viernes, 11 de mayo de 2018

El desprecio a Eurovisión y su relación con el machismo y la homofobia

 
Ay, Eurovisión. Si hiciéramos un hipotético top ten con los temas que generan más polémica, además de la política, la religión y el fútbol, seguro que Eurovisión se haría un merecido hueco. Lo amamos y lo odiamos, y aunque supuestamente nadie lo ve, y muchos desearían verlo borrado de la faz de la tierra, año tras año por estas fechas casi todos conocemos perfectamente la canción que va por España. Y, por supuesto, al día siguiente del certamen, todo el mundo sabe cómo quedó.
Antes de entrar de lleno en la teoría que voy a exponer, quiero hacer dos puntualizaciones. Una: como en todo lo demás, todo el mundo es libre de tener su propia opinión sobre Eurovisión.  Te puede gustar o no gustar, y si no te gusta, no tiene por qué ser debido las circunstancias de las que hablaré en esta entrada. Así que espero que nadie se sienta personalmente ofendido, porque lo que intentaré hacer es una reflexión a nivel sociológico, sin entrar en lo personal. Y dos: el hecho de que Eurovisión tenga una evidente vinculación con el mundo gay mainstream no implica que por ser gay automáticamente tenga que gustarte, ni viceversa.

Aclarado esto, lo que quiero decir básicamente es lo siguiente: que el virulento desprecio que mucha gente siente por Eurovisión, en muchas ocasiones parte del machismo y la homofobia que existe en nuestra sociedad. Seamos realistas: aunque determinados países más conservadores se lleven las manos a la cabeza cuando se habla de la vinculación de Eurovisión con la comunidad gay, la realidad es que esa conexión existe y es muy evidente. Año tras año, a poco que te fijes en las banderas que ondean entre el público, no te costará nada encontrar varias con el arco iris. Por no hablar de los candidatos que han ido participando otros años como la transexual Dana International, el personaje de Conchita Wurst, una mujer con barba, que interpretaba Thomas Neuwirth, y las decenas de guiños al público gay que se suceden año tras año. En este festival cabe de todo y hay para todos, y esa es gran parte de su gracia: que igual te encuentras a una banda de rock que a una cantante de ópera, que a una marioneta de un pavo; pero está clarísimo que esto es en gran parte una celebración para el público gay.


 
Por otro lado, y pese a alguna explosión puntual de testosterona, Eurovisión es una celebración de la feminidad, pero no desde el punto de vista de la mirada masculina, y sin caer en la cosificación de las mujeres. Es decir: en Eurovisión salen cientos de mujeres guapísimas que se visten con vestidos imposibles; pero son vestidos que oscilarán entre el barroquismo, la teatralidad o quizás la elegancia, vestidos pensados para impresionar, pero no para provocar el deseo de desnudar a las cantantes. La planificación de la realización televisiva sigue este espíritu, y es por eso que normalmente no verás primeros planos de escotes y culos, ni por ejemplo a grupos de bailarinas escasas de ropa haciendo twerking y manoseando a un tipo sentado en un trono (y cuando ha ocurrido, como en la candidatura de Polonia de 2014, además del revuelo que se montó, el resultado fue chocante, por incongruente con la línea del festival: había algo antinatural en esa actuación que parecía apelar más a los fabricantes del calendario Pirelli y sus compradores). Curiosamente, será mucho más fácil que veas a bailarines masculinos ligeros de ropa… A nivel estadístico, vale la pena también resaltar que la mayoría de las ganadoras en Eurovisión han sido mujeres. Mujeres de todo tipo. Sí: lo femenino impregna el espíritu de Eurovisión.

Marija Šerifović, candidata serbia de 2007, antítesis de la purpurina y los peinados locos. Ganadora de ese año.

En Eurovisión lo que prima es el espectáculo, el color, lo kitsch, el sentimentalismo (y lo sentimentaloide), la teatralidad, el exceso. Si comparamos este festival de colorines y canciones pop con el principal hobby de nuestro país, hablo obviamente del fútbol, el contraste no puede ser más grande. El fútbol es sobrio y práctico. Los jugadores van uniformados con pragmática ropa deportiva, y su juego se basa en unas estrictas reglas que premian la fuerza, la destreza física, la coordinación. Los jugadores de fútbol son evidentemente y hasta que se demuestre lo contrario todos heterosexuales y tradicionalmente masculinos (y el día que alguno se atreva a salir del armario, preparémonos), con sus mandíbulas cuadradas y su gesto recio. Las explosiones emocionales se limitan a dos momentos: la agresividad cuando hay una falta, y las muestras de afecto cuando hay gol o copa. El fútbol es el deporte rey, y nadie discute su importancia crucial en nuestra cultura. Por mal que lo hiciera España en ningún mundial, nadie en su sano juicio pediría que se retirase a España de la competición. Nadie en su sano juicio enviaría a un payaso ejercer de capitán del equipo, ni a un amateur bromista que no supiera jugar al fútbol. Cosas que sí se intentan hacer y de hecho se hacen en Eurovisión. ¿Por qué esta diferencia de trato? Porque el fútbol es una cosa de hombres, es decir, una cosa seria, y respetable, y con las cosas serias y respetables no se juega. Con las cosas para tías y para mariquitas sí. 

