viernes, 3 de mayo de 2013

La chica del grupo

Recientemente finalizaba la segunda temporada de Pulseras Rojas (Polseres vermelles, en su nombre original en catalán). Para los que no la conozcan se trata de una serie ambientada principalmente en los pasillos de un hospital, donde un grupo de pacientes de muy corta edad (algunos adolescentes y otros directamente niños), varios de ellos víctimas del cáncer, forman una pandilla estrechamente unida: los Pulseras Rojas. La serie cuenta con unas interpretaciones sobresalientes por parte de unos actores jovencísimos, pero capaces de encarnar sus personajes con una naturalidad y credibilidad desarmantes. Los guiones están marcados por un tono profundamente emotivo e idealista, a menudo girando en torno al tema de la lealtad, la tenacidad ante las adversidades (el nombre del personaje principal, Lleó, "León", no es arbitrario, desde luego), el apoyo mutuo, la amistad y la esperanza. Tengo que reconocer también que además de emocionarme a menudo, la serie también fuerza un poco mi credibilidad en ocasiones, con unos diálogos que a veces se pasan de poéticos y filosóficos, sobre todo cuando salen de la boca de unos adolescentes, o con determinadas tramas o comportamientos un tanto inverosímiles. Pero se le perdona, porque casi siempre lo que chirría es un cierto exceso de idealismo, y en el fondo uno querría que el mundo fuera así.

Pero a lo que iba es a la curiosa teoría que un personaje expone en el primer episodio y que vertebra la organización de la pandilla: los roles de cada miembro. Lleó es el líder, Jordi es el segundo líder, Toni es el listo, Roc es el indispensable, Ignasi es el guapo... Cristina es la chica.

Si te fijas en los roles de cada miembro, te darás cuenta de que todos son adjetivos, excepto en el caso de Cristina. "La chica". Si piensas en los grupos de amigos que conozcas o hayas conocido en tu vida, seguramente observarás estructuras de todo tipo. En líneas muy generales sí se puede decir que a menudo puede haber un líder, y quizás también un segundo líder que sirve para ejercer de contrapeso. Otro puede ser el gracioso, otro quizás el integrador, el que se esfuerza en tender puentes para que todos estén unidos. En realidad estos roles pueden perfectamente solaparse en una sola persona, o pueden incluso estar ausentes: hay grupos sin líder, completamente horizontales.

Pero, sobre todo, el problema es que el ser chica no es un rol en sí mismo.

Este es uno de los clichés de género más fácilmente visibles en los medios. En muchas ocasiones, efectivamente en un grupo por defecto masculino, la principal cualidad distintiva de la chica es ser chica. Esto va acompañado de una serie de cualidades estereotípicas: la chica es la dulce, la que calma la ira del líder, la que se preocupa de los niños, la coqueta, la guapa (imprescindible: como miembro de compromiso de su sexo, es obligatorio que sea atractiva). Si la serie es de acción, no esperes demasiada ídem por su parte. Más bien espérate que la secuestren, o que apele a la humanidad del enemigo, o que proteja al civil de turno. Incluso es posible que tenga poderes curativos.
 
En su primera aparición, en Sonic CD, Amy Rose se limitada a perseguir a Sonic soltando corazoncitos, hasta que la secuestraban. En juegos posteriores adquirió un martillo y se puso las pilas.

 Si es espabilada, con suerte puede que sea hábil con las tecnologías, las lenguas, el análisis de datos y ese tipo de cosas, y ayude al grupo desde la base de operaciones, por ejemplo. Si en la serie los personajes van asociados a un código de colores, ella será "la rosa".
 
En los Power Rangers había una segunda chica, "la amarilla", que era más atlética y menos tradicionalmente femenina. Observar que sólo la rosa lleva una faldita sobre el uniforme. 
Los gatos samurais eran una de mis series favoritas, pero tampoco escapaban al cliché. El poder de ella era "el amor".


Este estereotipo suele estar presente mucho más claramente en series y dibujos animados dirigidos a niños, sobre todo si es a niños de sexo masculino (si la serie va dirigida a niñas, por necesidades argumentales y estéticas no todos los personajes pueden tener la misma personalidad estereotipadamente femenina, ni vestirse o ser de color rosa, porque obviamente sería absurdo tener un grupo de personajes idénticos entre sí).

