jueves, 26 de enero de 2017

El queer baiting: cuando es sí pero no

sábado, 31 de diciembre de 2016

"Inocente, inocente" y el fútbol femenino



El pasado 28 de diciembre se emitió la tradicional gala de Inocente, inocente, el programa de bromas de TVE que trata de recaudar dinero para fines benéficos. Este año concretamente iba dedicado a reunir fondos para las enfermedades raras, lo cual me parece maravilloso porque si algo necesitan estas enfermedades es más dinero para investigación y más atención mediática. Lo digo porque puede parecer mezquino que sin embargo la entrada de hoy vaya dirigida a analizar y criticar una de las bromas que se llevó a cabo, la cual en mi opinión además de tener bastante poca gracia tenía unas implicaciones un poco desafortunadas.  Así que vaya por delante que las intenciones y el fin último del programa me parecen fantásticos, pero ojalá los guionistas se hubiesen parado a pensar un poco más en lo que hacían.

La broma que concretamente me llamó la atención fue la que “sufrió” el futbolista Antoine Griezmann.  La cosa consistía en que el jugador acudía a una entrevista en RNE, donde iba a hablar sobre las nuevas normas de la UEFA. Antes de que entrara en el estudio, un grupito de chicas, que formaban el grupo “Jugadoras en acción”, un supuesto colectivo que luchaba por una mayor presencia del fútbol femenino, abordaban a Griezmann, y entre bromas y autógrafos con un punto de flirteo, le pedían que apoyara su causa durante la entrevista. Más tarde irrumpían en la misma, gritando cánticos contra el machismo en el fútbol y demás, ante la cara de tierra trágame del futbolista. Al poco rato, le revelaban todo el montaje.

Por dónde empezamos. 

Este colectivo, “Jugadoras en acción”, por lo que indica Google, no existe: los únicos resultados son noticias sobre el programa. Es decir, que los guionistas se lo han inventado, pero la cuestión es que el retrato que hacen de ellas no es precisamente muy positivo: primero tratan de avergonzar al jugador de fútbol pidiéndole que les firme autógrafos en las piernas (“¡no me lo voy a lavar nunca!”, dice una: al parecer en el mundo del fútbol femenino aún viven en los 90 y no han llegado los móviles con cámara de fotos) y cosas por el estilo, y cuando ya entran en el tema reivindicativo, ya directamente se comportan como cuatro energúmenas, gritando y comportándose como unas locas.

La broma evidentemente se vale del cliché de que las feministas son unas histéricas y enfermas mentales que sólo piden cosas absurdas y arman bulla (aunque luego paradójicamente cuando ven a un famoso lo que más desean es flirtear con él, así en grupo, y ya luego pasan al tema serio).  Genial, TVE: esto sí que es televisión pública.

Por otro lado, la broma parte de una realidad: el fútbol femenino no tiene ninguna visibilidad. Quizás se podía haber aprovechado la ocasión para hacer en serio esta pequeña reivindicación que sin duda muchas mujeres futbolistas compartirán, pero al programa no le interesa esto, y sólo pretende usar a este colectivo ficticio y al fútbol femenino en general para hacer la broma. Así que ya ves: para una vez que hablan del fútbol femenino en la tele, es para usarlo de McGuffin y retratar al colectivo como cuatro locas. Muy progresista  todo.
En fin. Acabo la entrada con una curiosidad: al buscar en Google al supuesto grupo de “Jugadoras en acción”, la función de autocompletar me dio unas cuantas opciones muy curiosas. Por curiosidad, teclée también “Jugadores en…” a ver qué salía. Aquí abajo están las capturas de pantalla respectivas.


El deporte, siempre a la vanguardia. ¡Feliz 2017!

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Sirve de algo la corrección política?

En los últimos años la llamada corrección política ha sido cada vez más denostada. Hace unas semanas se publicaba un artículo en la revista "Papel" del periódico El Mundo, en el que se criticaba el fenómeno y se ponían incluso motes a determinados tipos de persona que la practican con especial virulencia. El artículo me ha parecido muy interesante, y en determinados puntos estoy de acuerdo con su autor. Ahora viene el pero.

