viernes, 4 de julio de 2014

Queercore: no todo es pop al otro lado del arco iris


Estos días, con motivo de las fiestas del Orgullo Gay, si te acercas a celebrarlo, sin duda oirás un montón de música de determinados estilos sonando con fuerza. Las líneas maestras son bastante específicas: se tratará de música bailable, con abundancia de tintes electrónicos (o íntegramente electrónica), mucho pop y muchas chicas con voces que van desde la omnipotencia vocal hasta la necesidad absoluta del auto-tune. Oirás un montón de letras sobre la importancia de ser uno mismo, o sobre salir a pasarlo bien, o sobre el amor, o quizás todo a la vez.
 
Evidentemente, es esa la música asociada al "mundo gay". Difícilmente escucharás, pongamos, heavy metal, o rap (bueno, admitámoslo, el rap no es que sea el género más gay friendly del mundo la verdad), ni tampoco indie ni nada mínimamente rebuscado. Aquí hemos venido a ver comer naranjas a bailar. Y muy bien que está la música para bailar y pasarlo bien.

Pero sin embargo... la diversidad que representan las franjas de la bandera también se manifiesta en el tipo de música que una persona LGTB puede apreciar. No, pese a lo que pueda parecer, no somos tuercas y tornillos fabricados en serie, cada uno tiene sus gustos; y no estaría de más que ya que celebramos la diversidad y las diferencias individuales, nos saliéramos un poco de lo homogéneo y se diera también una oportunidad a la gente LGTB que anda por el mundo cuyos gustos musicales no se adaptan al estereotipo, y que quizás en estos días participan (o no) en las fiestas sintiéndose un pelín desplazados.

"¡¿Y yo qué?! ¿Eh?" (Rob Halford)
Esa gente pueden ser, por ejemplo, los amantes del queercore. No voy a entrar en una explicación muy detallada porque para eso está la Wikipedia, pero el fenómeno me parece bastante interesante y desconocido y desde luego merece unas líneas. Si bien los estilos que se engloban dentro del queercore pueden ser muy variados, en general se puede decir que sus raíces se hunden en el punk, y por consiguiente, una de las claves de este submundo es la rebeldía y el cuestionamiento de lo establecido. El queercore a menudo cuestiona los valores consumistas que poco a poco han ido impregnando la cultura LGTB "mainstream" (es posible que quizás alguna vez, leyendo alguna revista de temática, después de ver varios anuncios sobre viajes a sitios paradisíacos o relojes y ropa cara, hayas sentido que la publicación en realidad no iba dirigida exactamente a ti, pobre sub-mileurista, por mucho que seas gay). De la misma manera, también cuestiona la idea tan común de que los lugares de ocio de ambiente deben de estar segregados por género. Los temas políticos y las letras explícitas también se dan a menudo, en fuerte contraste con la música tradicionalmente asociada al mundo LGTB, que rara vez por no decir nunca entra en el terreno de la política, y suele tratar el amor y el sexo en términos "positivos" y aptos para todos los públicos. 

 
 
Evidentemente el mundo del queercore es más bien pequeño y no recibe mucha publicidad de los medios normales. Como música obviamente no resulta muy comercial ni radiable, sus canciones no son aptas para ambientar un anuncio de champú o ir en promoción conjunta con la peli de moda, y las obras de Limp Wrist o Pansy Division nunca se convertirán en la canción del verano. Pese al nombre de este blog, mentiría si dijera que me gusta la música punk (aunque he de decir que "Oi Oi! We Fuck Boys!" es pegadiza), pero creo que vale la pena no quedarse con lo de siempre y admirar la creatividad, la libertad en todos los sentidos, el compromiso y la capacidad de ser uno mismo que estas bandas reflejan. En ocasiones, cuando veo a la enésima cantante de limitada voz enarbolando la bandera de colorines con la esperanza de convertirse en una diva más, no sé tú, pero yo siento que apuntan más a mi bolsillo que a mi corazón, y se hace cansino. 
 

Y frente a ello, la honestidad de unas bandas que hacen lo que les da la gana y no tienen miedo a provocar incomodidad o rechazo ni a salirse del camino establecido. El yo en estado puro. Y de eso, de no tener miedo a ser uno mismo, es de lo que se trata, ¿no?

miércoles, 4 de junio de 2014

Maléfica (2014), algo pasa con Disney

Director: Robert Stromberg
Guión: Linda Woolverton
La frase: "Tuve alas una vez, pero me las robaron. Y eran poderosas". 

A menudo se dice que Hollywood se está quedando sin ideas. Puede ser que sea un cliché cierto, o puede ser que no, pero en todo caso, este supuesto agotamiento de ideas al menos nos está trayendo giros de tuerca inesperados a cosas que ya conocemos, y como muestra, esta Maléfica, o lo que es lo mismo, La Bella Durmiente contada desde el punto de la malvada bruja. ¿Pero de verdad es esta la historia que conocíamos... o es algo más? A continuación va a haber todo tipo de SPOILERS, así que si no la has visto, ya sabes.