Ni siquiera Pocoyó se escapa a la maldición de la amiga rosa.


A menudo, la presencia de "la chica" tiene un uso muy concreto: ser la novia del protagonista. La palabra clave es la preposición "de". En el microuniverso que es la serie, su razón de ser es ser novia de alguien. En una serie centrada principalmente en la acción, es posible que los autores, por echarle un poco de sal a la trama, incluyan una pequeña subtrama romántica, y para ello es imprescindible sacarse de la manga a alguna amiga con poco peso en el resto de la trama. Según la edad a la que vaya dirigida la obra esto será más o menos imprescindible. Para los niños muy pequeños cualquier subtrama romántica sobra, y la chica en cuestión quizá será más una molestia inofensiva que insista en que no pisen las flores al correr.

Su nombre en la versión española era... Rosita.


Para los recién llegados a la adolescencia el tema empieza a cobrar importancia pero aún no pretenden lidiar con ello de frente, por lo que la chica tendrá un mayor peso pero no dejará de ser secundaria: la típica novia/amiga del protagonista de un manga de acción. 

Su especialidad es curar. Su nombre significa "Flor de cerezo".

Y según el segmento demográfico vaya creciendo, con suerte, empezarán a aparecer chicas de personalidades bien definidas y con objetivos e intereses independientes de los chicos. Y llegados a este punto, la serie o película en cuestión incluso quizás logrará superar el test de Bechdel.


No me mires tan fijamente, Buffy, pronto llegará la hora de dedicarte un artículo... o varios.

En la segunda temporada de Pulseras Rojas, apareció algún personaje femenino importante más, aunque no adquirió un rol propio dentro de la pandilla y el rol como facilitadora de subtrama romántica seguía muy presente.Pero es un principio. Quizás en una posible temporada tres tendremos la oportunidad de ver una pandilla en la que haya más de una chica, y que no se la etiquete únicamente según sus cromosomas, sino que puedan ser la imprescindible, o la lista, o la líder.

Si quieres leer más sobre este tema, puedes leer aquí el interesante análisis que hacen de este fenómeno en TV Tropes, al que llaman The Smurfette Principle, "El principio Pitufina", con decenas de ejemplos.

martes, 26 de marzo de 2013

El romanticismo de la posesión

Muchos conocerán la serie Glee, sobre un grupo de adolescentes que forman un coro vocal en su instituto, en el que se mezclan los estudiantes populares y los marginados de la clase. Recientemente se emitían dos episodios en EEUU, y una de las líneas argumentales impresionó bastante a algunos seguidores de la serie... para mal.

Para los que no vean la serie, les pongo en situación, y para los que sí, queda avisado que a continuación vienen SPOILERS.

Capítulo 16 de la temporada 4: "Feud" ("Enemistad"). La historia transcurre en Nueva York. Rachel, la protagonista de la serie, lleva unos meses saliendo con un chico. Su compañera de piso y amiga, Santana, sospecha algo raro de Brody, el tipo en cuestión, y pronto descubre el qué: es un gigoló. ¿Y qué hace al averiguar algo tan importante? ¿Se lo cuenta al otro compañero de piso y mejor amigo de Rachel para ver cómo se lo dicen? ¿Se lo dice ella directamente? ¿Le advierte a él que se lo confiese a Rachel inmediatamente?

No: avisa a Finn, el ex novio de Rachel, que vive en una pequeña ciudad de Ohio. Este, por su parte, se planta en NY y le hace una emboscada en una habitación. Allí le amenaza verbalmente, hasta que la cosa se va de las manos y empiezan a pelearse a puñetazo limpio. Finn gana la pelea, y le dice "¡Aléjate de mi futura esposa!". 

Montaje fotográfico de la escena realizado por alguien llamado mirisamy en DeviantArt. Con corazoncitos incluidos.


En el siguiente episodio, "Guilty Pleasures" ("Placeres Culpables"), Santana informa a Rachel sobre el trabajo secreto de Brody y lo que su novio le hizo en el capítulo anterior (sí, a estas alturas Rachel sigue sin tener ni idea de nada). La respuesta de Rachel es quedarse boquiabierta, y según refleja su mirada, impresionada.

En esta ocasión no encontré ningún montaje hecho por fans en el que añadieran corazones en los ojos de Rachel.