Porque en realidad estoy hoy aquí para defender la corrección política. ¿Entonces coarta o no la libertad de expresión? ¿Estamos creando un mundo en el que no se pueden hacer chistes? ¿Es todo una gran falsedad? Sí, no, a veces: el tema es complejo. Vamos por partes.

"¿Pero es que nadie va a pensar en los ninjas?"

Es cierto que nuestra sociedad, en muchas situaciones, ha tomado últimamente una deriva de caza de brujas. Como se explica en el artículo, muchas veces la gente se levanta y ataca con increíble saña cosas que... nadie se ha molestado en leer o en ver; simplemente se limitan a seguir a la masa enfervorecida, y no hay una voluntad de pararse a analizar las cosas un poco más a fondo y ver cuáles eran las intenciones del autor. Me viene a la mente esa exposición sobre el franquismo celebrada hace poco en Barcelona y publicitada con una estatua decapitada de Franco, que tanta polémica suscitó. ¿De verdad se puede considerar apología una estatua decapitada? ¿Es apología una exposición que habla de un período negro de la historia española, para que los que no lo conocieran puedan saber lo horrible que es una dictadura y lo importante que es evitar que no se repita nunca? ¿Acaso no hay una abismal diferencia entre hablar de algo, para darlo a conocer desde un punto de vista crítico, y hacer apología de ello? ¿Tenemos que prohibir también entonces los libros de historia, que están llenos de menciones a gente terrible?

Efectivamente, cuando se lleva a extremos absurdos y no hay voluntad de analizar las cosas con un poco más de sutileza, la corrección política puede acabar degenerando en censura descerebrada. Pero lo contrario, desecharla completamente y tratarla como un cáncer sin ninguna utilidad, me parece igual de dañino. En su esencia, la corrección política surgió con una intención positiva.

Con el paso del tiempo, la sociedad ha ido (más o menos) asumiendo la existencia de la diversidad como algo digno de ser tenido en cuenta y respetado. Es un desarrollo relativamente nuevo: no hace tanto la diferencia causaba horror, y así, a los zurdos se les ataba la mano y se les obligaba a escribir "como dios manda", por poner un ejemplo. En el tema que trata más específicamente este blog, las minorías sexuales eran (son) tratadas como una aberración, y el objetivo era destruirlas y/o borrarlas, verbal y literalmente. El lenguaje no es inocente, y no es casualidad que no exista ningún término despectivo para decir "heterosexual", ni para decir "blanco", ni para decir "cristiano" (y si existen, no han llegado a la cultura popular). El que está en la cúspide de la pirámide es el que elige los términos insultantes para los que están por debajo en la jerarquía social.

Sin embargo, con mucho esfuerzo por parte de los colectivos que dan voz a los afectados, la sociedad ha ido asumiendo que todo el mundo es igual de valioso, o debería serlo, y al igual que no hay un descuento en los impuestos que debemos pagar según nuestro grado de marginación por parte de la sociedad, el acceso a los derechos también debería ser igualitario, y en ello estamos. El lenguaje políticamente correcto, y a esto quería llegar, es la consecuencia natural de esta mayor sensibilidad hacia los colectivos tradicionalmente marginados. 

Desde luego mucha gente emplea palabras como "mariquita", "maricón" o "bollera" con una intención afectuosa, y evidentemente esto es todo lo contrario que un deseo de ofender; por no hablar del uso apropiativo de estas expresiones para desactivarlas y anularlas, como ha ocurrido con la palabra queer, que a día de hoy ya casi al 100% ha perdido cualquier connotación despectiva y más bien hace pensar en activismo y sociología.  Estos son casos aparte. Pero no impiden que en su origen estas palabras fueran creadas para hacer daño y establecer fronteras, para decir "tú estás ahí abajo y yo aquí arriba", y sólo puedo ver como algo positivo el que ahora se tenga asumido que un político, por la tele, no puede decir ninguna de estas palabras; y si lo hace, que se le someta al juicio público. Esto no es censura: esto es el respeto básico necesario en una interacción social, y quien falte a él, efectivamente debe ser amonestado.

