sábado, 18 de marzo de 2017

Buffy, the Vampire Slayer: 20 años luchando

 "Estoy de pie sobre la boca del infierno, y me va a tragar entera. 
  Y se va a atragantar conmigo". 


 Este mes, concretamente el día 10, se cumplían diez años del estreno en televisión de Buffy, the Vampire Slayer, Buffy cazavampiros en España.

En gran parte de las entradas de este blog hablo de obras de la cultura popular y su relevancia en cuestiones de política de género, sexualidad... Sin embargo, en esta ocasión ocurre que lo popular y lo social se juntan de una manera especial con lo personal, porque Buffy, además de haber marcado una época y haber influido muchísimo en la sociedad y la televisión que vendría después, es concretamente mi serie favorita.

El paso del tiempo ha sido inclemente con sus efectos especiales, sus monstruos de gomaespuma y sus escenarios de cartón piedra, pero la realidad es que si sabes ver más allá de todo ello (o si eres capaz de verlo con un cierto aprecio a lo que se puede hacer con un presupuesto reducido y un montón de cariño y amor al arte), te darás cuenta de que Buffy es mucho más que eso. En las listas de mejores series de la historia seguramente no la vareás aparecer, y si lo hace será en los puestos más bajos, casi como pididiendo perdón, mientras los primeros puestos estarán indefectiblemente copados por abogados, mafiosos, químicos, etc. Sin negar la calidad de esas series, voy a hacer de abogado del diablo y preguntarme hasta qué punto no es un tanto facilón poner estos temas "oscuros" y "adultos" en lo más alto, y qué grado de influencia real tienen en el mundo y la cultura popular más allá de salir en muchas camisetas con memes graciosos.

Mientras, Buffy, la adolescente rubia de la serie, no sólo mataba a vampiros y otros demonios, sino que a nivel metalinguístico, su serie también derribaba a monstruos televisivos (¿momias?) y creaba nuevos iconos y espacios para la mujer en la cultura popular. Buffy the Vampire Slayer, ahí donde la tienes, fue la primera serie en tener entre sus personajes principales (el segundo en importancia después de la propia Buffy, concretamente) a una lesbiana que no sólo lo era a nivel "teórico", sino que efectivamente tenía novias con las que se besaba en pantalla, y hasta le hacían cunnilingus camuflados en canciones. Por otra parte, para una serie centrada en la acción y el terror, la serie ponía en el centro y a los lados, a toda una serie de mujeres que jugaban un papel mucho más definitivo  que la novia de, la mujer de, la hija de. El otro día veía un episodio de Dragon Ball Super, la nueva temporada de la clásica franquicia, y me quedaba asombrado al ver cómo la mayoría de los personajes femeninos de la serie se limitan a orbitar en torno a sus maridos... Pero no me voy a meter en ese jardín porque esto casi merece una entrada aparte. En Buffy, las mujeres obviamente tienen relaciones sentimentales o familiares con otros personajes masculinos, pero no es eso lo que las define ni la única cosa que marca sus vidas. Por otra parte, no son una simple colección de Barbies intercambiables, sino que cada una de ellas tiene una marcada personalidad propia, y ninguna de estas formas de ser es jamás señalada como "poco femenina", algo que haya que " corregir".



Así, Buffy parece encarnar el cliché de la animadora rubia descerebrada, bastante inepta académicamente... Pero resulta que además de eso tiene una enorme inteligencia estratégica y creatividad a la hora de enfrentarse a amenazas que a menudo la superan en número o fuerza física, y aunque ha sufrido grandes pérdidas en su vida y se enfrenta a menudo a situaciones espantosas, conserva rasgos tradicionalmente "femeninos", como su interés por la moda y el romanticismo. Lo importante es que la serie jamás la ridiculiza por ello, ni insinúa que debe dejar esas cosas de lado para ser "fuerte", como ocurre tantas veces en la ficción.

Luego tenemos a Willow, su mejor amiga, una muchacha (al principio) muy tímida e insegura, con aficiones tradicionalmente "de friki" como la lectura, la informática... Con el paso del tiempo Willow llegaría a ser la bruja más poderosa de la tierra, más fuerte, excepto a nivel físico, que la propia Buffy, descubriría su verdadera sexualidad, y dejaría atrás todos sus complejos. Pero eso sin dejar nunca de ser una friki, porque de nuevo, la serie jamás insinuaba que eso la hacía "poco femenina".