En diversos años ya se ha intentado. En 2010 unos usuarios de Forocoches, ese bastión de igualdad y apertura, trataron de colar en Eurovisión a John Cobra, el rapero que no sabía rapear y que insultaba al público agarrándose los huevos. De Chikilicuatre ni hablo porque es inolvidable, ¿verdad? Telecinco también trató de enviar a su candidatura chorra otro año, con Karmele Marchante. Eurovisión hay que tratar de sabotearla cada año. Pero, ¿ha ocurrido alguna vez algo remotamente similar cuando se trata del sagrado fútbol?



Que nadie piense que insulto al fútbol, o que no sé que lo disfruta gente de todo tipo, incluidas obviamente mujeres y gays. Cada uno es libre de ver lo que desee, y hasta incluso se puede disfrutar de ambas cosas sin ningún problema. que hay una diferencia de trato por parte de la sociedad es evidente. ¿Podemos empezar a respetar ambas cosas? Y ahora, para acabar la entrada...

 BONUS TRACK: Clichés que la gente repite todo el rato sobre Eurovisión

-"Es todo politiqueos, los países vecinos se votan entre sí y por eso siempre ganan los mismos". Verdad a medias la primera parte y mentira la segunda. El voto vecinal existe, es la pura verdad. Pero además las canciones deben gustar, y así, si repasas la lista de ganadores, verás que han ganado todo tipo de países de punta a punta de Europa. Los países ganadores ganan porque reciben votos de vecinos y no vecinos (ejemplo obvio: Portugal, ganadora teniendo un único vecino). Y a menos que consideres que Azerbaiyán y Austria son "el mismo país", viendo la lista es evidente que ni de lejos  ganan siempre los mismos.

-"España siempre queda fatal..." Pues es cierto que hemos quedado fatal un montón de veces, pero también hemos quedado bien en otras (dentro del top diez varias veces en los últimos años), y aunque parezca mentira  no hace tanto desde la última vez que quedamos en segunda posición. Aquí la lista.

-"Total, para qué enviar algo bueno, al final el año que enviamos a Chikilicuatre quedamos mejor que nunca". Este cliché además de falso me resulta particularmente idiota. El enlace de arriba es suficiente para desmentirlo, pero es que seguro que hasta el mayor detractor de Eurovisión recuerda de hace unos pocos años a Pastora Soler, que quedó obviamente en mejor posición que Chikilicuatre, pero no vamos a dejar que la realidad nos fastidie un buen cliché, ¿verdad?, porque es más fácil repetir mentiras como loros.

-"Para qué gastarse el dinero en esto, si no lo ve nadie". Déjame que me ría. Eurovisión, con una audiencia potencial de 200 millones de telespectadores dentro de Europa y fuera, es la emisión no deportiva más vista cada año, y en España en los últimos años ronda siempre el 30% o más de share final, lo cual es una gran audiencia. ¿El año que se presentó Rosa? Es la emisión más vista de la década con un 80% por ciento de share. Ya puede todo el mundo despotricar y afirmar que no lo ve, que al final, llegado el momento, sabes que alguien durante la cena va a sugerir poner un momentito la tele a ver cómo lo hace España. Pero de cara a la galería hay una imagen que dar, ya sabes.

viernes, 23 de marzo de 2018

Black Panther (2018) y El Rey León (1994): 24 años y seguimos sin reinas

 Recientemente, al salir de ver la nueva peli de Marvel, Black Panther, comentaba con una amiga la gran diferencia en la representación femenina con respecto a otras películas de de su universo cinematográfico, donde como mucho siempre había una chica o dos en un elenco de muchos, muchos hombres (y por falta de fuentes no es, porque si hay hay algo que los cómics tienen para dar y regalar son mujeres heroínas). En Black Panther, sin embargo, la presencia femenina era abundante, y por esta vez la peli conseguía incluso aprobar el test de Bechdel. Además el papel de las mujeres no es algo anecdótico tipo "novia/madre de", sino con gran peso en la trama, teniendo en cuenta que la guardia real, las Dora Milaje, son un ejército compuesto por mujeres, y que la principal ingeniera de la tecnificada sociedad de Wakanda es Shuri, la hermana de T'Challa.