"Y si no siempre nos quedan los chistes sobre terroristas islámicos"
¿Y respecto al humor? ¿Deberían Bertín Osborne y Arévalo ser libres para hacer chistes de mariquitas? Pues ocurre básicamente lo mismo. En petit comité casi todo vale (o todo lo que acepten los allí presentes), pero cuando tus palabras van a ser recibidas por un público nacional o mundial, el hecho de que estés haciendo humor no te exime del deber de respetar a la gente. Al igual que, como decía antes, hay un motivo de que exista la palabra "maricón" pero no un para decir "heterosexual" de forma despectiva, hay un motivo para que existan chistes de mariquitas pero no chistes en los que la heterosexualidad de los protagonistas sea lo gracioso del chiste.  Obviamente los chistes de mariquitas no han salido de la nada: son el producto de una sociedad homofóbica, donde la homosexualidad era (es) vista como algo negativo, o en el más condescendiente de los casos, algo intrínsecamente gracioso. A ellos, y a sus fans, les pueden parecer inocuos esos chistes, desde su posición de superioridad en la jerarquía social donde no existen los chistes "de heteros", pero esos chistes por muy inocentes que parezcan hacen daño. Desde que nacemos y empezamos a escucharlos, el mensaje que nos va calando muy claramente es que ser mariquita es algo de lo que reírse, algo un poquito asqueroso y/o gracioso, y/o ridículo. Pueden decir que esos chistes se hacen desde el cariño y sin mala intención, pero todos sabemos perfectamente que no se trata de lo que uno dice sino de lo que hace.

La corrección política existe porque existe una voluntad por tratar a los demás con respeto, y esto, en principio, nunca puede ser malo. Hay determinados contextos en los que nunca escucharás usar palabras políticamente correctas, y eso será un indicativo claro del grado de progreso de esa sociedad. Muchos quizás estén pensando mientras leen esto que el respeto que ofrece la corrección política puede ser epidérmico, que la persona que te habla con educación puede estar riéndose de ti o insultándote por dentro, y que en ese caso no es más que un teatro. Por supuesto que hay que aspirar a más, a un respeto que vaya más allá del lenguaje, que sea absoluto y demostrable. Pero esto es el punto de partida, y si no se empieza por exigir respeto en la comunicación, difícilmente pasaremos al siguiente nivel.

domingo, 23 de octubre de 2016

La violencia de género como síntoma

En las últimas semanas, o quizás sólo ha sido una percepción mía, parece haber tenido lugar un paroxismo de actos de violencia dirigidos a mujeres. Y cuando digo "dirigidos a mujeres", hablo de tipos de violencia muy específicos: al agresor no le daba igual haber hecho lo que hizo a un hombre o a una mujer. En el caso del asesinato, se llama feminicidio. ¿Es necesario un término tan específico?, dirán algunos. Un asesinato es un asesinato, ¿no?


 Sin embargo, el término tiene sentido y es necesario, porque pone de relieve la realidad de que existe un tipo de violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho específico de serlo. Es una violencia que hunde sus raíces en unas determinadas circunstancias sociales, y por ello no es ninguna sorpresa que se dé con más intensidad en países de más fuerte tradición machista. A menudo hay hombres que se quejan de que ellos también pueden ser víctimas de violencia por parte de sus mujeres, y sin embargo no reciben ningún apoyo social. Es más, a menudo su caso es tratado como algo cómico ("Su mujer le pega: ja, ¡qué calzonazos!"). Para empezar tengo que decir que efectivamente es muy injusto tratar su caso como una broma y que todos los casos de malos tratos son igual de tristes (y un breve apunte: esta idea de que a violencia de género hacia hombres es graciosa no es más que otro evidente tentáculo del machismo, porque "los hombres no lloran", etc.). Pero la cuestión diferencial es que en el caso de la violencia dirigida a las mujeres tenemos un caldo de cultivo social que está fomentando este tipo de sucesos. Esta violencia básicamente es la representación visceral de un concepto muy presente en la sociedad: que las mujeres están ahí para los hombres. Para agradarles. Para ser amables con ellos. Para ser folladas cuando lo deseen (ellos).