Y qué decir de Cordelia, uno de mis personajes favoritos y seguramente el que más evolucionó a lo largo de sus tres temporadas en Buffy y casi cinco en Angel, el spin off de la serie. Al principio de la serie Cordelia representaba al "mal" en su versión escolar: la reina de la popularidad y acosadora oficial de la clase, insultando y degradando a todo aquel que considerara inferior en la jerarquía social. Sin embargo, a través de su contacto con Buffy y los Scoobies, Cordelia fue desarrollando el increíble potencial que tenía. Aunque evidentemente su retrato inicial es bastante crítico, la serie tiene entre sus aciertos el que Cordelia nunca se transforma en una pobrecita que renuncia a su sex appeal y a su descaro como forma de redención o castigo para mostrar que "se ha vuelto buena", sino que simplemente recanaliza esa lengua viperina y esa fuerza de carácter que necesitaba para ser la "hembra alfa" de la clase y los convierte en instrumentos para hacer el bien. Cordelia llegaría a mostrar la capacidad de ser empática, pero la serie nunca la "castra" ni la castiga por ser excesivamente fuerte e independiente, como hemos visto en tantas ocasiones. Un detalle inolvidable de su personalidad se muestra en el capítulo "Earshot" ("El alcance del oído", en España), en el que Buffy adquiere temporalmente la capacidad de leer los pensamientos, y descubre cómo la gente está constantemente mintiendo por miedo a desagradar... excepto Cordelia, que siempre dice exactamente lo que piensa.



Podría hablar durante párrafos y párrafos de la serie, sobre cada uno de sus personajes, sobre cómo la serie contrasta con algo como Crepúsculo partiendo de una historia similar en el rol que otorga a la protagonista, cómo muestra el amor como un motor de nuestras vidas pero ni remotamente la única cosa por la que vale la pena vivir, la importancia de los lazos de amistad sin caer en esas estúpidas tramas de rivalidades amorosas en las que tantas series "femeninas" caen, sobre ese final que no deja de ser una gran metáfora sobre el empoderamiento y el sufragio universal (Buffy deja de ser "la elegida" y comparte el poder de ser La Cazadora con cientos de mujeres de todo el mundo). Podría hablar de obras maestras como los episodios "Hush", que prescinde de diálogos durante el 90% de su duración, sobre el inolvidable episodio musical "Once More With Feeling", sobre "The Body", que trató la muerte con infinitamente más realismo que cientos de series supuestamente basadas en el mundo real. Sobre la relación de Buffy y Ángel, cómo la primera vez a menudo va seguida de una gran decepción, y cómo a veces el mayor acto de amor es cortar una relación. O la de Buffy y Spike, y cómo deconstruye y derriba horribles clichés románticos sobre el "romanticismo" de la posesividad o la violencia de género y el abuso como supuestas manifestacioes de amor. Sí, te estoy mirando a ti, "50 sombras de Grey". Podría escribir un montón de cosas, porque no en vano hay todo un submundo de libros, estudios, tesis y cursos universitarios sobre la serie, de los cuales hay un enorme listado en este artículo de Wikipedia.

Pero no quiero aburrir, así que lo dejo aquí. Han pasado veinte años desde la primera vez que Buffy mató a un vampiro, pero desde luego el pueblo sigue necesitando a su cazadora. Así que ya sabéis, como dijo la propia Sarah Michelle Gellar en su tuit conmemorativo...

"Si llega el Apocalipsis, dame un toque".

miércoles, 1 de marzo de 2017

Qué es y qué no es la libertad de expresión



Esta semana la cosa ha estado movida. A causa del famoso autobús de HazteOir.org, ha habido un intenso debate social y un cruce de acusaciones. No nos pilla de sorpresa: si algo tiene nuestro país es una profunda e invisible zanja divisoria que lo parte en dos, y son situaciones como estas las que hacen que cada uno revele sus colores.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que estamos en un momento de profundos cambios sociales, y estas cosas rara vez son una balsa de aceite. Es de libro: cuando se trata de cambiar algo, aparecen las resistencias. A medida que las voces en favor de la igualdad, en contra de la homofobia, el machismo, etc., están cada vez más presentes, aquellos a quienes molesta esta corriente también se revuelven más, y sí, efectivamente, se "hacen oír". Vaya que si lo hacen.