Sin embargo mi amiga observó un detalle que se me había pasado por alto y que me hizo matizar un poco el grado de progresismo de la película: "Sí, hay muchas mujeres y todas hacen cosas, pero al final es lo de siempre: se muere el rey y a nadie se le pasa por la cabeza que su esposa, la reina, podría seguir reinando. Y cuando hay un combate para decidir el siguiente gobernante, no se presenta ninguna de esas mujeres guerreras", dijo. Ups. Pues es cierto. Pese a la abundante presencia femenina en la historia y el peso que tienen en esta, la realidad es que al nivel más profundo siguen siendo los hombres los que marcan el transcurso de la historia, y finalmente todas esas mujeres no dejan de ser sus comparsas. Fuertes e inteligentes, pero comparsas en definitiva. Y es que el rayo de esperanza para que acaben ganando los buenos llega cuando se descubre que Black Panther en realidad no había muerto, y puede volver a tomar la Hierba en Forma de Corazón que le otorga superfuerza y demás (de nuevo, obsérvese que de manera significativa durante la película sólo se ve a hombres tomando esta hierba). En fin, que está muy claro. Es un hombre el que tiene que ser el rey y salvar a los demás, y las mujeres pueden ayudarle.

Todos estos detalles me hicieron recordar una película de 1994 que emplea tramas y temas similares, y que en definitiva cae en lo mismo: El Rey León, de Disney.

Y tanto que era un "ciclo sin fin", que veinticinco años después seguimos igual.
Con la diferencia de que en aquella la diferencia de trato del personaje de Simba y el de Nala era aún más obvia y estaba más subrayada todavía. Desde que era un cachorro Simba ya sabía que antes o después él iba a ser el rey, como se encargaba de recordar a todo el mundo en la famosa canción. Lo curioso es que la película incluía dos escenas de peleas entre Simba y Nala, su futura esposa, una cuando eran pequeños y otra cuando eran adultos, y en ambas ocasiones era Nala quien ganaba. Es decir: los guionistas estaban estableciendo hasta en dos ocasiones que Nala peleaba mejor que Simba. En un buen guión nada es gratuito, nada ocurre porque sí, sino que cada cosa que se dice y ocurre significa algo. Sin embargo, en una peli con un guión tan bien construido como El Rey León, sorprende que finalmente este detalle no tenía ninguna relevancia en el final. Una vez Simba había huido al exilio, el último papel de Nala era ir en su busca y convencerle de que su pueblo le necesitaba. Seguía siendo algo coherente con la psicología de Nala, de la que se nos había mostrado que era valiente y decidida, frente a Simba, más inmaduro y con tendencia a eludir las responsabilidades. A nivel temático era coherente: Simba por fin se hacía adulto y asumía su obligación, volviendo al reino y enfrentándose a Scar. Pero argumentalmente, la pregunta del millón era: Si Nala, como la propia peli había mostrado, era mejor guerrera que Simba, ¿por qué no luchó ella misma contra Scar?

Porque Simba tiene algo que ella no tiene. No me refiero a la melena.
 A lo largo del vasto mar de Internet encontrarás a más gente que se hace esta pregunta, y buscan complejas explicaciones que racionalicen esta decisión de los guionistas (eso los que no se tapan las orejas y gritan "es sólo una peli"); porque no olvidemos que toda ficción sale de la cabeza de alguien. La respuesta en mi opinión está muy claro que no está en el propio guión, sino en el mundo que nos rodea; ese mismo mundo por el que las monarquías se heredan de padres (varones) a hijos (varones) y las hijas, o las mujeres en general, sólo son candidatas si no hay ninguna opción más de cromosoma XY por delante de ellas.

Hacemos fast forward a 2018 con Black Panther y seguimos básicamente en el miso punto, aunque ahora tengamos a muchas Nalas rodeando al Simba de esta ocasión. La historia ha ido transformando y ampliando el rol que las mujeres pueden ocupar, en la ficción y en la realidad, pero el hecho es que a nivel profundo, aquí el que corta el bacalao sigue siendo el hombre. 

jueves, 8 de marzo de 2018

Misoginia y machismo en el mundo del videojuego

 
Hoy, ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, el mundo entero reflexionará sobre el papel de la mujer en la sociedad. El ímpetu cada vez mayor que se ha ido generando en estos últimos años llega hoy a uno de sus momentos cumbre, con una huelga histórica que como mínimo hará que todo el mundo se pare si quiera un momento a pensar en las miles de grandes y pequeñas maneras en que el mundo es injusto con las mujeres. Se hablará de violencia de género, de brecha salarial, de inseguridad, de derechos reproductivos y sexuales... Habrá cientos de cosas que ver y leer, y con suerte al acabar el día el mundo habrá dado un paso para ser un poco mejor. En este rinconcito de Internet, hoy voy a hablar de la tremenda misoginia que se da en un importante sector de la cultura popular; una industria que genera millones, que es algo totalmente instalado en nuestra sociedad y donde sin embargo las mujeres, particularmente aquellas que se atreven a levantar la voz, son acosadas, amenazadas o marginadas: la industria del videojuego.


Y para ello, no se me ocurre mejor manera de empezar que hablando de Anita Sarkeesian. Esta increíble activista creó la página Feminist Frequency, donde a través de vídeos y podcasts analiza la imagen que se da de las mujeres en la cultura popular. Pero su salto definitivo a la popularidad, y su encuentro con la misoginia más salvaje, lo dio cuando creó el canal de YouTube Tropes vs Women in Video Games, de visionado muy recomendado. En esta serie de vídeos, Sarkeesian va analizando diferentes clichés en la representación de las mujeres en los videojuegos, y bueno, digamos que la industria en cuestión no sale muy bien parada.