Maléfica, si bien personalmente como película me ha parecido flojilla, contiene en su guión un puñado de ideas interesantes, además de una carismática interpretación por parte de Angelina Jolie, que se funde en el papel a la perfección. Para empezar, la malvada bruja no es ni bruja ni "malvada", o no mucho, en todo caso. Resulta que era un hada madrina (y al parecer, ya en las notas de producción de la peli original de 1959 se establecía este dato), y su supuesta maldad tenía una causa muy concreta, esa sí, inventada para esta película: le robaron las alas, es decir, su libertad, y el padre de la rubísima y monísima Aurora fue el traidor que la engañó. Ya el punto de partida de la peli da para detenerse a pensar: ¡un historia para justificar, y finalmente redimir a la mala!

A lo largo del film, y alejándose cada vez más del original, se nos revela que en realidad casi desde el principio Maléfica no pudo evitar sentir afecto por la pequeña Aurora, y si no llega a ser por ella, las incompetentes de las hadas madrinas la habrían matado con su negligencia (!).

Pero quizás lo más llamativo de la película es que, por segunda vez en un corto espacio de tiempo, nos encontramos con un film en el que el amor romántico pasa a un segundo plano, y es otro tipo de amor el que resuelve el conflicto principal. Los que la hayan visto, recordarán que en Frozen (SPOILERS) era el beso de amor fraternal de Elsa el que salvaba a su hermana Anna. Por otro lado, el príncipe de turno resultaba ser un psicópata, y el novio del que posteriormente se enamoraba la hermana menor era importante en la trama pero no el centro y fin de la misma, y su relación no acababa en boda.

En Maléfica, quizás inspirándose en dicha peli, o quizá porque es el signo de los tiempos y algo va cambiando en Disney, resulta que ¡es el beso de amor casi materno-filial de la supuesta malvada bruja el que despierta a Aurora de su sueño! Para ser sincero, según se aproximaba el momento, no era muy difícil predecirlo, pero lo verdaderamente bueno y rompedor ocurre un momento antes: las torponas hadas madrinas convencen desesperadas al muy secundario príncipe Philip para que bese a la muchacha... ante los razonables reparos de este, que explica que está dormida y que además la acaba de conocer, y bueno, aunque no lo diga explícitamente, da a entender que le parece guapa y simpática, pero amor, lo que se dice amor, (al menos de momento) no siente por ella. Su beso, evidentemente, fracasa.

"¿Seguro que no le huele el aliento?"

Y así, sin más miramientos, la película se burla de la noción del amor a primera vista, y cuestiona leve pero inequívocamente hasta qué punto es ético besar a un persona a la que acabamos de conocer y está dormida y/o en coma. Dos conceptos fundamentales en la película original de animación, así como en otras obras, tanto de Disney como de otras compañías.

Así que como decía, por segunda vez en muy poco tiempo, Disney nos sorprende con una nueva película en la que subvierte los clichés que ella misma ha afianzado e incluso creado durante tantos años, y no sólo eso, sino que se burla de ellos. ¿Es una casualidad? ¿El hecho de que la autora del guión sea una mujer, igual que en Frozen, ha influido en algo? ¿Estamos viendo el inicio de una nueva era en los guiones, o es todo un chispazo de originalidad y progresismo que se desvanecerá pronto?

Estaremos pendientes a la próxima peli de la factoría...

sábado, 17 de mayo de 2014

Sobre la "maldad" de las mujeres

El otro día, durante un almuerzo, alguien pronunció la conocida frase.

"Es que las chicas somos más malas".

Hay muchas variantes: "las chicas son mucho más malas", "las chicas son peores", "las chicas son más cabronas", etc. Todas básicamente aludiendo a lo mismo, y en muchas ocasiones pronunciadas en primera persona del plural; es decir, por una chica que se incluye a sí misma y a sus compis de género en el club de la maldad.

Cada vez que la escucho, me subo por las paredes, y entro en un acalorado debate que se salda sin ningún resultado: ambos bandos acaban reafirmándose en sus posiciones, sin importar los argumentos que se den. Sin embargo, creo que hay numerosos argumentos para tirar por tierra este manoseadísimo cliché, pero si algo se demuestra día a día, es que es muy difícil enfrentarse a un estereotipo. Si la conciencia popular ha decidido que la gente del país X es antipática, que las rubias son tontas o que el universo gira alrededor de la Tierra, porque "se sabe", "siempre se ha dicho", "es evidente" y demás razonamientos, ya puedes darte de cabezazos contra la pared, que la sentencia ya está dada.