Muchos de los espectadores, yo incluido, se quedaron igualmente boquiabiertos e "impresionados", pero no para bien, precisamente. ¿Por dónde empezar?

Desde luego trabajar como prostituto sin que tu pareja lo sepa es algo inaceptable. Uno siempre puede reservarse parcelas para sí mismo, porque nadie tiene la obligación de contarlo todo sobre su vida, pero el hecho es que este no es un trabajo cualquiera, y evidentemente tu pareja puede verse afectada por él, no ya sólo a nivel emocional, sino en lo que respecta a la salud incluso. Dicho esto, en la serie no sólo le echan en cara al personaje que no fuera sincero con Rachel, sino también el hecho mismo de ser gigoló.

En las series suelen fantasear un poco en lo que a lo material se refiere (a menos que sea relevante para el guión del capítulo) y ahorrarnos todo lo concerniente a los gastos del día a día que harían imposibles determinadas situaciones. ¿Cómo pagan los amigos de Friends su mega apartamento en pleno Manhattan? ¿Y Carrie Bradshaw, con su sueldo de periodista? ¿Cuándo van a clase y estudian todos los adolescentes de todas las series de instituto? Para no divagar más: la educación universitaria en Estados Unidos es muy cara, y los estudiantes a menudo se embarcan en terribles préstamos para poder costeársela. Normalmente Glee no suele ser muy realista, pero resulta que en esto concretamente no se inventa nada: la prostitución es la salida que muchos estudiantes encuentran a este problema... no sólo al otro lado del océano, claro.  Y dejando eso de lado, cuando se trata una decisión personal, dedicarse a ella es una opción totalmente respetable por muy espinosa que resulte socialmente.

Pero el plato fuerte fue la frasecita de Finn. "Mi futura esposa". Y todo ello tratado como si fuera algo de gran romanticismo, un acto de caballerosidad. Tu ex novio decide por su cuenta pegarle una paliza a tu actual pareja, y también decide que, aunque tú no lo sepas, en el futuro vas a ser su esposa. Y tú mientras tanto, en la parra. Y, ¿qué haces cuando te enteras? ¿Le llamas para echarle la bronca por tomar semejantes decisiones sin ni siquiera decirte nada? No, te quedas impresionada, y te vas al chico en cuestión para decirle que cortas con él porque sigues enamorada de tu ex, y le echas la bronca por no decirte que era prostituto. Y esto último me parece bien, ¿pero no se merecía también una disculpa y una muestra de preocupación porque tu ex novio psicópata, posesivo y maltratador en potencia le haya dado una paliza?  

Irónicamente, en mismo episodio, los compañeros del coro le echan la bronca a otro miembro del grupo por pretender cantar una canción de Chris Brown, el ex novio de Rihanna, que le pegó una brutal paliza cuando salían (y con el cual la cantante volvió recientemente, tras haberle perdonado). Así que el mensaje está claro: está mal en todo caso pegarle una paliza a una chica, pero si se trata de un chico que pega a otro chico para defender el honor de su ex, entonces es algo romántico y admirable. La expresión que me viene a la mente es... doble rasero.

No es la primera vez que esta clase de posesividad es mostrada en una obra de ficción como algo romántico, hermoso y deseable. Otro día quizás hable de cierto vampiro que se dedicaba a espiar a la chica que le gustaba mientras esta dormía, que decidía a qué amigos podía ver ella y a cuáles no, llegando en cierto momento a quitarle el motor al coche de la chica para impedirle ir a visitarlo. Entre otras cosas. 

lunes, 11 de marzo de 2013

El florero real

Hace unos días, el 8 de marzo, se celebraba el Día de la Mujer Trabajadora. Quizás ese día escucharas a alguna gente decir que esta celebración ya no tiene sentido: las mujeres ya pueden votar, ir al ejército, acceder al mundo laboral de igual manera que los hombres, tienen los mismo derechos y obligaciones... ¿verdad?
Pues, evidentemente, no.

No hace falta investigar mucho para confirmar que en España sin ir más lejos los sueldos no están equiparados y el número de mujeres que ostentan cargos directivos es muy inferior al de los hombres (acerca que de esto existe una teoría en psicología que plantea la posibilidad del autosabotaje como posible causa; otro día hablaré de ese tema). Pero hoy voy a hablar de un "cargo" muy particular, que ocupa una sola persona en cada país y que refleja muy bien lo lejos o cerca que hemos llegado: el de princesa. No entraré a valorar la existencia y la relevancia de la realeza en sí.