Es obvio que la industria del videojuego desde el principio nunca fue muy inclusiva, y si ahora la situación va cambiando (gracias a gente como ella), hubo un tiempo en que era casi un club exclusivo de hombres. No tiene mucho sentido: el coger un mando y dedicarse a matar marcianos, salir de mazmorras, encontrar tesoros y demás no es algo en absoluto intrínsecamente masculino (¿qué lo es?), pero por la razón que sea desde el principio la industria fue copada por los hombres, y a ellos se dirigió. Era significativo cómo incluso, en los videojuegos con protagonistas femeninas, estas estaban obviamente filtradas a través de la mirada masculina (es decir: tenían grandes tetas y poca ropa, o eran secuestradas por el malote de turno). Sarkeesian, en sus vídeos, no deja títere con cabeza, e hila finísimo. Tenemos el vídeo sobre el clásico tema de la damisela en apuros (Shigeru Miyamoto, sobre el papel de la Princesa Peach: "No he pensado mucho en eso en todos estos años"), los juegos en los que aparecía la versión "femenina" del protagonista, y esta consistía en el mismo personaje con pintalabios y un lazo en la cabeza; los juegos en los que la mujer ejerce un rol de "premio" si el jugador logra hacer determinada acción, el clásico tema de las ropas sexualizadas en vez de prácticas en contextos de juegos de lucha... Nada escapa a la aguda mirada de Sarkeesian, y viendo sus vídeos no extraña nada (aunque sí indigna) ver la escala del acoso a los que ha sido sometida esta activista. Y es que el caldo de cultivo estaba ahí, en esa cultura de videojuegos donde las chicas a menudo solo eran (¿son?) premios o floreros.

Búsqueda de Google imágenes de Cammy, del videojuego de lucha Street Fighter, la guerrera que lucha en bañador. Obsérvese la cantidad de imágenes donde se la ve en la clásica pose de "tetas y culo".

Porque la virulencia de los ataques a los que ha sido sometida Sarkeesian es algo que deja sin palabras. Amenazas de violación y violencia física. Amenazas de bomba antes de llevar a cabo charlas en universidades. Un sujeto creó un "juego" en el que a base de clics se iba llenando de sangre una foto de la activista. Y, por supuesto, un clásico cuando se habla de mujeres feministas y videojuegos (o tecnología en general): el doxxing. Para los que no sepan lo que es, se trata de la práctica de revelar datos personales, como teléfono, nombre completo, dirección, etc. de una persona a través de las redes. Aunque aquí en España la palabra no sea tan conocida, el fenómeno sí existe, y sin ir más lejos tuvimos un ejemplo bastante famoso con el caso del presentador Javier Cárdenas revelando los datos de una tuitera. En el caso de Anita Sarkeesian, y viendo la gravedad de las amenazas a las que se veía expuesta, podéis imaginaros lo que supuso semejante violación de la intimidad, y finalmente la activista se vio obligada a refugiarse en otro sitio. Espero que a nadie se le escape la ironía de que todos estos ataques provenían de gente a la que le molestaba que se tildara a los juegos de machistas y misóginos, y su respuesta fuera acosar a la mujer que hace esas críticas. Muy coherente, todo.

El caso de Anita Sarkeesian, aún siendo el más conocido, es sólo la punta del iceberg de la tremenda misoginia que reina en el mundo de los videojuegos (y de la industria tecnológica en general). Si hablamos de este tema, es imposible no hablar del GamerGate, la polémica que estalló en 2014 y supuso un enorme y visible síntoma de lo que estaba ocurriendo en el mundo del videojuego. La historia es enrevesada, pero básicamente todo comenzó cuando en febrero de 2013, la programadora Zoë Quinn lanzó el juego Depression Quest, el cual recibió críticas generalmenet positivas. Unos meses más tarde, en agosto, su ex, Eron Gjoni, publicó un post en su blog en el que la criticaba. En el post se mencionaba cómo Quinn había iniciado una relación con Nathan Grayson, un periodista de videojuegos. Dicho post fue publicado en la página 4chan, donde se empezó a formar la bola de mentiras: alguien afirmó que fue gracias a esta relación que Nathan Grayson publicó una crítica positiva del juego en la página Kotaku. Se generó así una horda de tipos que afirmaban que el juego sólo había obtenido críticas positivas porque Quinn, básicamente, se tiraba a aquel periodista, y bajo el hashtag #gamergate, se dedicaron a acosar a la programadora y a sus familiares, con las clásicas amenazas de violación y agresiones, y eventualmente, cómo no, haciéndole doxxing.

Lara Croft, en el Tomb Raider original, tenía un diseño muy realista y nada explotador. Todas las chicas que conocemos tienen esas medidas extactas, ¿verdad?