Pese a todo, vale la pena luchar contra la corriente y poner en tela de juicio determinadas cosas, y esta, en mi opinión, es una de ellas: no, no pienso que las mujeres en general sean "más" malas o malas a secas, así, estadísticamente hablando. Es más: creo que puestos a generalizar, se podrían encontrar números que más bien indicarían lo contrario, que la maldad se haya más frecuentemente en los hombres. Puede que alguien haya leído hasta aquí y esté flipando, pero sigue leyendo: a continuación voy con lo interesante, los motivos objetivos por los que defiendo esta idea. Antes de empezar, una puntualización crucial: hago una distinción muy clara entre lo que puede llamarse "maldad" entre comillas (criticar a alguien, no ser buen compañero de trabajo, etc.), y Maldad, con mayúsculas y en negrita: matar, violar... En mis argumentos hablo de este segundo tipo de maldad, que es la que considero que merece ese nombre. Van en forma de lista:

  • El número de asesinos de sexo masculino que ha habido en la historia es superior al número de mujeres. Según las estadísticas de la policía norteamericana, un 15% de los asesinos en serie han sido mujeres.
  • Cuando una ONG interviene en una población desfavorecida, por ejemplo para enseñar técnicas sanitarias o de cultivo de alimentos, centran la educación en las mujeres de esa comunidad. ¿Por qué? Porque ellas extienden ese conocimiento educando a su vez a los demás. Los hombres lo usan en provecho propio. Con las concesiones de microcréditos para generar economía local a menudo ocurre lo mismo. Puedes leer por ejemplo este artículo que explica el caso concreto del uso de microcréditos en Bangladesh, y cómo la mejora de la situación de la mujer influía en toda la familia, frente a lo que ocurría si se le prestaba el dinero a los hombres.
  •  Los dictadores que existen o han existido hasta hoy han sido todos hombres. Durante la discusión que mencionaba al principio de la entrada, se mencionó a Margaret Thatcher, pero supongo que por mucho que odiáramos todos a esta tipa, no resiste una comparación con (por ejemplo) su amiguito Pinochet, y no cabe la palabra "dictadora". No es lo mismo ser cuasi dictatorial que ser literalmente un dictador. Eso por no decir que cada Margaret Thatcher hay unos cuantos equivalentes masculinos. El argumento con el que se me respondió entonces era que esto era porque las mujeres no lograban llegar al poder, así que la presunta legión de mujeres malvadas nunca lograba llegar a realizar su sueño de ser dictadoras. Este argumento abre una serie de problemas distintos: ¿Quiénes les impiden llegar al poder y por qué no hacen lo mismo con los dictadores hombres que sí llegan? ¿El hecho de de impedir que alguien dirija un país por ser mujer no es ya en sí mismo una demostración de, sino maldad, al menos injusticia? ¿El hecho de que el machismo imperante impida a la mayoría del mundo tener dirigentes femeninas es algo "positivo"?
  • El porcentaje de mujeres en prisión es bastante menor al de hombres. Según esta página, en toda Europa oscila entre el 4 y el 6% del total, siendo el porcentaje más alto el de Portugal, que asciende al 10%; en España por nuestra parte rondamos el 8%. Evidentemente no es un lugar fácil para nadie, pero por lo que he estado leyendo además, las mujeres particularmente pagan un precio extra por estar en la cárcel, sufriendo con mayor frecuencia que los hombres violaciones y abusos por parte del personal. La tasa de contagio de HIV en prisión es bastante más alta para las reclusas. Por otro lado, dado el menor número de prisiones femeninas que hay (en España por lo que he leído sólo hay cuatro; existiendo además centros mixtos), históricamente ha habido una tendencia a construirlos sin plantearse sus diferentes necesidades. La verdad es que el tema da para mucho, y a poco que leas te das cuenta de que la desigualdad sexual se multiplica en este mundo. Por cierto, parece un poco ridículo tener que decirlo, pero es evidente la conclusión que se saca de que el porcentaje de mujeres presas sea sensiblemente menor, ¿verdad?
  • Si bien evidentemente todo el mundo sale dañado en un conflicto armado, la mayoría de los refugiados son mujeres y niños. En una guerra, las mujeres (y los niños) se enfrentan al riesgo añadido de ser violados. Durante mucho tiempo este crimen no tenía una consideración aparte como crimen de guerra, ya que se daba por sentado que era "normal" en el contexto de una guerra. Podría poner ocho mil quinientos enlaces para ilustrar este punto, pero en fin, casi te diría que cojas cualquier guerra y ahí tienes un ejemplo. En la guerra de Bosnia, por poner un caso, había incluso campos dedicados exclusivamente a la violación de mujeres y niñas. Puedes leerlo aquí, con bastante más información en la versión en inglés.
  • Hablando de violaciones, la mayor parte de las víctimas de la trata de personas son, de nuevo, las mujeres y los niños (según esta página, el 80%). ¿Alguien duda del sexo de la gran mayoría de los clientes de este "negocio"? 
Seguramente podría seguir, y cada uno de los puntos podría ampliarse hasta dedicarles artículos y hasta libros enteros que los investigasen en profundidad, pero creo que en definitiva ya queda claro lo que quiero decir. Estos días todos hemos escuchado la noticia del secuestro, por parte de la organización terrorista Boko Haram, de unas 200 niñas que iban a examinarse en un instituto de Nigeria. Dicho grupo defiende una filosofía integrista (su nombre básicamente significa "La educación occidental es pecado"), y una vez declararon la autoría del secuestro, explicaron que las chicas no debían estudiar, sino casarse, ya que las niñas "a partir de los nueve años son aptas para el matrimonio". Todo esto me parece muy significativo y casi metafórico de todo lo que trato de decir aquí: en el mundo entero, las mujeres son oprimidas, violadas, silenciadas y básicamente anuladas de cientos de maneras distintas, y en la mayor parte de los casos, los autores de estos crímenes son... hombres.