Seguro que la mayoría recuerda la rueda de prensa de los príncipes en que la que se presentó oficialmente a Letizia Ortiz y explicaron los regalos de compromiso que se ofrecieron mutuamente. Dentro del protocolo que rodea cualquier acto de la realeza, fue todo bastante distendido, y en un momento dado, la futura princesa interrumpió a su futuro marido para pedirle a su vez que no la interrumpiera. Todos los presentes parecieron tomarse con humor el gesto de espontaneidad, y parecía una prueba de que aquella era una relación basada en la complicidad y la confianza... Pero pronto llegaron las consecuencias: ¡interrumpir al Príncipe! A la facción más conservadora del país casi le da un infarto.

Y es que la figura de la Reina ya había marcado claramente la pauta a seguir: la consorte del Rey es una figura casi meramente ornamental. Su función es mantenerse unos pasos por detrás, sonreír con discreción, vestirse con elegancia y sobriedad, saludar amablemente y mantenerse en su sitio. En caso de grave catástrofe o tragedia, está bien visto que la Reina derrame una lágrima (en el caso del Rey esto sería un signo de debilidad), pero prácticamente hasta ahí llega su libertad de expresión. Todos recordamos lo que ocurrió la vez que la Reina habló sin cortapisas, ¿verdad?

El carácter machista de la institución de la realeza se revela ya desde el principio, con la ley de la línea sucesoria. Hasta que no cambien las cosas, el rey sólo puede ser el primer niño varón que nazca. En un mundo ideal, en caso de tener más de un hijo, los padres deberían decidir cuál de ellos tiene mejores cualidades para ser rey sin importar el sexo del niño, o quizás, aceptando ya completamente la naturaleza arbitraria de la propia institución, que el primer bebé en nacer fuera designado futuro monarca, ya fuera niño o niña.

Pero si en España la figura de la Reina es la de una mujer casi completamente anulada como persona, es infinatemente más terrible el caso de la realeza nipona, con el claro ejemplo de la Princesa Masako. Al igual que en España, se trataba de una plebeya de amplia formación, en este caso como diplomática. Había viajado por todo el mundo, habla varios idiomas, y a poco que leas un poco su biografía notarás inmediatamente que se trata de alguien de una gran valía profesional. Sin embargo, una vez se casó con el Príncipe, las cosas cambiaron radicalmente. El hermetismo en torno a la casa real japonesa es casi total, pero por lo que se ha ido filtrando y determinados comentarios dolidos del propio Príncipe Naruhito (en 2004 dijo que se había anulado su carrera profesional y su personalidad), se ha sabido que la princesa Masako sufre una profunda depresión causada por la dificultad de adaptación ante la rigidez del protocolo real. El impacto debió de ser mayor en su caso en tanto que se trataba de una persona acostumbrada a viajar, con la amplitud de miras que eso suele otorgar, y que había llevado una vida bastante libre.

Para la Agencia Real, está mal visto que la consorte tome un papel muy activo en la política, está mal visto ese interés por las culturas extranjeras, y estuvo mal vista su dificultad para dar a luz a un sucesor al trono. Como bien saben los que intentan ser padres, no hay nada peor para lograr quedarse embarazada que sentirse presionada o ansiosa. Y cuando por fin dio a luz... se trató de una niña, la princesa Aiko. Durante un tiempo se habló de la posibilidad de cambiar la ley, pero poco después estos planes fueron dejados de lado al nacer un sobrino varón en la Familia Real. Es decir: una vez dejó de ser imprescindible derogar una ley machista para asegurar el futuro del trono. A día de hoy la princesa Masako continúa sin apenas exponerse al público, recluida en la jaula de oro de la Casa Real y "recuperándose".

Como ya dije no voy a centrarme en el debate sobre si hoy en día tienen sentido las monarquías o no. El hecho es que ahí están, y ya que están ahí, quisiera que al menos dieran un paso adelante hacia la verdadera igualdad de la mujer. Este paso, a su vez, también tendría que darlo la prensa del corazón en su forma de cubrir las noticias que les afectan. La próxima vez que leáis las noticias respecto a la familia real, fijáos en el escrutinio sobre la repetición o no repetición del vestuario de la princesa. Sobre si tal traje fue diseñado por tal modisto.