Y así, como era de esperar, ante la avalancha de críticas y las prohibiciones de circular, surgió el típico argumento de que el "lobby gay" estaba "coartando su libertad de expresión". Entremos de lleno en el fango y analicemos el asunto desde su base.

El autobús. El texto completo dice así: "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombres. Si eres mujer, seguirás siéndolo". Por dónde empezar. En primer lugar me llama la atención ese tono autoritario y casi amenazador que emplean: si eres mujer seguirás siéndolo. Casi les puedes ver apuntándote con el dedo, mientras vigilan atentamente no vaya a ocurrírserte algo como pensar o sentir por ti mismo, válgame dios. Por otro lado, los autores de la campaña, en todo caso, parecen no saber mucho sobre biología, o en todo caso tienen una visión bastante reduccionista de la misma. Al parecer desconocen por ejemplo la existencia de la intersexualidad, esos casos en los que la persona nace con unos órganos sexuales que se han quedado a medio camino del desarrollo de las dos posibilidades. Es un secreto bastante bien guardado que no es algo tan infrecuente como se cree. A menudo en estos casos médico y familia "deciden" de qué sexo se va a considerar oficialmente al niño/a, y toman las medidas oportunas, mientras la persona protagonista, por razones obvias, no tiene voz ni voto en la decisión... Pero claro, jugárselo a cara cruz tiene el riesgo de que el principal interesado, cuando en el futuro adquiera más consciencia de sí mismo, pueda no estar de acuerdo con la decisión que se tomó por él. Y entonces quizá resulte que esa niña, sin comerlo ni beberlo, tenga pene, y viceversa. 

En cualquier caso no es necesario en absoluto que la intersexualidad esté implicada para que una persona efectivamente sienta que no le corresponde el sexo biológico con que nació. La naturaleza no tiene esos bordes rectos y precisos que a tanta gente le gusta atribuirle, es compleja y contradictoria, y como tal no se manifiesta con la simpleza de la informática, donde sólo hay ceros y unos. La cuestión que parecen no entender los responsables de HazteOír es que la transexualidad, como tantas otras cosas, es una experiencia profunda y completamente personal: sólo quien lo es sabe lo que se siente. Nadie, repito, NADIE, puede venirte y decirte a la cara que eso que tú sientes es "un engaño", y que en realidad eres lo que esa persona quiere que seas. Queda por saber quién desearía "engañar" a un niño/ y hacerle creer que su sexo biológico y mental no coinciden. "Hummm, tengo una idea, me apetece decirle a Paquito que en realidad es Paquita. Será fantástico exponerle a todo tipo de problemas sociales, y a un largo y complejo proceso. Qué gran idea". Queda por saber por qué creen que se puede incrustar en la mente de alguien que en realidad él o ella no lo sabía, pero que en realidad era transexual (porque por supuesto esto no es una cosa que haya existido siempre, incluso en las épocas más conservadoras y agresivas con la diferencia; esto es algo que el "lobby gay" inventó repentinamente, cual conejo sacado de chistera). Queda por saber si esta organización tiene un mínimo rastro de empatía.

En un gesto que me resulta hermoso y esperanzador, gran parte de la sociedad ha puesto el grito en el cielo, y el autobús de marras ha sido retenido. Los de HazteOír, sin embargo, no se amilanan, y amenazan con aumentar la flota y denunciar a su vez al ayuntamiento de Madrid por haberles detenido. Y llegamos al plato fuerte: se quejan de que se está coartando su libertad de expresión. El Argumento, así con mayúsculas, el favorito de los todos aquellos que pretenden frenar y suprimir las libertades sociales que no les convienen. La libertad de expresión, esa carta blanca que en teoría permite decir impunemente lo que a cada uno le parezca.