Si has leído el artículo hasta aquí, sólo quiero darte las gracias, y pedirte que la siguiente vez que oigas, o te entren deseos de decir tú mismo/a, la frase de marras, pienses en al menos alguno de los puntos de que he mencionado más arriba. Mi opinión es que esta noción procede no del conocimiento ni de datos concretos, sino del machismo y la misoginia que imperan en el mundo, que llegan al punto de que incluso las propias víctimas de la frase la han interiorizado como cierta. Creo que necesitamos borrarla ya de una vez de la consciencia colectiva.

Y una última petición: si no estás de acuerdo conmigo y opinas que sí, que las mujeres son más malas, sólo te pido que en los comentarios expongas argumentos objetivos, y fuentes y ejemplos para apoyarlos, como he hecho aquí, y que recuerdes la distinción que he hecho al principio sobre la maldad y la Maldad.

Por cierto, casualmente, una vez acabado el almuerzo del que hablaba al principio de la entrada, reparé en el mantel de papel sobre el que habíamos comido.

Sí, eso que ves son manchas de grasa de la comida

Y si sabes euskera, lo podrás leer y verás que es... un poema feminista. A veces hay casualidades raras.

jueves, 24 de abril de 2014

Derecho de admisión en los dibujos animados

Recientemente, el animador, director y productor Giancarlo Volpe (podéis seguirle en su cuenta de Twitter @Giancarlo Volpe) publicó en su página de Tumblr un interesante cómic en el que explicaba la trastienda de la creación de su serie Linterna Verde: la serie animada (Green Lantern: The Animated Series). En este pequeño cómic, que a continuación podéis leer traducido, se pueden observar una serie de cosas que llaman la atención. El cómic relata el desarrollo de un grupo focal o focus group en inglés, un tipo de estudio de mercado en el que tras proyectar al público diana un capítulo o película, durante el cual los asistentes indican con un mando lo que les va gustando y lo que no, se les hace a continuación una entrevista dirigida y se observan sus reacciones y opiniones.

A continuación os dejo con el cómic (se amplían las imágenes haciendo clic):











El cómic tiene bastante que rascar. En principio parece confirmarse que estadísticamente las niñas prefieren los contenidos "emocionales" y los niños los de acción. Sin embargo, me surgen algunas dudas. El hecho que de que la emoción de ambos vaya en aumento de forma pareja hasta llegar al clímax del capítulo me hace pensar que quizás, aunque objetivamente muestren una predilección o rechazo por cada uno de los tipos escena, la conjunción de ambas cosas les está implicando en lo que ven. Por otro lado, no sé hasta qué punto se puede descartar la presión grupal en una proyección colectiva como esta, y que la gente gire el dial según lo que sienten que "debe" gustarles.

La conclusión final del cómic y del propio Giancarlo Volpe es que este tipo de estudios dan unos resultados muy manipulados y poco fiables, pero hay otro elemento más que llama mucho la atención: si bien los grupos de niños están segmentados por grupos de edad, a las niñas las juntan todas en un mismo grupo. Sí: al parecer, para los estudiosos del marketing televisivo, es igual una niña de siete años que una de once (!). El cómic no entra en detalles, pero además parece deducirse que si esto es así, por tanto entre el público habría muchas menos niñas.

