruirlas y/o borrarlas, verbal y literalmente. El lenguaje no es inocente, y no es casualidad que no exista ningún término despectivo para decir "heterosexual", ni para decir "blanco", ni para decir "cristiano" (y si existen, no han llegado a la cultura popular). El que está en la cúspide de la pirámide es el que elige los términos insultantes para los que están por debajo en la jerarquía social.

Sin embargo, con mucho esfuerzo por parte de los colectivos que dan voz a los afectados, la sociedad ha ido asumiendo que todo el mundo es igual de valioso, o debería serlo, y al igual que no hay un descuento en los impuestos que debemos pagar según nuestro grado de marginación por parte de la sociedad, el acceso a los derechos también debería ser igualitario, y en ello estamos. El lenguaje políticamente correcto, y a esto quería llegar, es la consecuencia natural de esta mayor sensibilidad hacia los colectivos tradicionalmente marginados. 

Desde luego mucha gente emplea palabras como "mariquita", "maricón" o "bollera" con una intención afectuosa, y evidentemente esto es todo lo contrario que un deseo de ofender; por no hablar del uso apropiativo de estas expresiones para desactivarlas y anularlas, como ha ocurrido con la palabra queer, que a día de hoy ya casi al 100% ha perdido cualquier connotación despectiva y más bien hace pensar en activismo y sociología.  Estos son casos aparte. Pero no impiden que en su origen estas palabras fueran creadas para hacer daño y establecer fronteras, para decir "tú estás ahí abajo y yo aquí arriba", y sólo puedo ver como algo positivo el que ahora se tenga asumido que un político, por la tele, no puede decir ninguna de estas palabras; y si lo hace, que se le someta al juicio público. Esto no es censura: esto es el respeto básico necesario en una interacción social, y quien falte a él, efectivamente debe ser amonestado.

"Y si no siempre nos quedan los chistes sobre terroristas islámicos"
¿Y respecto al humor? ¿Deberían Bertín Osborne y Arévalo ser libres para hacer chistes de mariquitas? Pues ocurre básicamente lo mismo. En petit comité casi todo vale (o todo lo que acepten los allí presentes), pero cuando tus palabras van a ser recibidas por un público nacional o mundial, el hecho de que estés haciendo humor no te exime del deber de respetar a la gente. Al igual que, como decía antes, hay un motivo de que exista la palabra "maricón" pero no un para decir "heterosexual" de forma despectiva, hay un motivo para que existan chistes de mariquitas pero no chistes en los que la heterosexualidad de los protagonistas sea lo gracioso del chiste.  Obviamente los chistes de mariquitas no han salido de la nada: son el producto de una sociedad homofóbica, donde la homosexualidad era (es) vista como algo negativo, o en el más condescendiente de los casos, algo intrínsecamente gracioso. A ellos, y a sus fans, les pueden parecer inocuos esos chistes, desde su posición de superioridad en la jerarquía social donde no existen los chistes "de heteros", pero esos chistes por muy inocentes que parezcan hacen daño. Desde que nacemos y empezamos a escucharlos, el mensaje que nos va calando muy claramente es que ser mariquita es algo de lo que reírse, algo un poquito asqueroso y/o gracioso, y/o ridículo. Pueden decir que esos chistes se hacen desde el cariño y sin mala intención, pero todos sabemos perfectamente que no se trata de lo que uno dice sino de lo que hace.

La corrección política existe porque existe una voluntad por tratar a los demás con respeto, y esto, en principio, nunca puede ser malo. Hay determinados contextos en los que nunca escucharás usar palabras políticamente correctas, y eso será un indicativo claro del grado de progreso de esa sociedad. Muchos quizás estén pensando mientras leen esto que el respeto que ofrece la corrección política puede ser epidérmico, que la persona que te habla con educación puede estar riéndose de ti o insultándote por dentro, y que en ese caso no es más que un teatro. Por supuesto que hay que aspirar a más, a un respeto que vaya más allá del lenguaje, que sea absoluto y demostrable. Pero esto es el punto de partida, y si no se empieza por exigir respeto en la comunicación, difícilmente pasaremos al siguiente nivel.

domingo, 23 de octubre de 2016

La violencia de género como síntoma

En las últimas semanas, o quizás sólo ha sido una percepción mía, parece haber tenido lugar un paroxismo de actos de violencia dirigidos a mujeres. Y cuando digo "dirigidos a mujeres", hablo de tipos de violencia muy específicos: al agresor no le daba igual haber hecho lo que hizo a un hombre o a una mujer. En el caso del asesinato, se llama feminicidio. ¿Es necesario un término tan específico?, dirán algunos. Un asesinato es un asesinato, ¿no?