Y de ahí, al infinito y más allá. El monstruo creció hasta proporciones inimaginables, cuando otras activistas como Brianna Wu, la mencionada Anita Sarkeesian o la actriz Felicia Day saltaron para defender a Quinn y denunciar lo que estaba ocurriendo. Les ocurrió exactamente lo mismo: amenazas de agresiones, de violación, doxxing, aclarar, repetir. ¿Notas un patrón? Tuvieron que mudarse y tomar otras medidas para protegerse. Una gente encantadora, estos del GamerGate. Este "movimiento", que siguió acosando con mayor o menor agresividad a cualquier persona que tuviese la decencia de pronunciarse en contra, básicamente afirmaba que el feminismo y la corrección política estaban destruyendo el mundo de los videojuegos y quitándoles a los hombres su espacio. Como ves el machismo piensa y actúa igual en todos los ámbitos: básicamente como un hijo único que se coge una perreta cuando se ve obligado a compartir sus juguetes con su recién llegada hermanita.

En su juego de presentación, Sonic CD, el rol de Amy era a) estar enamorada de Sonic  b) ser secuestrada

Durante el día de hoy se hablará de los cientos de ámbitos en los que la mujer se ve relegada, discriminada y maltratada. El mundo de los videojuegos es sólo un ámbito más donde se produce ese machismo, quizás no tan conocido por el gran público, y por eso he querido dedicarle la entrada de hoy. Será un argumento más para responder a toda esa gente que hoy, día de manifestaciones, y en el futuro, digan la manida y vacía frase: ¿pero de verdad es necesario todo esto? 

Cuando los hechos hablan tan alto y claro, quien no mira a su alrededor y escucha un "sí" atronador, es porque no quiere escuchar. 

lunes, 26 de febrero de 2018

Sobre la libertad de expresión


En la entrada de hoy me voy a permitir salirme  hasta cierto punto de la temática de este blog para hacer una reflexión sobre un tema que se repite cada poco tiempo en los medios de comunicación.

En este país nuestro tan polarizado, donde para casi cualquier tema existen dos opiniones diametralmente opuestas (¿Izquierda o derecha? ¿Unidad o independencia? ¿Barça o Madrid? ¿Nocilla o Nutella?), hay un argumento que sin embargo a todos nos encanta utilizar cuando se trata de defender nuestra visión sobre el asunto que sea: la libertad de expresión.

Cuando algunas personas defienden, por ejemplo, el derecho de Bertín Osborne y Arévalo a hacer chistes de mariquitas, se amparan en la libertad de expresión. Cuando otros defienden al rapero Valtonyc y sus letras, sacan a relucir la libertad de expresión. Al final la hemos convertido en el comodín por antonomasia, en la tarjeta de "Sal de la prisión" (nunca mejor dicho) del Monopoly que vale igual para un roto que para un descosido. ¿Qué es ese concepto tan elástico que puede ser utilizado pro todo el mundo y es siempre tan efectivo?

Pienso que tenemos dos problemas básicos. El primero es que hemos malinterpretado lo que significa esa expresión, y en muchas ocasiones la estamos convirtiendo en una versión adulterada de lo que verdadaderamente es. El segundo problema es que parece que hemos olvidado que las opiniones pueden ser un continuo con varios grados y matices, y no solo dos extremos totalmente opuestos.

Punto número uno: la idea de que "libertad de expresión" significa "decir cualquier cosa es válido". Protesto. No lo es. Una cosa es la crítica constructiva, o la crítica a secas: hablar de una figura política y decir por qué crees que se equivoca. Hablar de la realeza y opinar que no son necesarios. Exponer por qué deseas que Cataluña se separe. Exponer por qué deseas que Cataluña no se separe. Desear que un grupo terrorista mate a quien sea. ¡Ups! Error. Esto último no es libertad de expresión. No, la libertad de expresión no incluye desearle la muerte violenta a un personaje público, y menos aún haciendo uso de un grupo terrorista que ha matado a decenas de personas de todos los bandos y colores, políticos y no políticos, gente que se había puesto voluntariamente en el punto de mira y gente que simplemente pasaba por allí en el momento equivocado. Efectivamente, usar como arma lírica el nombre de ETA me parece de una bajeza lamentable. Y si crees que exagero, haz un sencillo ejercicio: sustituye a Valtonyc por Trump, y, en la letra de alguna de sus canciones, imagina que en vez de al rey o al político que sea, expresa el deseo de que maten a todos los homosexuales de España. Sigue siendo solo una canción, y las canciones no matan a nadie. Pero, ¿te sigue pareciendo inocua? ¿Sigues pensando que esto es "libertad de expresión"?