Este sesgo tan evidente y llamativo revela bastante sobre la industria de la televisión y sus opiniones sobre el público. En general, existe la creencia, de la que ya he hablado antes, de que las obras de ficción protagonizadas por chicas son percibidas como "para chicas" y espantan a los chicos, mientras que aquellas protagonizadas por chicos son para todo el mundo. Por tanto, no sólo se procura que el protagonista sea un hombre, sino que además se procura que la proporción de mujeres sea inferior sensiblemente (existen estudios que demuestran que si el número de chicas y chicos es equilibrado, la audiencia al parecer percibe el número de chicas como mayor, lo que demuestra hasta qué punto está acostumbrado a que las chicas sean la minoria). Casi siempre esto se traduce en la presencia de una única chica en un grupo de amigas, quizá dos como mucho (y entonces lo típico es que una será tradicionalmente femenina y la otra más mas viril).

La banda del patio

Al parecer, gran parte del miedo de las productoras por gustar "demasiado" a las niñas proviene de la percepción, supongo que también contabilizada estadísticamente, de que las niñas no compran muñecos. Y no nos vamos a engañar: el objetivo final de cualquier peli, serie o dibujos dirigidos a niños es vender todos los juguetes posibles. El problema es que es difícil saber si esta creencia tiene una base real, o si es lo que a veces se conoce como "profecía autorrealizada" o "Efecto Pigmalión": su poca fe en que las niñas comprarán muñecos femeninos hace que no saquen éstos a la venta o si lo hacen no los publiciten adecuadamente, con lo que finalmente ellos mismos están provocando que se cumplan sus predicciones negativas.

Mi opinión es que, finalmente, la mayor parte del público responde positivamente cuando se le ofrece algo de calidad y los altos cargos al mando le dan un verdadera oportunidad de tener éxito. Realmente da igual si dicha obra está protagonizada por un chico, una chica o un robot. A lo largo de la historia reciente ha habido un montón de obras de ficción protagonizadas por chicas que han triunfado sin ningún problema (a bote pronto me vienen a la mente los éxitos masivos de Los juegos del hambre o Frozen), así como casos de lo contrario. El verdadero problema creo que está en que los que se encargan de tomar las grandes decisiones, los que  levantan o bajan el pulgar, muchas veces se siguen aferrando a creencias que el tiempo ha ido desmintiendo...

Con suerte, el tiempo también les irá cambiando a ellos, antes o después. Esperemos.

"¿Me estás llamando anticuado?"

Esta entrada está basada en en este artículo de The Mary Sue. Gracias a Giancarlo Volpe por dar su permiso para traducir y publicar el cómic aquí, y a Andrés por su ayuda con la parte técnica al encajar los textos para la traducción.

jueves, 10 de abril de 2014

Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! (2013), o cómo definirse a uno mismo

Guillaume Gallienne nos presenta, en esta curiosa mezcla de drama y comedia biográfica de origen teatral, un puñado de situaciones e ideas que, por curioso que parezca, son bastante inéditas o como mínimo infrecuentes en el mundo del cine de temática LGTB. Si no has visto la peli todavía, y te la recomiendo, ten cuidado porque a continuación vienen SPOILERS:

Cuando un director se enfrenta a la idea introducir elementos LGTB en su película, ya sea de manera accesoria o como parte del tema central, existen cientos de maneras de hacerlo, y en líneas muy generales se puede decir que la cosa ha ido por oleadas, como ya comentábamos hace un tiempo. Simplificando mucho, cuando comenzó a existir la amplitud de miras suficiente como para tratar estos temas, el tono era, podríamos decir que paternalista. Se trataba de echar un cable a un colectivo ignorado, temido y despreciado por muchos, y no, no hablo de los X-Men. Desde una perspectiva bieninitencionada y amable, empezaron a surgir personajes secundarios que, aunque eran gays o lesbianas, eran básicamente gente maja y servían de mejores amigos/as para el o la protagonista de la peli o serie en cuestión. Le daban consejitos, le ayudaban a arreglarse para esa cita, etc. Muy pronto llegarían también los personajes centrales que sufrían por la homofobia, el acoso escolar, el SIDA y demás situaciones dramáticas. El objetivo de estas películas era, simplificando mucho, dar pena al público heterosexual medio, y hacerle ver que los gays eran también personas y sufrían. Esta frase tan sonrojantemente obvia que acabo de teclear era sin embargo un paso previo para poder avanzar en la cuestión, y por ello sería injusto y facilón echar por tierra desde la perspectiva de hoy a películas como Philadelphia, que abrieron la brecha del cine comercial cuando la cosa era muy distinta a la situación de ahora.

Pasada esta fase de transmitir moralejas al espectador, se fue poco a poco ampliando el abanico de películas y series que no trataban de enviar ningún mensaje "solidario", sino que se limitaban a contar la peripecia personal de un protagonista cualquiera que entre otras cosas resultaba ser LGTB (principalmente G o L, siendo sinceros). Ya no se trataba de que te compadecieras de nadie ni de que te rieras con las gracias de Stefano, el peluquero de confianza de Jennifer: se trataba de ver si Johnny conseguía acabar con Derek y ser felices y comer perdices. No está prohibido sacar el acoso, la homofobia o el SIDA, como elementos del guión, pero ya no es de recibo que ese sea el problema central de la trama (a menos que la trama se sitúe en un entorno más atrasado en este asuntos).