Así, tenemos conceptos aparentemente inocuos como el del friendzone (cuando una chica trata a un chico como amigo, negándole así posibilidades sexuales o románticas). Siempre me ha resultado muy "gracioso" como este término se emplea en este caso concreto, y no cuando el que hace friendzoning a su amiga es un chico. La idea subyacente es que una chica debería siempre corresponder a los deseos del tío en cuestión, y que sentir por alguien simpatía pero no atracción es una forma de condescendencia (vamos, que la chica es una cabrona). En cambio, para un tío es completamente aceptable ver a su amiga como amiga y no estar en la obligación de liarse con ella si a ella le gusta él. Muy simétrico todo, ¿eh? Significativo me parece también como a menudo los asistentes virtuales, tan presentes hoy en día, tienen a menudo el aspecto de chicas jóvenes y guapas. Es como que todos tenemos muy asumido que el rol de estar disponibles y servir a los demás es algo intrínsecamente femenino, y ya que estamos, por qué no echarle un poco de sal y ponerle a la mujer hecha de píxeles una cara jovencita y no la de una mujer de cincuenta. O la presencia mayoritaria hasta hace no mucho de mujeres azafatas. O de enfermeras. O de...

Captura de pantalla de búsqueda en Google de "asistente virtual": solo tras hacer bastante scroll aparece el primer hombre.

Ojalá todas esas manifestaciones que se han celebrado, y el eco que se les ha dado en la prensa junto a la popularidad del término feminicidio que mencionaba antes, sirvan para hacer a la sociedad reflexionar. La violación, las agresiones y el asesinato de mujeres son la expresión más dolorosa y visible de una realidad con la que convivimos diariamente, pero lo que necesitamos es meter la cabeza debajo del agua para entender el iceberg en toda su magnitud.

Cada vez que insinuamos que una chica tuvo la culpa de ser violada porque llevaba escote y tacones de aguja, cada vez que alguien dice que nos es bonito ver a una chica fumando o bebiendo, cada vez que se desprecia a una chica por ser promiscua, cada vez que se tacha determinadas profesiones o actividades como "poco femeninas", cada vez que las empresas obligan a su empleadas a llevar falda corta y maquillaje, cada vez que decimos que cuando dicen "no" en realidad quieren decir "sí", cada vez que le decimos a un niño que debe ser "fuerte" y no llorar... estamos poniendo nuestro granito de arena para provocar el próximo asesinato, la próxima paliza, la próxima violación.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Racebending: el blanqueamiento en el cine

En los últimos años se ha ido produciendo con más frecuencia un fenómeno que hasta no hace tanto era inédito: en las adaptaciones de obras de ficción de un medio al cine, cambiar la raza del personaje en cuestión, eligiendo para ello a un actor de raza distinta a la que el personaje tenía en la versión original de la obra. Pero hay que hacer una puntualización clave: de lo que hablo es de que el personaje original fuese caucásico, y en la nueva adaptación no. Porque lo contrario, que el personaje original fuese de una raza diferente a la caucásica y el actor en la versión nueva sea blanco, NO es un fenómeno nuevo ni por asomo.

Ya en películas clásicas de Hollywood había decenas de ejemplos, con Natalie Wood, americana de ascendencia rusa, haciendo de portorriqueña en West Side Story, o Boris Karloff haciendo de asiático en La máscara de Fu-Manchú. Esta costumbre no ha terminado, y en breve por ejemplo tendremos la adaptación cinematográfica del manga Ghost In The Shell, donde Scarlett Johansson encarna a la muy asiática Motoko Kusanagi. Hablando de asiáticos, fue gracias a la polémica y fallida adaptación cinematográfica de la serie de dibujos Avatar: The Last Airbender, donde los personajes podían doblegar ("to bend", en inglés) los elementos en su favor, que se acuñó el término que describe este fenómeno: el racebending, también llamado whitewashing o blanqueamiento. 

"Lo del pelo en cambio fue porque se nos acabó el tinte morado"

Las razones de este fenómeno parecen bastante claras, y son extrapolables a otras situaciones parecidas de las que ya hablaré en otra ocasión: prevalece la idea de que para que un película sea comercial y accesible a todos los públicos, el personaje principal debe de ser alguien con quien todo el mundo se pueda identificar, y esto, entre otras cosas, implica que el actor que lo interprete sea blanco. No hace falta pensar mucho para darse cuenta de todas las implicaciones que esta estrategia trae consigo: que el ser blanco es la opción "por defecto" y las demás razas son variaciones de la misma. Que el público que importa principalmente es el blanco. Que las personas no caucásicas deben ser capaces de identificarse con personajes de otras razas sin ningún problema, mientras que lo contrario al parecer es más complicado.