No. Esto no es libertad de expresión. Expresar ideas destinadas a coartar la libertad de los demás no es "libertad de expresión". Fomentar el odio no es "libertad de expresión". Enorgullecerse de los propios prejuicios y tratar de expandirlos, como un virus, por el resto de la sociedad, no es "libertad de expresión". Y no nos engañemos, por favor. La transfobia, la LGTBfobia en general, la xenofobia, cualquier tipo de fobia irracional a un grupo de personas que no te han hecho ningún daño, matan. Esto no es una opinión, esto es un hecho, y quien no lo sepa es porque no lee noticias ni quiere enterarse de las cosas que ocurren en el mundo. Dar a la gente la posibilidad de identificarse con el sexo que sientan como propio no daña a nadie; extender la idea de que esta realidad no existe y que las personas que viven en ella son inferiores y/o están equivocadas, crea el caldo de cultivo que provoca dolor y en ocasiones muertes en todo el mundo. Promover el dolor, el acoso, la marginación y el asesinato NO ES LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Y después de este mal rato, para quitarnos el mal sabor de boca, propongo olvidarnos de ese autobús lleno de odio y maldad, y quedarnos con este otro, que tiene unos cuantos años ya pero que sólo transmite buen rollo.



Never ever forget that / I got you, and you got me, so / reach up for the stars...

jueves, 26 de enero de 2017

El queer baiting: cuando es sí pero no

sábado, 31 de diciembre de 2016

"Inocente, inocente" y el fútbol femenino



El pasado 28 de diciembre se emitió la tradicional gala de Inocente, inocente, el programa de bromas de TVE que trata de recaudar dinero para fines benéficos. Este año concretamente iba dedicado a reunir fondos para las enfermedades raras, lo cual me parece maravilloso porque si algo necesitan estas enfermedades es más dinero para investigación y más atención mediática. Lo digo porque puede parecer mezquino que sin embargo la entrada de hoy vaya dirigida a analizar y criticar una de las bromas que se llevó a cabo, la cual en mi opinión además de tener bastante poca gracia tenía unas implicaciones un poco desafortunadas.  Así que vaya por delante que las intenciones y el fin último del programa me parecen fantásticos, pero ojalá los guionistas se hubiesen parado a pensar un poco más en lo que hacían.

La broma que concretamente me llamó la atención fue la que “sufrió” el futbolista Antoine Griezmann.  La cosa consistía en que el jugador acudía a una entrevista en RNE, donde iba a hablar sobre las nuevas normas de la UEFA. Antes de que entrara en el estudio, un grupito de chicas, que formaban el grupo “Jugadoras en acción”, un supuesto colectivo que luchaba por una mayor presencia del fútbol femenino, abordaban a Griezmann, y entre bromas y autógrafos con un punto de flirteo, le pedían que apoyara su causa durante la entrevista. Más tarde irrumpían en la misma, gritando cánticos contra el machismo en el fútbol y demás, ante la cara de tierra trágame del futbolista. Al poco rato, le revelaban todo el montaje.

Por dónde empezamos. 

Este colectivo, “Jugadoras en acción”, por lo que indica Google, no existe: los únicos resultados son noticias sobre el programa. Es decir, que los guionistas se lo han inventado, pero la cuestión es que el retrato que hacen de ellas no es precisamente muy positivo: primero tratan de avergonzar al jugador de fútbol pidiéndole que les firme autógrafos en las piernas (“¡no me lo voy a lavar nunca!”, dice una: al parecer en el mundo del fútbol femenino aún viven en los 90 y no han llegado los móviles con cámara de fotos) y cosas por el estilo, y cuando ya entran en el tema reivindicativo, ya directamente se comportan como cuatro energúmenas, gritando y comportándose como unas locas.

La broma evidentemente se vale del cliché de que las feministas son unas histéricas y enfermas mentales que sólo piden cosas absurdas y arman bulla (aunque luego paradójicamente cuando ven a un famoso lo que más desean es flirtear con él, así en grupo, y ya luego pasan al tema serio).  Genial, TVE: esto sí que es televisión pública.

Por otro lado, la broma parte de una realidad: el fútbol femenino no tiene ninguna visibilidad. Quizás se podía haber aprovechado la ocasión para hacer en serio esta pequeña reivindicación que sin duda muchas mujeres futbolistas compartirán, pero al programa no le interesa esto, y sólo pretende usar a este colectivo ficticio y al fútbol femenino en general para hacer la broma. Así que ya ves: para una vez que hablan del fútbol femenino en la tele, es para usarlo de McGuffin y retratar al colectivo como cuatro locas. Muy progresista  todo.
En fin. Acabo la entrada con una curiosidad: al buscar en Google al supuesto grupo de “Jugadoras en acción”, la función de autocompletar me dio unas cuantas opciones muy curiosas. Por curiosidad, teclée también “Jugadores en…” a ver qué salía. Aquí abajo están las capturas de pantalla respectivas.