Y en este escenario en el que ya vamos teniendo pelis y series de este estilo (lo único que nos falta ahora es que lleguen de verdad al gran público y no se queden en el gueto de los festivales y los cines alternativos), era posible por fin que apareciera una peli como Guillaume y los chicos.

Porque, en el caso de Guillaume Gallienne, la situación era completamente la inversa: después de toda una vida siendo etiquetado automáticamente de mariquita/homosexual/maricón (cada uno le plantaba un adjetivo según su grado de amplitud de miras), el gran descubrimiento es que él era heterosexual, y fue el molde que la sociedad quiso crear para él lo que le estaba defininiendo.

La originalidad del planteamiento, que en defintiva no es más que la experiencia real de Gallienne dramatizada, abre la caja de Pandora sobre un tema que no es tratado a menudo desde este punto de vista. Es innegable que una parte crucial del desarrollo de la propia personalidad se lleva a cabo gracias a la mirada de los demás, a aquello que, igual que un espejo, nos devuelven cuando nos enfrentamos a ellos.

Guillaume era un "mariquita" de libro: amanerado, amante de la ropa de chica, admirador de Sissi en particular y las mujeres en general, sensible. La peli incluye incluso la clásica escena en que el padre, horrorizado, le pilla vestido de chica.

El recorrido de Guillaume hasta llegar a su salida del armario inversa es complicado y espinoso, e incluye varios amores desengañados, muchas burlas y amenazas, y alguna visita a la discoteca con resultados inquietantes o simplemente desagradables. La película finalmente va por otros derroteros, pero me parece interesante resaltar las aventuras de Guillaume por el mundo de una discoteca de ambiente.

Así como en aquellas películas y series buenrolleras que mencionaba antes se solían presentar los bares de ambiente como lugares coloridos y llenos de sonrisas, la película deja muy claro que para Guillaume, este es un mundo completamente alienígena y un tanto inquietante. Él, que viene de una sociedad de gente pijilla, elegante y correcta, de repente se ve sumergido en un submundo de pectorales marcados y ropa ceñida, miradas frías y arrogantes, música techno y ligues que le tratan como un objeto. Finalmente Guillaume no era gay y este no era su mundo, pero la pregunta que queda en el aire, es ¿y si no hubiera sido heterosexual, habría encajado en este sitio? ¿Hay algún gen asociado a la homosexualidad que garantice un determinado físico y un determinado tipo de bares o discotecas? No, la peli no responde a esto. Otra vez será.

Narrada con un cariño y una generosidad por su familia y su entorno palpables (el actor pefectamente podría haber quedado lleno de rencor hacia su familia y hacia la sociedad por todo todo lo que le hicieron pasar), la película en cambio hace una reflexión sobre la dificultad de encontrarse y escucharse a uno mismo entre el barullo de los que desde el principio ya te han etiquetado y han elegido por ti lo que puedes ser. A mayor o menor escala, todos nos enfrentamos a esto en nuestro día a día: esto no te pega, cómo vas a hacer tú eso, no pareces tú. Es inevitable que el entorno te vaya conformando y definiendo.
Pero, en última instancia, tu identidad está en tus manos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El sexo por defecto

En alguna ocasión, James Cameron, el director de cine, ha explicado su truco para crear los numerosos personajes femeninos independientes y bien definidos que ha creado (la teniente Ripley de Alien, Rose de Titanic, Sarah Connor de Terminator...). El truco es simple y al mismo tiempo muy revelador: empieza escribiendo el guión como si fuesen personajes masculinos, y al terminar, les cambia el sexo. Como quien le da la vuelta a un calcetín.

En definitiva el truco digamos que funciona. Se pueden decir un montón de cosas sobre James Cameron y sus películas, cosas buenas y malas, pero es innegable que ha dejado para el recuerdo un buen puñado de personajes femeninos icónicos, y no todos ellos giraban siempre en torno a un hombre; la teniente Ripley siendo el ejemplo perfecto. Pero es inevitable plantearse las implicaciones del truco de marras. Para crear un personaje femenino, partimos de uno masculino.

Suena un poco a Adán y la costilla, ¿no?