Y es que, en las secciones de comentarios de los periódicos online y en las tertulias televisivas, a poco que el medio o el tertuliano sea un tanto de derechas, prolifera un argumento muy recurrente: "¡Cuando alguien hace un comentario homófobo, tránsfobo o machista, los otros se echan encima! ¿Es que no tenemos todos derecho a la libertad de expresión?", exclaman algunos. Error otra vez. Promover el odio a un colectivo social por motivos de género, etnia, orientación sexual y demás, no es tampoco libertad de expresión. 

Y con esto enlazo con el punto número dos. Esta polarización a la que me refería al principio de la entrada, nos ha llevado a que en cuanto surge un debate de este tipo, en seguida nos lanzamos a condenar por completo al autor de la frase polémica de turno, o bien, según nuestra ideología, a absolverle por completo. O bien el sujeto es un monstruo que merece la silla eléctrica, o bien un luchador por la libertad. Y cada vez queda menos hueco para el pensamiento crítico un poco más matizado, y para los grados. En el caso del rapero Valtonyc, opino que una pena de prisión además de exagerada, es inservible. Tampoco enviaría a la cárcel a Arévalo y a Osborne si contaran uno de sus chistes de mariquitas otra vez (y a este tema ya le dedicaré una próxima entrada). ¿Pero una multa? ¿Un trabajo comunitario en contacto con personas que, para seguir con los ejemplos que he puesto, hayan sido víctimas directas del terrorismo o de la homofobia? Sí, sin ninguna duda.

Pero tampoco me parece aceptable convertirles en estandarte de la libertad de expresión, y fingir que lo que dicen no hace daño sólo porque los objetivos que ambos se han fijado para sus ataques verbales están acordes con nuestras creencias. La Justicia de un país, finalmente, nunca es 100% objetiva, porque aquellos que la aplican son personas, y como tal, a diferencia de la estatua que les representa, no llevan ninguna venda en los ojos, al menos físicamente, y todas sus decisiones vienen tamizadas por su ideología. En el clima actual de tensión, empieza a parecer que ciertos temas ya no sólo no pueden ser discutidos, sino ni siquiera mencionados, por miedo a represalias que parecen más condicionadas por la ideología que por el "crimen" cometido. Por eso creo que necesitamos pararnos un poco y alejarnos para coger perspectiva.

Y así ver que ser críticos es necesario. Es necesario que los ciudadanos de un país puedan expresar libremente sus puntos de vista. Es imprescindible poder criticar a quien sea, sea cual sea la altura de su cargo político o lo azulada que sea su sangre. Un país que no puede criticar a sus mandatarios es una dictadura, y no queremos eso. Pero ser críticos no quiere decir ser destructivos. Ni desear la muerte a quien no nos gusta. Ni hablar de grupos terroristas como herramientas útiles para despachar a quien nos desagrada. Afila tu ingenio, y úsalo no para desear muerte y destrucción, sino para expresar los cambios que crees necesarios para hacer un mundo mejor. Y afila también tu corazón, y hazte más capaz de empatizar y entender por qué tus palabras pueden hacer daño aunque a ti te parezcan "bromas".

Y dejemos de intentar convertir la libertad de expresión en lo que no es.

miércoles, 24 de enero de 2018

La bella y el gracioso



Un año más, a la hora de ver las campanadas desde la Puerta del Sol, gran parte de los españoles eligieron Antena 3, expectantes por ver el revelador modelo que Cristina Pedroche se ponía esta vez. ¿He venido aquí a hablar de que es sexista que ella siempre se ponga trajes que la dejan casi desnuda? No, o no exactamente. El tema es más complicado de lo que parece y me gustaría hacer más una reflexión sociológica que personal y centrada en ella.

Cristina Pedroche tiene todo el derecho del mundo de ponerse la ropa que desee cuando desee. Ser feminista no va necesariamente unido a esconder tu cuerpo, y a la inversa, llevar poca ropa, o ninguna, no me parece intrínsecamente degradante. Al final siempre estamos hablando de si la mujer es más o menos libre por ir casi totalmente tapada, o por ir casi desnuda, y parece que haga lo que haga todo es motivo de escrutinio. Pero el problema lo veo cuando alejamos un poco la cámara del caso anecdótico de Pedroche, y observamos el panorama global.

Y el panorama global es que el modelo de pareja de presentadores que representaban Pedroche y Chicote está muy extendido, y lleva años estándolo. A saber: presentadora guapa, con más o menos gracia, y presentador normal y corriente. Puntos extra si él ejerce el rol del gracioso, incorrecto, irreverente o patoso, y ella es la voz de la razón que reconduce las cosas cuando al otro se le va mucho la pinza.

Un programa fantástico y dos presentadores excelentes, pero que caen de lleno en este modelo.
A lo largo de este artículo pondré fotos y citaré ejemplos de muchas presentadoras que entran en este modelo, y puede parecer que estoy cayendo en el mismo prejuicio: que las estoy juzgando solo por su físico, y que no estoy valorando la inteligencia, la simpatía o la gracia que todas estas presentadoras tienen. Pero es que no estoy diciendo que estas mujeres sean un mero florero sin nada que decir; el problema es que me parece obvio que para llegar a donde están su belleza física ha sido condición sine qua non, mientras que en el caso de sus compañeros masculinos sólo ha bastado con sus cualidades personales como comunicador. Y por supuesto cualquiera es libre de encontrar atractivos a Ramón García, Chicote, Matías Prats y tantos otros, pero tampoco vamos a engañarnos y fingir que no se sabe quiénes entran en el canon de grandes bellezas y quiénes no.