El deporte, siempre a la vanguardia. ¡Feliz 2017!

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Sirve de algo la corrección política?

En los últimos años la llamada corrección política ha sido cada vez más denostada. Hace unas semanas se publicaba un artículo en la revista "Papel" del periódico El Mundo, en el que se criticaba el fenómeno y se ponían incluso motes a determinados tipos de persona que la practican con especial virulencia. El artículo me ha parecido muy interesante, y en determinados puntos estoy de acuerdo con su autor. Ahora viene el pero.

Porque en realidad estoy hoy aquí para defender la corrección política. ¿Entonces coarta o no la libertad de expresión? ¿Estamos creando un mundo en el que no se pueden hacer chistes? ¿Es todo una gran falsedad? Sí, no, a veces: el tema es complejo. Vamos por partes.

"¿Pero es que nadie va a pensar en los ninjas?"

Es cierto que nuestra sociedad, en muchas situaciones, ha tomado últimamente una deriva de caza de brujas. Como se explica en el artículo, muchas veces la gente se levanta y ataca con increíble saña cosas que... nadie se ha molestado en leer o en ver; simplemente se limitan a seguir a la masa enfervorecida, y no hay una voluntad de pararse a analizar las cosas un poco más a fondo y ver cuáles eran las intenciones del autor. Me viene a la mente esa exposición sobre el franquismo celebrada hace poco en Barcelona y publicitada con una estatua decapitada de Franco, que tanta polémica suscitó. ¿De verdad se puede considerar apología una estatua decapitada? ¿Es apología una exposición que habla de un período negro de la historia española, para que los que no lo conocieran puedan saber lo horrible que es una dictadura y lo importante que es evitar que no se repita nunca? ¿Acaso no hay una abismal diferencia entre hablar de algo, para darlo a conocer desde un punto de vista crítico, y hacer apología de ello? ¿Tenemos que prohibir también entonces los libros de historia, que están llenos de menciones a gente terrible?

Efectivamente, cuando se lleva a extremos absurdos y no hay voluntad de analizar las cosas con un poco más de sutileza, la corrección política puede acabar degenerando en censura descerebrada. Pero lo contrario, desecharla completamente y tratarla como un cáncer sin ninguna utilidad, me parece igual de dañino. En su esencia, la corrección política surgió con una intención positiva.

Con el paso del tiempo, la sociedad ha ido (más o menos) asumiendo la existencia de la diversidad como algo digno de ser tenido en cuenta y respetado. Es un desarrollo relativamente nuevo: no hace tanto la diferencia causaba horror, y así, a los zurdos se les ataba la mano y se les obligaba a escribir "como dios manda", por poner un ejemplo. En el tema que trata más específicamente este blog, las minorías sexuales eran (son) tratadas como una aberración, y el objetivo era destruirlas y/o borrarlas, verbal y literalmente. El lenguaje no es inocente, y no es casualidad que no exista ningún término despectivo para decir "heterosexual", ni para decir "blanco", ni para decir "cristiano" (y si existen, no han llegado a la cultura popular). El que está en la cúspide de la pirámide es el que elige los términos insultantes para los que están por debajo en la jerarquía social.

Sin embargo, con mucho esfuerzo por parte de los colectivos que dan voz a los afectados, la sociedad ha ido asumiendo que todo el mundo es igual de valioso, o debería serlo, y al igual que no hay un descuento en los impuestos que debemos pagar según nuestro grado de marginación por parte de la sociedad, el acceso a los derechos también debería ser igualitario, y en ello estamos. El lenguaje políticamente correcto, y a esto quería llegar, es la consecuencia natural de esta mayor sensibilidad hacia los colectivos tradicionalmente marginados. 