Un detalle revelador en este sentido es que los personajes secundarios, a menudo el último bastión de libertad creativa de los guionistas en virtud de su condición intrínseca de personajes menos importantes y por ello menos visibles, no sufren este fenómeno tan a menudo. Y así, por ejemplo, la actriz de Anita, la amiga de la anteriormente mencionada Natalie Wood en West Side Story, sí que era latina. Los personajes secundarios, y por tanto sus actores correspondientes, no son el mascarón de proa de las películas, no salen en primer plano en las carátulas o en los pósters, no son (o no suelen ser), en definitiva, el principal reclamo comercial de ninguna producción, y por ello no hay riesgo en coger a actores de la raza correspondiente, y quizás incluso conservar así la simpatía del público no caucásico, teniendo un pequeño detalle con ellos. Sí: ¡es exactamente el mismo rol que han hecho los "mejores amigos gays" de las protagonistas en tantas pelis durante tantos años!


Pero volviendo al principio de la entrada, en los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno nuevo y opuesto: personajes que eran originalmente blancos siendo interpretados por personajes de otras razas. Todos los ejemplos que me han venido a la mente mientras pensaba esta entrada, por algún motivo, provienen de películas y series de temática superheroica: Perry White, el director del Daily Planet, interpretado por Lawrence Fishburne, Samuel L. Jackson poniendo cara y voz al sargento Nick Furia, el afroamericano Mehcad Brooks encarnando al tradicionalmente blanco y pelirrojo Jimmy Olsen en Supergirl, y de propina un caso menos conocido: la japonesa Tao Okamoto haciendo de Mercy Graves, la asistente personal de Lex Luthor en Superman v Batman. Estoy seguro de que me dejo muchos ejemplos en el tintero, y sobre todo me pregunto si habrá casos de personas reales en biopics. Porque lo contrario, es decir, casos de blanqueamiento en películas que hablan de gente real, sí ha ocurrido: véase el ejemplo de Alejandro Dumas, de antepasados, haitianos, siendo interpretado por Gerad Depardieu.

Podría parecer que ambos fenómenos, el blanqueamiento y su contrario (¿el "desblanqueamiento"?) son paralelos e igualmente negativos y racistas en su intento de transformar a las personas y personajes en algo que originalmente no eran. Sin embargo, las cosas no ocurren sin un contexto específico y una historia detrás, y teniendo ambas cosas en cuenta, la conclusión a la que llego es que si bien el blanqueamiento es un fenómeno racista que debería desaparecer cuanto antes, su contrario es algo positivo. Me explico.

"Está feo señalar a la gente, Perry-del-cómic"
 Las principales industrias culturales del mundo, actualmente, con la posible excepción de Japón, provienen del mundo anglosajón y blanco, y lo han hecho desde hace muchas décadas. Siendo así, no es extraño que los personajes que producían reflejasen este hecho. Así, actualmente, una grandísima parte de los iconos culturales del mundo son hombres caucásicos. Desde hace décadas hemos consumido series, cómics y películas en las que la mayoría de los héroes eran tipos blancos. Incluso alguien como Superman, que provenía de otro planeta, parecía nacido en Kansas. El mundo ha asumido a todos estos personajes como parte del patrimonio cultural mundial. Pero la sociedad ha ido cambiando: los países están más conectados entre sí que nunca, y el mestizaje cultural y racial es mil veces mayor. En nuestro mundo ya no tiene sentido que los personajes principales de todas las historias sean siempre blancos, y ya toca desterrar la noción de que uno sólo es capaz de identificarse con un determinado tipo de personaje.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Cazafantastamas (2016): carta abierta a los fans posesivos


 Recientemente fui a ver Cazafantasmas, y salí indignado del cine.

¿Porque es mala? ¿Porque se burla del clásico de los ochenta? No. Porque me parece flipante e indignante que esta película haya fracasado en EEUU y lo vaya a tener difícil para recuperar la inversión, mientras que algo como Escuadrón Suicida haya sido un taquillazo. Y no puedo evitar pensar que el machismo ha jugado un importante rol en este devenir de los acontecimientos. Me explico.