El listón, está claro, no es el mismo para ambos sexos. La belleza física es evidente que va muy unida a la edad, y parece claro que si bien muchos de estos presentadores siguen consiguiendo trabajo con el paso de los años y la aparición de canas, arrugas y demás marcas del paso del tiempo, la edad máxima de sus compañeras parece tener un tope, algo así como lo que ocurre con las parejas de cine, donde año tras año vemos a Jennifer Lawrence o a Scarlett Johansson emparejadas con actores que en casi todos los casos superan tienen muchos más años que ellas (sí, alguien incuso hizo ya gráficas sobre esto, que puedes ver en este enlace).

Allá por los noventa, cuando comenzaba Telecinco su andadura en nuestro país, muchos se asombraban al ver el increíble machismo de sus programas, donde sin venir a cuento salían un coro de bailarinas rollo brasileño a dar un par de vueltas contoneándose por el escenario (¿ya tienes la canción pegada en tu cabeza?), o, más flipante aún a día de hoy, aquellas otras que cantaban alegremente del acoso sexual al que las sometía un tal Chicho. ¿Y qué tal aquel otro programa donde Jesús Gil se bañaba en un jacuzzi rodeado de buenorras que se limitaban a sonreír y no decían ni pío?

Como todos sabemos el máximo deseo de toda mujer es formar parte del harén de algún Gil... y Gil

 Vemos la foto de arriba y flipamos, ¿verdad? Porque hoy en día sería inaceptable algo así, y puede parecer que la cosa ya ha cambiado totalmente. Y quiero pensar que vamos por el buen camino, pero tampoco nos pasemos de optimistas. Ahora las chicas que rodean al hombre también hablan, también tienen gracia e ingenio, no están únicamente ahí para hacer bonito. Pero si quieren llegar ahí, ellas además, y para empezar, tienen que estar buenas, y a ellos con la simpatía les basta.

lunes, 4 de diciembre de 2017

"Unisex", o lo masculino como versión por defecto


 Ayer me sucedió una pequeña anécdota que ilustró de forma muy gráfica la manera en que los hombres a menudo disfrutamos de un a menudo invisible privilegio por el mismo hecho de ser hombres. Estábamos visitando la exposición Harry Potter: The Exhibition, y como es tradición, una vez terminada la exposición, venía la tienda de regalos. Una de las cosas que más me llamó la atención fue una camiseta roja con el cartel de "Se busca" de Bellatrix Lestrange. Sin embargo, las camisetas eran todas pequeñas, y me acerqué a una de las dependientas para preguntarle si no tenían tallas más grandes.

La chica me respondió que de aquella camiseta sólo existían modelos de mujer. Añadió, con mirada perspicaz, que de hecho esto le había sorprendido, porque normalmente en los puestos de merchandising de conciertos y demás, sólo había modelos para hombres, y no una versión para cada sexo. Y mucho menos únicamente versión femenina. Ignorante de mí, le dije que quizás la versión masculina en estos casos era unisex, y me respondió que a veces ella no tenía más remedio y las compraba, pero que a las chicas esas camisetas no les quedaban bien. Y entonces recordé lo que me pasó este año, cuando en Halloween, para un disfraz, utilicé una chaqueta amarilla de mujer, y al ponérmela pude comprobar que el corte era diferente al de una chaqueta de hombre, y no se me ajustaba bien. En esta exposición, la gran mayoría de las camisetas que se vendían eran "unisex", es decir, de hombre, y por lo tanto, todas las chicas que asistían tenían que conformarse con una camiseta que les iba a quedar como un saco de papas. O quedarse sin camiseta. Así a ojo, yo diría que la mayoría de asistentes a la exposición eran chicas, dicho sea de paso.

Captura de pantalla del resultado de Google imágenes al buscar "camiseta unisex".

Así que yo me quedé sin camiseta, y durante estos diez minutos, viví en primera persona una situación extraña para mí y que sin embargo, como me hizo ver la dependienta, las chicas experimentan una y otra vez, cada vez que acuden a conciertos y otros actos. Por una vez, no tuve el privilegio automático de ser hombre. Es una pequeña pero significativa muestra de cómo el mundo está planificado con el hombre en mente como "sexo por defecto", y las chicas son tratadas como una variante, un caso excepcional. Hasta el punto de que algo considerado unisex, es en realidad la versión masculina simple y monda.