Desde luego mucha gente emplea palabras como "mariquita", "maricón" o "bollera" con una intención afectuosa, y evidentemente esto es todo lo contrario que un deseo de ofender; por no hablar del uso apropiativo de estas expresiones para desactivarlas y anularlas, como ha ocurrido con la palabra queer, que a día de hoy ya casi al 100% ha perdido cualquier connotación despectiva y más bien hace pensar en activismo y sociología.  Estos son casos aparte. Pero no impiden que en su origen estas palabras fueran creadas para hacer daño y establecer fronteras, para decir "tú estás ahí abajo y yo aquí arriba", y sólo puedo ver como algo positivo el que ahora se tenga asumido que un político, por la tele, no puede decir ninguna de estas palabras; y si lo hace, que se le someta al juicio público. Esto no es censura: esto es el respeto básico necesario en una interacción social, y quien falte a él, efectivamente debe ser amonestado.

"Y si no siempre nos quedan los chistes sobre terroristas islámicos"
¿Y respecto al humor? ¿Deberían Bertín Osborne y Arévalo ser libres para hacer chistes de mariquitas? Pues ocurre básicamente lo mismo. En petit comité casi todo vale (o todo lo que acepten los allí presentes), pero cuando tus palabras van a ser recibidas por un público nacional o mundial, el hecho de que estés haciendo humor no te exime del deber de respetar a la gente. Al igual que, como decía antes, hay un motivo de que exista la palabra "maricón" pero no un para decir "heterosexual" de forma despectiva, hay un motivo para que existan chistes de mariquitas pero no chistes en los que la heterosexualidad de los protagonistas sea lo gracioso del chiste.  Obviamente los chistes de mariquitas no han salido de la nada: son el producto de una sociedad homofóbica, donde la homosexualidad era (es) vista como algo negativo, o en el más condescendiente de los casos, algo intrínsecamente gracioso. A ellos, y a sus fans, les pueden parecer inocuos esos chistes, desde su posición de superioridad en la jerarquía social donde no existen los chistes "de heteros", pero esos chistes por muy inocentes que parezcan hacen daño. Desde que nacemos y empezamos a escucharlos, el mensaje que nos va calando muy claramente es que ser mariquita es algo de lo que reírse, algo un poquito asqueroso y/o gracioso, y/o ridículo. Pueden decir que esos chistes se hacen desde el cariño y sin mala intención, pero todos sabemos perfectamente que no se trata de lo que uno dice sino de lo que hace.

La corrección política existe porque existe una voluntad por tratar a los demás con respeto, y esto, en principio, nunca puede ser malo. Hay determinados contextos en los que nunca escucharás usar palabras políticamente correctas, y eso será un indicativo claro del grado de progreso de esa sociedad. Muchos quizás estén pensando mientras leen esto que el respeto que ofrece la corrección política puede ser epidérmico, que la persona que te habla con educación puede estar riéndose de ti o insultándote por dentro, y que en ese caso no es más que un teatro. Por supuesto que hay que aspirar a más, a un respeto que vaya más allá del lenguaje, que sea absoluto y demostrable. Pero esto es el punto de partida, y si no se empieza por exigir respeto en la comunicación, difícilmente pasaremos al siguiente nivel.

domingo, 23 de octubre de 2016

La violencia de género como síntoma

En las últimas semanas, o quizás sólo ha sido una percepción mía, parece haber tenido lugar un paroxismo de actos de violencia dirigidos a mujeres. Y cuando digo "dirigidos a mujeres", hablo de tipos de violencia muy específicos: al agresor no le daba igual haber hecho lo que hizo a un hombre o a una mujer. En el caso del asesinato, se llama feminicidio. ¿Es necesario un término tan específico?, dirán algunos. Un asesinato es un asesinato, ¿no?


 Sin embargo, el término tiene sentido y es necesario, porque pone de relieve la realidad de que existe un tipo de violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho específico de serlo. Es una violencia que hunde sus raíces en unas determinadas circunstancias sociales, y por ello no es ninguna sorpresa que se dé con más intensidad en países de más fuerte tradición machista. A menudo hay hombres que se quejan de que ellos también pueden ser víctimas de violencia por parte de sus mujeres, y sin embargo no reciben ningún apoyo social. Es más, a menudo su caso es tratado como algo cómico ("Su mujer le pega: ja, ¡qué calzonazos!"). Para empezar tengo que decir que efectivamente es muy injusto tratar su caso como una broma y que todos los casos de malos tratos son igual de tristes (y un breve apunte: esta idea de que a violencia de género hacia hombres es graciosa no es más que otro evidente tentáculo del machismo, porque "los hombres no lloran", etc.). Pero la cuestión diferencial es que en el caso de la violencia dirigida a las mujeres tenemos un caldo de cultivo social que está fomentando este tipo de sucesos. Esta violencia básicamente es la representación visceral de un concepto muy presente en la sociedad: que las mujeres están ahí para los hombres. Para agradarles. Para ser amables con ellos. Para ser folladas cuando lo deseen (ellos).