La realidad es que en el mundo de la ficción, el masculino es el sexo por defecto, y el femenino la excepción. Cuando hablamos de una peli de acción, y esta está protagonizada por una chica (mi debilidad en cuanto a pelis de acción, debo decir), en seguida se subraya el hecho de que quien reparte las hostias es una chica. Quizá, y yo el primero que lo hace, se buscan subtextos feministas en la trama. Cuando una película está protagonizada sólo, o principalmente por chicas, es etiquetada como película "de mujeres". Si la protagonizan hombres, esto es lo "normal", y por tanto las etiquetas son más bien sobre el contenido en sí de la película: terror, drama, comedia, etc. Cuando se crea una serie infantil, el público al que irá dirigida, niños o niñas o ambos, es lo que decide el sexo de la mayor parte de los personajes. Entre las productoras de animación, el mantra es que algo protagonizado por niños puede ir dirigido a todos los públicos, pero algo protagonizado por niñas, va dirigido exclusivamente a niñas.

Si queréis un ejemplo reciente, cuando hace un par de años Disney lanzó su película Enredados, el título escogido (Tangled, en inglés), no fue desde luego casual. El cuento en el que se basaba era Rapunzel, nombre de la muchacha protagonista de la historia. Pero el temor de los altos mandos de Disney era que si le plantaban a la peli un título de nombre de niña, sumado a que la protagonista era una ídem, los niños correrían en dirección contraria, quizás a ver Transformers XXVIII: la venganza. ¿Solución? Un nombre que es un adjetivo, y por tanto carente de género en inglés, y una campaña promocional que dejaba clarito, me estáis oyendo, niños del mundo, que junto a la rubita de pelo largo había un muchachote fuertote.


Imagínate uno de sus pelos en la sopa...

Como todas las reglas, esta ha tenido sus excepciones que la confirman, y así tenemos clásicos modernos de la animación como Las Supernenas, o más recientemente el increíble caso de Mi Pequeño Pony: la magia de la amistad, la versión más reciente de la franquicia basada en los famosos juguetes. La serie en cuestión evidentemente iba dirigida a un demográfico concretísimo: sexo femenino y corta edad. Pero, gracias a un buen trabajo de guión, un humor algo iconoclasta, una animación colorida y vitalista pero no ñoña, y unos personajes bien perfilados e interesantes, oh milagro, se desató el fenómenos de los bronies: fans de la serie que ni eran niñas ni eran de corta edad.

Las chicas son guerreras. Y ponys.

Los ejemplos en el mundo de la ficción son innumerables y podría seguir y seguir, pero ocurre que, como suele pasar con la ficción, esta no es más que un reflejo de la realidad. Como explicaba al principio, la cosa no es nueva, y ya desde los tiempos de la Biblia con el tema de Adán y la creación de Eva a partir de él, el concepto de que el masculino es el sexo por defecto siempre ha estado presente. Esta idea, que me temo que todos tenemos enraizada en la cabeza fuertemente, y yo el primero, tiene un montón de consecuencias prácticas, negativas para ambos sexos. Ahí van unos ejemplos y alguna excepción de las que confirman la regla:

  • En una situación de guerra o catástrofe, se consideran más valiosas las vidas de las mujeres, y los hombres digamos que son hasta cierto punto "desechables". Sí, desde luego no se me escapa que hay una posible explicación a esto en tanto que sólo las mujeres pueden quedarse embarazadas y procrear... 
  • Vas por la carretera, y el conductor de delante hace determinada maniobra peligrosa. ¿Qué ocurrirá si se trata de un hombre? Que le pondremos a caldo. ¿Qué ocurrirá si se trata de una mujer? Que alguien dirá la frase lapidaria: "Mujer tenía que ser". Cuando un hombre hace algo, le calificamos a él personalmente. Cuando una mujer hace algo, representa a la totalidad de las mujeres del mundo. Dado que el hombre es el sexo por defecto, lo que hace la excepción adquiere valor universal.
  • En el mundo anglosajón, y otras culturas, una mujer al casarse adopta el apellido de su marido. Quizás en algunos caso lo une al suyo con un guión. En extrañísimas y contadas ocasiones, él adopta el apellido de ella. Es decir: el apellido de él es el apellido por defecto.
  • Los nombres de muchas profesiones se utilizan en masculino, evidentemente porque hasta no hace tanto sólo las desempeñaban hombres. Llegada la situación actual, o bien es necesario especificar el género pegándole la palabra "mujer" (mujer policía, mujer bombero), o bien, en español por ejemplo, encasquetamos una -a al final, y conseguimos un palabro que no termina de sonar muy normal: la médica.
  • Un ejemplo inverso: en el mundo anglosajón un enfermero es definido como male nurse. Ya sabemos de qué sexo eran históricamente la gtan mayoría de las enfermeras... 
  • En política, un alto cargo ostentado por una mujer es siempre algo digno de resaltar. No es sólo un político, es una mujer que es político (¿política?). El hecho de ser mujer la define, se especulará sobre la forma en que su feminidad influye en sus decisiones como político, y desde luego se mirará con lupa la ropa que lleva. De un político hombre se analiza exclusivamente su labor, porque no es un hombre-político, es un político a secas.
  • La ropa unisex es básicamente ropa masculina apta para mujeres, no viceversa. Lo que viene a decir que el cuerpo de un hombre es el cuerpo por defecto. 