Y después, buscad a ver si encontráis alguna referencia del mismo tipo referida a los miembros varones de la familia.

sábado, 23 de febrero de 2013

Espinas dorsales de goma

Mirad este curioso dibujito creado por Kevin Bolk y publicado en DeviantART, a ver si notáis algo raro.



En realidad, son varias las cosas "raras". Es raro ver a tantos personajes posando de espaldas. Es raro que en una situación de combate, alguien decida adoptar una pose tan contorsionada. Es raro que el Capitán América no sufra una grave lesión de columna al girar completamente su torso de esa forma. Y es raro que todos los personajes masculinos posen así y la Viuda Negra, la única chica de la imagen, pose en en una postura más anatómicamente natural.

La idea de este dibujo, según explica su autor, le vino al darse cuenta de que en varias de las imágenes promocionales de la película de Los Vengadores que se estrenó el pasado verano de 2012, Scarlett Johansson aparecía posando de esta forma. Darse cuenta de este detalle tiene mérito...

Y es que esto, en realidad, lo hemos visto mil veces: en revistas de moda, en carteles de cine, en portadas de cómics, de libros, en pósters... Se llama coloquialmente la Boobs and Butt pose, la "pose tetas y culo". Y si llama tanto la atención en este dibujo, es porque normalmente son chicas las que se presentan posando de esta manera. No hay que pensar mucho para darse cuenta del objetivo: que se les vean sus principales encantos a la vez. ¡Dos al precio de uno! Tenemos tan asumida la "normalidad" de esta pose que ya no nos planteamos nada al verla. El autor hizo un curioso experimento, en esta ocasión dibujando solamente a un chico, el protagonista masculino de un videojuego. Gran parte de los comentarios son de sorpresa, repulsión y sobre todo risa. No estamos tan acostumbrados a ver a un hombre siendo tan descaradamente usado de adorno sexual como a una mujer en la misma situación, y por eso el verlo nos causa risa o sorpresa. En cambio, usar a una chica de reclamo sexual es el pan de cada día.

La pose Boobs & Butt es la punta del iceberg. La he elegido para comentar aquí porque resulta particularmente frecuente y antinatural, pero existen otras muchas que también desafían las leyes de la anatomía y la física (pero no las de la mercadotecnia). En este blog podréis ver un montón de ejemplos más, algunos incluso con las estructuras óseas delineadas por encima de los dibujos para dejar constancia de su improbabilidad.

¡Vengadores, reuníos! Y llamad al quiropráctico a pedirle hora.

miércoles, 30 de enero de 2013

Detrás del chiste

Hace no mucho tiempo, la gente usaba el e-mail masivamente para reenviar mensajes acerca de personas (ficticias: bastaba buscarlo en Google) que quizás podrían pagarse una operación para curarse si lo reenviabas a cientos de contactos. Otros trataban de supuestas causas a las que apoyar añadiendo tu nombre a la larga lista y reenviándolo (no quedaba muy claro qué pasaba con la gente que no ponía su nombre completo, o ponía un apodo, o cuyo nombre era tan común como para que hubiera varios cientos llamados igual sólo en su región... por no decir que no se explicaba quién se dedicaba a recopilar esos nombres y mandarlos al destino adecuado). Teníamos los clásicos mensajes sobre que el messenger, Hotmail, Facebook, etc. iban a ser de pago a menos que reenviases el mensajito a ocho millones de personas. Y también estaban los chistes.

 La actual herramienta de comunicación masiva es el Whatsapp, y como tal, ya tiene sus propios mensajes en cadena. Incluidos los chistes.

Los chistes, ahí donde los ves, son algo así como una foto polaroid de las entrañas de la sociedad. Sencillos, directos, espontáneos, en ocasiones ingeniosos y graciosos, a menudo efímeros. Directos y sencillos porque no suelen pararse en sutilezas: recogen el pensamiento común más extendido y lo exponen en forma, al menos en teoría, graciosa. Efímeros porque en muchas ocasiones tratan de noticias recientes, y en cuanto el asunto deja de estar de actualidad, el chiste pasa al olvido para siempre.