Así, tenemos conceptos aparentemente inocuos como el del friendzone (cuando una chica trata a un chico como amigo, negándole así posibilidades sexuales o románticas). Siempre me ha resultado muy "gracioso" como este término se emplea en este caso concreto, y no cuando el que hace friendzoning a su amiga es un chico. La idea subyacente es que una chica debería siempre corresponder a los deseos del tío en cuestión, y que sentir por alguien simpatía pero no atracción es una forma de condescendencia (vamos, que la chica es una cabrona). En cambio, para un tío es completamente aceptable ver a su amiga como amiga y no estar en la obligación de liarse con ella si a ella le gusta él. Muy simétrico todo, ¿eh? Significativo me parece también como a menudo los asistentes virtuales, tan presentes hoy en día, tienen a menudo el aspecto de chicas jóvenes y guapas. Es como que todos tenemos muy asumido que el rol de estar disponibles y servir a los demás es algo intrínsecamente femenino, y ya que estamos, por qué no echarle un poco de sal y ponerle a la mujer hecha de píxeles una cara jovencita y no la de una mujer de cincuenta. O la presencia mayoritaria hasta hace no mucho de mujeres azafatas. O de enfermeras. O de...

Captura de pantalla de búsqueda en Google de "asistente virtual": solo tras hacer bastante scroll aparece el primer hombre.

Ojalá todas esas manifestaciones que se han celebrado, y el eco que se les ha dado en la prensa junto a la popularidad del término feminicidio que mencionaba antes, sirvan para hacer a la sociedad reflexionar. La violación, las agresiones y el asesinato de mujeres son la expresión más dolorosa y visible de una realidad con la que convivimos diariamente, pero lo que necesitamos es meter la cabeza debajo del agua para entender el iceberg en toda su magnitud.

Cada vez que insinuamos que una chica tuvo la culpa de ser violada porque llevaba escote y tacones de aguja, cada vez que alguien dice que nos es bonito ver a una chica fumando o bebiendo, cada vez que se desprecia a una chica por ser promiscua, cada vez que se tacha determinadas profesiones o actividades como "poco femeninas", cada vez que las empresas obligan a su empleadas a llevar falda corta y maquillaje, cada vez que decimos que cuando dicen "no" en realidad quieren decir "sí", cada vez que le decimos a un niño que debe ser "fuerte" y no llorar... estamos poniendo nuestro granito de arena para provocar el próximo asesinato, la próxima paliza, la próxima violación.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Racebending: el blanqueamiento en el cine

En los últimos años se ha ido produciendo con más frecuencia un fenómeno que hasta no hace tanto era inédito: en las adaptaciones de obras de ficción de un medio al cine, cambiar la raza del personaje en cuestión, eligiendo para ello a un actor de raza distinta a la que el personaje tenía en la versión original de la obra. Pero hay que hacer una puntualización clave: de lo que hablo es de que el personaje original fuese caucásico, y en la nueva adaptación no. Porque lo contrario, que el personaje original fuese de una raza diferente a la caucásica y el actor en la versión nueva sea blanco, NO es un fenómeno nuevo ni por asomo.

Ya en películas clásicas de Hollywood había decenas de ejemplos, con Natalie Wood, americana de ascendencia rusa, haciendo de portorriqueña en West Side Story, o Boris Karloff haciendo de asiático en La máscara de Fu-Manchú. Esta costumbre no ha terminado, y en breve por ejemplo tendremos la adaptación cinematográfica del manga Ghost In The Shell, donde Scarlett Johansson encarna a la muy asiática Motoko Kusanagi. Hablando de asiáticos, fue gracias a la polémica y fallida adaptación cinematográfica de la serie de dibujos Avatar: The Last Airbender, donde los personajes podían doblegar ("to bend", en inglés) los elementos en su favor, que se acuñó el término que describe este fenómeno: el racebending, también llamado whitewashing o blanqueamiento. 