 Sin embargo, el término tiene sentido y es necesario, porque pone de relieve la realidad de que existe un tipo de violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho específico de serlo. Es una violencia que hunde sus raíces en unas determinadas circunstancias sociales, y por ello no es ninguna sorpresa que se dé con más intensidad en países de más fuerte tradición machista. A menudo hay hombres que se quejan de que ellos también pueden ser víctimas de violencia por parte de sus mujeres, y sin embargo no reciben ningún apoyo social. Es más, a menudo su caso es tratado como algo cómico ("Su mujer le pega: ja, ¡qué calzonazos!"). Para empezar tengo que decir que efectivamente es muy injusto tratar su caso como una broma y que todos los casos de malos tratos son igual de tristes (y un breve apunte: esta idea de que a violencia de género hacia hombres es graciosa no es más que otro evidente tentáculo del machismo, porque "los hombres no lloran", etc.). Pero la cuestión diferencial es que en el caso de la violencia dirigida a las mujeres tenemos un caldo de cultivo social que está fomentando este tipo de sucesos. Esta violencia básicamente es la representación visceral de un concepto muy presente en la sociedad: que las mujeres están ahí para los hombres. Para agradarles. Para ser amables con ellos. Para ser folladas cuando lo deseen (ellos).

Así, tenemos conceptos aparentemente inocuos como el del friendzone (cuando una chica trata a un chico como amigo, negándole así posibilidades sexuales o románticas). Siempre me ha resultado muy "gracioso" como este término se emplea en este caso concreto, y no cuando el que hace friendzoning a su amiga es un chico. La idea subyacente es que una chica debería siempre corresponder a los deseos del tío en cuestión, y que sentir por alguien simpatía pero no atracción es una forma de condescendencia (vamos, que la chica es una cabrona). En cambio, para un tío es completamente aceptable ver a su amiga como amiga y no estar en la obligación de liarse con ella si a ella le gusta él. Muy simétrico todo, ¿eh? Significativo me parece también como a menudo los asistentes virtuales, tan presentes hoy en día, tienen a menudo el aspecto de chicas jóvenes y guapas. Es como que todos tenemos muy asumido que el rol de estar disponibles y servir a los demás es algo intrínsecamente femenino, y ya que estamos, por qué no echarle un poco de sal y ponerle a la mujer hecha de píxeles una cara jovencita y no la de una mujer de cincuenta. O la presencia mayoritaria hasta hace no mucho de mujeres azafatas. O de enfermeras. O de...

Captura de pantalla de búsqueda en Google de "asistente virtual": solo tras hacer bastante scroll aparece el primer hombre.

Ojalá todas esas manifestaciones que se han celebrado, y el eco que se les ha dado en la prensa junto a la popularidad del término feminicidio que mencionaba antes, sirvan para hacer a la sociedad reflexionar. La violación, las agresiones y el asesinato de mujeres son la expresión más dolorosa y visible de una realidad con la que convivimos diariamente, pero lo que necesitamos es meter la cabeza debajo del agua para entender el iceberg en toda su magnitud.

Cada vez que insinuamos que una chica tuvo la culpa de ser violada porque llevaba escote y tacones de aguja, cada vez que alguien dice que nos es bonito ver a una chica fumando o bebiendo, cada vez que se desprecia a una chica por ser promiscua, cada vez que se tacha determinadas profesiones o actividades como "poco femeninas", cada vez que las empresas obligan a su empleadas a llevar falda corta y maquillaje, cada vez que decimos que cuando dicen "no" en realidad quieren decir "sí", cada vez que le decimos a un niño que debe ser "fuerte" y no llorar... estamos poniendo nuestro granito de arena para provocar el próximo asesinato, la próxima paliza, la próxima violación.