Otros chistes no se basan en la actualidad, sino en creencias e ideas más arraigadas. Recientemente recibí este (nota: copio y pego tal cual, sin hacer ninguna corrección ni ortográfica, ni sintáctica ni de ningún tipo) explicando por qué Colón pudo descubrir América. Ahí va: 

"Cristobal Colon pudo descubrir America solo porque ¡¡ERA SOLTERO!!
Si Cristobal Colon, hubiese tenido una esposa, habria tenido que escuchar:

-¿Y por que tienes que ir tu?
-¡Nunca vas a ver a tu madre y vas a ir a ver a las Indias!
- ¿Y por que no mandan a otro? que pasa, ¿que tu eres el mas tonto?
- ¡Todo lo ves redondo! ¿Estas loco o eres idiota?
- ¡No conoces ni a mi familia y vas a descubrir el nuevo mundo!
- ¿Que escondes? ¡Ni siquiera sabes adonde vas!
- ¿Y solo van a viajar hombres? ¿Quien se lo va a creer?
- ¿Y por que no puedo ir yo si tu eres el jefe?.... ¡a mi nunca me llevas de viaje!
- ¡Desde luego, ya no sabes que inventar para estar fuera de casa!
- ¡Si cruzas esa puerta yo me voy con mi madre! ¡Sinvergüenza!
- ¿Y quien es esa tal Maria? ¿Que Pinta? ¿Y dices que es una Niña?... ¡Vete a la mierda!... ¡Salido!
- ¿Que la Reina va a vender sus joyas para que viajes? ¿Me crees tonta o que? ¿Que tienes con esa vieja?
- ¡No permitire que vayas a ningun lado! ¡siempre te las apañas para dejarme sola!
- No va a pasar nada si el mundo sigue plano. Asi que no te vistas que... ¡no vas!"


 Ahí lo tienes. Basta leerlo para sentirte transportado a un mundo que creíamos más lejano de lo que estaba realmente: un mundo en el que el feminismo nunca existió. Un mundo en el que las mujeres sólo sirven para limpiar la casa y hacer la comida. Un mundo en el que las mujeres "se van con su madre" (porque ni trabajan ni la casa la han pagado ellas también, claro). Un mundo en el que las mujeres desconfían unas de otras por sistema y creen que todas pretenden "robarle" a su marido. Un mundo en el que los hombres están deseando desembarazarse de la pesada de la "parienta" para irse con los colegas de farra (ella no tiene vida social ni se va de viaje). Casi la puedo ver, con la cabeza llena de rulos y el rodillo de amasar el pan en la mano, gritando desde la escalera, mientras Pedro escapa a toda velocidad en el troncomóvil. 

Y como guinda del pastel, quien me envió este mensaje era una chica. El machismo siempre es dañino, pero me parece especialmente triste y desesperante cuando, como en este caso, da muestras de estar tan enraizado en la mente de la sociedad, que incluso una de sus propias víctimas es incapaz de verlo a dos centímetros de su nariz, y le resulta "gracioso".  

Como decía, los chistes muy pocas veces son inocentes. A menudo contienen una carga ideológica y cultural, más o menos oculta por una capa de comicidad que la puede hacer pasar casi desapercibida. Cuando reenvías un chiste, estás propagando un mensaje. Quizás el verdadero culpable no sea el propio chiste, sino la sociedad que lo ha creado. 

¿Quieres colaborar en mantener inmóvil esa sociedad machista en que la mujer es sólo una máquina de limpiar y cocinar amargada y mandona? ¿O quieres luchar contra ella?

miércoles, 9 de enero de 2013

Pelear por el pelo

El día 1 de octubre del pasado año, un usuario dejó un comentario en la página de facebook de una cadena de televisión estadounidense, explicando que la señorita negra que presentaba el tiempo era muy agradable, pero que tendría que llevar una peluca o dejarse el pelo más largo, y a continuación se preguntaba si quizás la chica padecía algún cáncer.

Obviamente, lo que pasaba es que la presentadora en cuestión, Rhonda Lee, había decidido que su pelo tomase la forma natural que una persona de raza negra tiene: rizado y compacto, y con tendencia a crecer hacia arriba, y no en forma de larga melena lacia, como tantísimas famosas con orígenes africanos. Ante el silencio de la cadena, la propia Rhonda Lee decidió escribir una respuesta a este señor. En ella, con un lenguaje certero y respetuoso, explica que esa es la forma natural de su cabello, que le gusta tal cual es y que no desea hacerse un tratamiento de alisado como tantas otras hacen para que su cabello parezca más "europeo". Y que además con ello espera mandar un pequeño mensaje a sus espectadores, en particular a los más pequeños: que la belleza puede ser de muchos tipos, y que tu aspecto no tiene por qué condicionar tus metas.