"Lo del pelo en cambio fue porque se nos acabó el tinte morado"

Las razones de este fenómeno parecen bastante claras, y son extrapolables a otras situaciones parecidas de las que ya hablaré en otra ocasión: prevalece la idea de que para que un película sea comercial y accesible a todos los públicos, el personaje principal debe de ser alguien con quien todo el mundo se pueda identificar, y esto, entre otras cosas, implica que el actor que lo interprete sea blanco. No hace falta pensar mucho para darse cuenta de todas las implicaciones que esta estrategia trae consigo: que el ser blanco es la opción "por defecto" y las demás razas son variaciones de la misma. Que el público que importa principalmente es el blanco. Que las personas no caucásicas deben ser capaces de identificarse con personajes de otras razas sin ningún problema, mientras que lo contrario al parecer es más complicado.

Un detalle revelador en este sentido es que los personajes secundarios, a menudo el último bastión de libertad creativa de los guionistas en virtud de su condición intrínseca de personajes menos importantes y por ello menos visibles, no sufren este fenómeno tan a menudo. Y así, por ejemplo, la actriz de Anita, la amiga de la anteriormente mencionada Natalie Wood en West Side Story, sí que era latina. Los personajes secundarios, y por tanto sus actores correspondientes, no son el mascarón de proa de las películas, no salen en primer plano en las carátulas o en los pósters, no son (o no suelen ser), en definitiva, el principal reclamo comercial de ninguna producción, y por ello no hay riesgo en coger a actores de la raza correspondiente, y quizás incluso conservar así la simpatía del público no caucásico, teniendo un pequeño detalle con ellos. Sí: ¡es exactamente el mismo rol que han hecho los "mejores amigos gays" de las protagonistas en tantas pelis durante tantos años!


Pero volviendo al principio de la entrada, en los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno nuevo y opuesto: personajes que eran originalmente blancos siendo interpretados por personajes de otras razas. Todos los ejemplos que me han venido a la mente mientras pensaba esta entrada, por algún motivo, provienen de películas y series de temática superheroica: Perry White, el director del Daily Planet, interpretado por Lawrence Fishburne, Samuel L. Jackson poniendo cara y voz al sargento Nick Furia, el afroamericano Mehcad Brooks encarnando al tradicionalmente blanco y pelirrojo Jimmy Olsen en Supergirl, y de propina un caso menos conocido: la japonesa Tao Okamoto haciendo de Mercy Graves, la asistente personal de Lex Luthor en Superman v Batman. Estoy seguro de que me dejo muchos ejemplos en el tintero, y sobre todo me pregunto si habrá casos de personas reales en biopics. Porque lo contrario, es decir, casos de blanqueamiento en películas que hablan de gente real, sí ha ocurrido: véase el ejemplo de Alejandro Dumas, de antepasados, haitianos, siendo interpretado por Gerad Depardieu.

Podría parecer que ambos fenómenos, el blanqueamiento y su contrario (¿el "desblanqueamiento"?) son paralelos e igualmente negativos y racistas en su intento de transformar a las personas y personajes en algo que originalmente no eran. Sin embargo, las cosas no ocurren sin un contexto específico y una historia detrás, y teniendo ambas cosas en cuenta, la conclusión a la que llego es que si bien el blanqueamiento es un fenómeno racista que debería desaparecer cuanto antes, su contrario es algo positivo. Me explico.

"Está feo señalar a la gente, Perry-del-cómic"
 Las principales industrias culturales del mundo, actualmente, con la posible excepción de Japón, provienen del mundo anglosajón y blanco, y lo han hecho desde hace muchas décadas. Siendo así, no es extraño que los personajes que producían reflejasen este hecho. Así, actualmente, una grandísima parte de los iconos culturales del mundo son hombres caucásicos. Desde hace décadas hemos consumido series, cómics y películas en las que la mayoría de los héroes eran tipos blancos. Incluso alguien como Superman, que provenía de otro planeta, parecía nacido en Kansas. El mundo ha asumido a todos estos personajes como parte del patrimonio cultural mundial. Pero la sociedad ha ido cambiando: los países están más conectados entre sí que nunca, y el mestizaje cultural y racial es mil veces mayor. En nuestro mundo ya no tiene sentido que los personajes principales de todas las historias sean siempre blancos, y ya toca desterrar la noción de que uno sólo es capaz de identificarse con un determinado tipo de personaje.

¿Qué piensas?