Cuando se difundió la noticia de un remake de Cazafantasmas protagonizado por cuatro chicas, para mucha gente saltaron las alarmas. Estaban "mancillando nuestra infancia", las feminazis ya estaban otra vez jodiendo a todo el mundo, bla bla bla. Por supuesto toda esta bilis se producía sin haber visto la película, para poder juzgarla con objetividad, o con una subjetividad argumentada, al menos. El trailer, en YouTube, es uno de los contenidos de la página con más "No me gusta" de la historia.

Como cualquier otra cosa, la opinión de cada uno es cuestión de gustos, pero creo que no me dejo llevar mucho por la subjetividad cuando pienso que Cazafantasmas, como película palomitera, es una excelente comedia, protagonizada por cuatro actrices poseedoras todas ellas un visible timing cómico (de diferente estilo en cada caso). Incluso Liam Hemsworth, a quien consideraba un buenorro estereotípico de limitado talento dramático, se revela aquí como excelente cómico, capaz de dejar la épica y solemnidad de Thor a un lado y entregarse sin una brizna de vergüenza a un papel ridículo y divertido. La peli posee verdaderos personajes, que cuentan con verdaderas motivaciones, y además de hacerte reír (y mucho, y cada cinco minutos, por lo menos en mi sala), te permite sentirte implicado con ellos y cogerles aprecio, con la única excepción del malo de la historia, que quizás hubiera requerido un poco más de desarrollo.

¿Qué "falla" entonces? Pues aquí expongo mi teoría, desglosada en puntos:

1. Ausencia de buenorras
Es lamentable tener que decir lo que voy a decir, pero afrontémoslo: al margen de su calidad como actrices, la primera cualidad que tienen siempre las actrices protagonistas de casi todo, pero en especial de cine comercial es estar buenas. Luego ya pueden ser buenas o malas intérpretes, pero la primera es condición sine qua non. Trata de encontrar ejemplos de lo contrario: te sobrarán dedos de una mano. Las cuatro mujeres protagonistas son básicamente gente normal, y la única que podría ser la fantasía del público masculino hetero, resulta ser lesbiana. Eso por no decir que las cuatro llevan uniformes holgados y cómodos y no hay ninguna escena de cómo se visten, se bañan en una piscina, etc. Quien único tiene escenas en las que se explota su belleza es Chris Hemsworth. Las mujeres llevan toda la vida sentándose a ver pelis en las que los personajes de su mismo sexo son constantemente usadas como reclamo, y no les ha dado ningún infarto, pero ¿parece que lo contrario es mucho pedir? Comparémoslo con Escuadrón Suicida, donde una de las dos únicas chicas del grupo tiene una escena dedicada a enseñarnos cómo se viste, sensualmente. Ninguno de sus compañeros hombres tiene una escena similar. La escena es tratada como una broma (todo el mundo, incluidas otras mujeres, se le quedan mirando babeantes), pero resulta un poco hipócrita cuando el propio director, con sus planos recreándose en el cuerpo de Harley Quinn, hace y nos invita a hacer de voyeur.

"¿A quién miráis? ¿Es que nunca habéis visto a una tía siendo usada de reclamo?"
2. Protagonistas que no son satélites de hombres
Muy relacionado con lo anterior. Estamos tan acostumbrados a ver películas y series en las que las chicas son las novias de, las hijas de, el objetivo romántico de, que resulta casi revolucionario que en una película las protagonistas prescindan de la preposición "de". Aquí todas tienen sus vidas y sus motivaciones personales, y su existencia misma no se apoya ni se justifica en su relación con ningún hombre. Esto evidentemente no implicaque sean misándricas ni nada por el estilo, simplemente no son el satélite de nadie, como ocurre en la vida real. Comparémoslo de nuevo con Escuadrón Suicida, donde Harley Quinn se convirtió en supervillana por amor al Joker, Katana lleva en su espada el alma de su difunto marido, y la Encantadora, que lo primero que hace es resucitar a su hermano para que la ayude, y su derrota conlleva que vuelva a transformarse en la bella, frágil y casi carente de frases Cara Delevigne, novia del coronel Flagg. Excepción honrosa la de Amanda Waller, único personaje femenino sin subtrama romántica. Atención, pregunta difícil: a ver si adivinas cuál de las dos pelis supera el test de Bechdel. La respuesta, al final de la entrada.