Y podríamos seguir y seguir. Hace unos días se celebraba el Día de la Mujer Trabajadora. Aquí tienes un puñado de ejemplos más de por qué dicho día sigue siendo, desde luego, necesario.


domingo, 2 de marzo de 2014

Campo de batalla: la alfombra roja

Esta noche tendrá lugar la ceremonia de entrega de los Oscar, y habrá un momento en particular que muchas personas esperarán con intriga: el momento en que Cate Blanchett cruce la alfombra roja. La cuestión es: ¿qué harán los cámaras? ¿Qué hará ella? ¿Se repetirá esto?



Para los quien no la hayan leído, en la gala de los SAG, un cámara hizo un barrido de los pies a la cabeza del vestido dentro del cual estaba metida Cate Blanchett. La actriz se sintió tan despersonalizada como la frase que acabo de escribir, y en un gesto sin precedentes en una alfombra roja, se agachó para buscar con la vista el objetivo, y le preguntó al cámara si este tipo de planos se los hacían a los chicos también. Evidentemente la pregunta era retórica...

Por otro lado, en otro acto de rebeldía alfombril, en la ceremonia de los Globos de Oro (sí, ya sabes, "la antesala de los Oscar") de este 12 de enero, la actriz Elizabeth Moss, cuando se vio expuesta a la Mani-Cam (un invento del canal E! que consiste en una mini alfombrita roja donde las actrices exponen su manicura), ni corta ni perezosa giró la mano y le sacó el dedo corazón a la cámara, la cual cortó la toma al instante y con increíbles reflejos. Pero ahí quedaba la pequeña declaración no verbal de principios de Moss.


Entre esto y lo de antes, los cámaras de E! no ganan para sustos

El análisis de los modelitos que lucen las actrices en las entregas de premios se ha convertido, desde hace ya mucho, en una parte crucial de todo asunto. Algunas revistas de cine le dedican secciones. Las revistas del corazón se lanzan en plancha al asunto, y elaboran listas de la más elegantes, las más atrevidas, las peores vestidas, etc. Según el medio que cubra el asunto, el interés de todo se desplaza desde su sentido digamos primigenio (los logros artísticos de los intérpretes) hasta prácticamente sólo el aspecto estético. Sí, sí, vale, Fulanita Pérez estaba nominada al Óscar por su emocionante interpretación de una campeona de natación que lucha por la gloria mientras se enfrenta una enfermedad incurable a la vez que descubre que fue adoptada. Pero aquí lo que de verdad nos importa es saber si iba guapa o qué. Mención aparte merece todo el tema de la relación edad-belleza de Fulanita, y ay de ella si el cirujano de turno no ha logrado hacer un buen trabajo: la misma industria que la presiona para que se mantenga permanentemente atractiva, le caerá encima salvajemente para despedazarla.

Generalmente, los hombres se han visto más a salvo de este juicio y ejecución pública, partiendo ya de la base de que sus trajes de etiqueta son infinitamente más homogéneos y uniformes (el esmoquin y el traje de chaqueta tienen sus límites, aunque los hay que están dispuestos a ponerlos a prueba), y los peinados y complementos masculinos tampoco tienen un gran peso. Sí es cierto que desde hace unos años hemos empezado a ver, con cuentagotas, a algún que otro hombre siendo objeto del escrutinio público tras haber pasado por el quirófano sin resultados positivos (el pobre Mickey Rourke es casi el Santo Patrón de los Hombres Mal Operados: en cualquier reportaje que hable de este tema, ten por seguro que le nombrarán, con la fotito de rigor del antes y el después).

Así que una vez más nos encontramos con un ejemplo más de la mujer empleada como florero, como objeto bello y decorativo, que no sólo debe responder de su trabajo oficial como actriz o cantante o abogada, sino que también está tácitamente obligada a ser bella y seductora. Sí, lo entiendo: finalmente las entregas de premios son fiestas, y como tales cada uno trata de llevar sus mejores galas y estar lo más guapo/a posible, pero ¿justifica esto que en muchos casos se termine hablando más del look que del mérito artístico de las actrices? ¿Deben las mujeres aceptar que las cámaras las escaneen de arriba abajo cual código de barras?

Veremos si la gala de esta noche nos trae alguna sorpresa más de este tipo. Para acabar, una foto para el recuerdo de otra actriz nominada que decidió también pasarse las normas no escritas por el forro...

En la redacción de esta entrada ningún animal sufrió daños