La anécdota, ya que estamos en ello, tiene aún otra capa más. ¿Por qué de este modelo de camiseta en específico sólo había modelo para mujeres? La respuesta más obvia es que el personaje que aparecía representado era Bellatrix Lestrange, una mujer. Evidentemente, el pensamiento de los creadores de merchandising fue que, si el personaje que aparecía era una chica, la camiseta en cuestión sólo querrían llevarla las chicas. En una exposición dedicada a una serie protagonizada por un chico, donde las miles de visitantes de sexo femenino sin duda en el pasado habrán comprado cientos de camisetas (de hombre) con la cara de Harry, y no les habrá pasado nada. Porque, de nuevo, se da por sentado que una chica puede sentirse representada por un chico sin problemas, pero pedir que un chico se ponga una camiseta con un personaje femenino... En fin, no me extraña nada que cuando el periódico El País hizo una encuesta para ver qué famosos servían de referente para los jóvenes de entre 16 y 19 años, las chicas tuvieran referentes de ambos sexos, pero los chicos sólo tuvieran a hombres. La cultura no es ni inocente ni inocua, y sus consecuencias a la vista están.

martes, 28 de noviembre de 2017

La revolución sexual: OT 2017 como reflejo de una generación



 Anoche la gala de Operación Triunfo fue como una explosión de visibilidad y normalización LGBT. Marina, una de las concursantes nominadas a la expulsión, recibió la visita de su madre y de su novio, Bastian, un chico transexual. Este ya se había dado a conocer unas semanas antes, desde que se le pudo ver en un video que envió a Marina durante uno de los programas de El Chat que se emiten tras la gala, y había sido objeto de varias críticas en las redes sociales (a las que respondió con gran aplomo y  elegancia). Durante su breve reencuentro, Marina y Bastian intercambiaron varios besos apasionados, y la cámara lo recogió todo fielmente, sin el menor amago de camuflar nada. Para más inri, el novio de Marina aprovechó la oportunidad para dar más visibilidad aún al colectivo trans con su ropa, y eligió una camiseta revindicativa así como unos tirantes con la bandera del arco iris.

Podéis contactar con él para consegir una en su perfil de Twitter


¿Fue una pura sucesión de casualidades o se alinearon los astros? Porque lo cierto es que toda la gala fue como una pequeña celebración del Orgullo Gay desde su mismo principio, cuando los concursantes intenterpretaron a coro La revolución sexual, la icónica y eufórica canción de La Casa Azul sobre la libertad sexual y el abrirse a la posibilidad de ser feliz, que sin duda es todo un himno gay. Poco después venía este inolvidable momento del reencuentro de Marina y su novio, y un poco más adelante, Agoney interpretaba Rise Like a Phoenix, aquella eurovisiva canción que hablaba de superación personal y que interpretaba la drag queen Conchita Wurst. Curiosamente, esta misma semana TVE había sufrido críticas por un corte en la emisión que se producía, de manera sospechosa, mientras Los Javis, los profesores de interpretación, daban una charla sobre la libertad sexual, al hilo de la canción con la que iban a abrir la gala. Noemí Galera y otros miembros del programa juraron que había sido una mera casualidad, y lo cierto es que hay que creerles, porque el video se pudo ver después recopilado en YouTube; y después de una gala como la de ayer, no sé si debemos agradecérselo a  TVE o a Gestmusic, pero el caso es que este OT no es el mismo que el de 2001.



Y es que el germen de lo que pasó ayer ya estaba en el mismo casting del programa. Los chicos seleccionados este año conforman una pequeña muestra sociológica que siento que representan lo mejor de la generación millennial. En la academia conviven personas de orientaciones variadas, y exceptuando algún roce típico de la convivencia, la tónica general es de armonía, risas y apoyo mutuo. Esta es la primera generación que ha nacido con un montón de referentes LGBT positivos en los medios, con unas leyes cada vez más encaminadas hacia la igualdad, y rodeados de una sociedad que cada vez más valora la diversidad y el respeto a las minorías como uno de sus valores básicos. Y todo esto se nota... Esta es la generación en la que ya no es sorprendente que en un grupo de amigos haya personas de todas las orientaciones sexuales, sin ser imprescindible la tradicional segregación; la generación donde la YouTuber más popular, Dulceida, está casada con una chica. Pero digo que representan lo mejor, porque si bien  todo lo anterior es cierto, es verdad también que en esta generación se está viviendo un lamentable e incongruente repunte de las actitudes machistas. ¿Son posibles ambas cosas a la vez? Por la razón que sea, parece que sí. El resultado del casting de OT 2017 nos ha traído a un grupo de gente muy diverso y valioso, no sólo en términos de capacidades artísticas sino también de calidad humana. Por su parte, la directora Noemí Galera y el resto del equipo queda también claro que tienen toda la intención de seguir apostando por este camino, y ya si otra semana pudiéramos ver algo aún más infrecuente,como una balada de amor cantada a dueto por dos concursantes del mismo sexo, sería para tirar fuegos artificiales. Estoy ansioso por ver las reacciones ante lo ocurrido ayer, y sólo nos queda esperar que el programa nos siga regalando más y más momentos así.