3. La posesividad de cierto sector del público
Este factor, del que hablaba al inicio de la entrada, es extrínseco al film, y me temo que es el que al final pesó más. La industria del entertenimiento desde siempre ha tratado a los hombres como los reyes de las pelis de acción y comedia. Como ocurre con tantísimas otras cosas, nunca, nadie, se pregunta por qué los cuatro cazafantasmas originales eran hombres. Simplemente eran esos cuatro hombres los protagonistas, y nadie se planteó jamás si eso daba un toque "masculino" a la peli, o si eso la hacía estar dirigida únicamente al público masculino. Ya ves tú qué cosas: en un mundo en el que aproximadamente el 50% de la población es de un sexo y el otro 50% del otro, a menudo se trata al sexo femenino como "la excepción", la "versión diferente" de la opción básica por defecto, que sería ser hombre. En ese contexto cultural, y vista la reacción de un sector del público ante la nueva versión de Cazafantasmas, parece que a nivel sociológico, la hermana pequeña del que antes era hijo único le ha cogido prestado su juguete al rey de la casa, y este se ha cogido una pataleta monumental, berreando "¡los ochenta son míos!". A este sector del público sólo le diría que primero vieran la peli para poder juzgar. Y entonces descubrirían los numerosos guiños cariñosos a la franquicia, porque esta peli está hecha con la bendición del cast original, y dedicada al fallecido Harold Ramis, por lo que el respeto a la fuente es absoluto. Y en segundo lugar, si finalmente no les hace gracia, que es totalmente respetable, que tengan en cuenta que nadie ha borrado de la historia las pelis originales, y ahí seguirán, siendo para siempre dos clásicos inolvidables del cine comercial de los años 80.

Si te salta el buzón de voz de ellas, llámanos a nosotros.
Teniendo todo esto en cuenta, acabamos con que una película como Escuadrón Suicida, llena de agujeros argumentales y mucho menos graciosa, sin embargo gana la partida a la hora de sumar dólares. Una peli que se amolda perfectamente al canon de toda la vida, con sus buenorras como dios manda y sus tipos duros... En fin.

*Respuesta a la pregunta: ¡las dos lo superan! Sólo que en el caso de Cazafantasmas la chicas hablan constantemente de todo tipo de temas, y en el de Escuadrón Suicida, hay una escena en la que Harley le pregunta de pasada a Katana qué perfume lleva. Algo es algo...

miércoles, 27 de julio de 2016

Wonder Woman: el nacimiento de un icono


Voy a empezar con una confesión: hasta hace muy poco, mi percepción de Wonder Woman era muy tenue: ese personaje de DC que tenía una soga mágica y era muy fuerte y... Sin embargo, los astros se han alineado en este, el año de su 75 aniversario, y de repente Diana Prince ha regresado con mucha fuerza al imaginario colectivo. Y mi descubrimiento fue que tanto el personaje en sí mismo como todo lo que la rodea estaba lleno de cosas fascinantes por descubrir.

Todo empezó hace unos pocos meses, en la oscuridad literal y metafórica de la sala de cine donde veía Batman V Superman: el Amaneceer de la Justicia. Yo, como gran parte del público, estaba un poco abotargado ante tanta escasez de luz, tanto rictus serio y distante de Henry Cavill, tanta destrucción masiva. Ya sabéis, las pelis de acción desde hace ya un tiempo son "oscuras". El monstruo de la peli estaba a punto de exterminar al pobre Batman (dato curioso: el "oh, mierda" que suelta ante su inminente muerte fue improvisado por Ben Affleck, y significativamente es otra de las cosas más memorables de la peli) y toda esperanza parecía perdida... Hasta que de repente se interpone Wonder Woman, salvándole.

Y la adormecida platea soló un grito ahogado de admiración colectiva.

"He venido aquí a salvar la tierra y de paso la película"
Tras unos pocos minutos de metraje, quedó clarísimo para todo el mundo que la Wonder Woman de Gal Gadot era de lo mejor de la peli. Y tiene gracia, porque unos meses atrás, en muchos foros de internet, se criticaba el casting, diciendo que Gal Gadot era excesivamente plana, y otras consideraciones de similar calado (también criticaban la elección de Affleck, que resultó ser lo segundo mejor de la peli: el valor de las primeras impresiones). El año que viene por estas fechas podremos ver su primera película en solitario, y ojalá con ella podamos enterrar para siempre ese mito de que las películas de superhéroes protagonizadas por mujeres no funcionan.

Remontándonos al origen de Wonder Woman, parece que desde el principio este era un personaje llamado a convertirse en un icono cultural, feminista concretamente. Su creador, William Moulton Marston, creía que el cómic de superhéroes tenía un potencial mucho mayor por explotar, y DC le encargó la tarea de crear un personaje nuevo. Significativamente, fue su esposa Elizabeth Holloway la que le sugirió que fuese una mujer, y Marston se basó en ella para crear a Wonder Woman. Holloway en sí misma merecería otro artículo para ella sola, pero a modo de aperitivo, lo que inspiró a Marston fue su personalidad liberal y poco convencional, y para los brazaletes indestructibles de WW se basó en los que llevaba Olive Byrne, otra mujer que vivía con ellos en una relación poliamorosa. En los años 40. Por cierto, además de crear a Wonder Woman y vivir en un trío, el matrimonio inventó el polígrafo. No perdían el tiempo, desde luego.

Según explicaba Marston, muchas niñas se sentían inferiores por su sexo, que culturalmente parecía relegarlas a ser delicadas, sumisas y pacíficas, si querían ser consideradas buenas. Por ello, creó a Diana con el objetivo explícito de dar una vuelta de tuerca a estas cualidades, y sin renunciar a lo bueno de ellas, quitarles esa connotación de pasividad, y crear un icono feminista que aunara lo mejor de ambos mundos. Un personaje que sirviera de espejo en el que mirarse para todas esas niñas que deseaban ser más que floreros. Y lo logró: Wonder Woman era efectivamente dulce y amante de la paz, pero tenía, según sus propias palabras, "la fuerza de Superman".

A lo largo de su sus muchísimos años de recorrido, el rol de Wonder Woman ha ido evolucionando, y no siempre de la mejor manera: durante una época, por ejemplo, fue la "secretaria" de la Liga de la Justicia. Ejem.

Además seguro que Flash hacía más pulsaciones por minuto
Tampoco le faltaron las críticas de que era una "lesbiana que odiaba a los hombres", porque como todos sabemos ser amante de la acción significa ser lesbiana, y ser lesbiana significa odiar a los hombres. En fin. Lo cierto es que no, no lo era, pero sí una mujer progresista y defensora del amor y la libertad, y como tal ofició una boda entre dos mujeres en agosto del año pasado. Dato curioso: Lynda Carter, la actriz que encarnó a WW en la serie de los 70, es también una activista en pro de los derechos LGBT. Llegados a este punto ya empiezo a pensar que este personaje y todas las personas que lo rodean son como un enorme faro de luz y progresismo, y estoy deseando ver si Gal Gadot continúa la tradición.

Una de las cosas más interesantes de Wonder Woman es que representa una tercera vía en lo que a igualdad se refiere. Desde su creación, el personaje nunca aspiró a ser una mera copia de Superman con vagina. Como comentaba más arriba, su creador no pretendió anular todas esas cualidades típicamente consideradas femeninas y fabricar a un tipo duro con cuerpo de mujer, sino destilar todo lo positivo de aquellas cualidades (el pacifismo, la defensa del amor, la dulzura) en un personaje que a la vez sabía ser fuerte y firme y perfectamente capaz de entrar en acción si la situación lo requería. ¿Qué tal sería crear ahora un personaje inverso, que siendo hombre también tuviera un fuerte componente femenino y mezclara las características estereotípicas de cada sexo de una manera positiva? Todo apunta a que la sociedad tiene más problemas a la hora de aceptar este perfil de hombre, pero mi sensación es que a día de hoy estamos en el momento exacto para que un superhérore así salte al mainstream y cambie las reglas del juego una vez más.

¿Qué piensas?