Lamentablemente, esto último casi nunca es cierto, y en su caso tampoco lo fue: la cadena KTBS-TV decidió despedirla, basándose en una política interna por la cual los empleados no deben responder a ataques verbales vertidos en internet, a menos que sea con una "respuesta apropiada". Y si la respuesta de la presentadora no lo era, vete a saber cuál podría serlo...Como la propia Rhonda Lee explica, su decisión de llevar su pelo con este estilo le ha traído ya más de un problema, ante gente que ha opinado que quizás era demasiado "racial".

Y llegamos otra vez al corazón de la cuestión, que es como siempre el canon estético, esa camisa de fuerza que mira por encima del hombro y condena al destierro cualquier manifestación de identidad que se salga de sus márgenes. Entramos en terreno pantanoso: hay modelos y artistas de todas las razas famosas por su belleza, y es muy común que en los casos en los que la raza en cuestión no es la caucásica, estas modelos resalten lo orgullosas que están de su herencia genética y/o cultural. Y sin embargo, a menudo nos encontramos con que van...

Con el pelo alisado.
O teñido de rubio.
Con los párpados operados para variar su curvatura.
Con la piel aclarada.
Con la nariz operada para reducirla.
Con los ojos retocados con photoshop para ser verdes o azules.

En resumen: todas las modificaciones realizadas sobre el cuerpo, ya sean con medios quirúrgicos, químicos o tecnológicos, van dirigidas a hacer que la belleza en cuestión parezca más caucásica. ¿Es esto realmente una muestra de orgullo por tus raíces?

Mentiría si dijera que no lo entiendo. La presión de los medios es muy fuerte, el bombardeo es constante, y los modelos que se apartan del canon oficial son escasos... y los que hay, si se atreven a hablar, como la protagonista de esta historia, son atacados y silenciados. Nuestro cuerpo en definitiva es nuestro, y somos libres (en agunas partes del mundo, al menos) de elegir la estética que deseemos. Maquillarnos o dejarnos la cara lavada, ponernos piercings y tatuajes o no hacerlo, teñirnos el pelo de azul o raparnos al cero. Pero vale la pena pararte a pensar si eso que haces, sea lo que sea, lo haces por decisión propia o si es la mano invisible de la presión social de la estética imperante la que te está empujando. A la vez que te hace creer que eres libre. 

sábado, 29 de diciembre de 2012

De óxido y hueso (2012)

Director: Jacques Audiard
Guionista: Jacques Audiard, Thomas Bidegain
La frase: "Claro que encajas aquí".

Cuando una actriz es tan guapa como Marion Cotillard, tiene su mérito hacer una película como esta, en la que prescinde casi totalmente del maquillaje y, para más inri, a los pocos minutos del metraje la protagonista sufre un accidente que la deja recluida en una silla de ruedas, con sus dos piernas cercenadas a la altura de los muslos... Y el director no tiene ningún reparo en mostrarlas constantemente a lo largo de la película, junto a la sangre, el sudor y las lágrimas de sus protagonistas.

El argumento es bastante sencillo: inesperadamente, Ali, un joven rudo y de pocas palabras, se tiene que hacer cargo de Sam, su hijo de seis años. En seguida se hace evidente que Ali no está en absoluto preparado para ser padre, sobreviviendo a salto de mata y alimentando a su hijo como puede, hasta que recala en casa de su hermana (uno de los héroes en la sombra de la película) y su cuñado, que ofrecen al niño y al propio Ali la estabilidad y el techo que por sí solo no puede conseguir. En su recién estrenado trabajo de portero de discoteca conoce a Stephane, una chica de carácter fuerte que trabaja en un parque acuático de orcas. Su primer contacto ya marca claramente sus personalidades: Ali es franco, irreflexivo y de pocas palabras, y Stephane es muy independiente y directa, y le gusta ser observada. Poco después Stephane sufre el accidente que pone en marcha de verdad la trama, y en una decisión sorprendente, la primera persona en quien decide apoyarse, literal y metafóricamente, es en Ali, a quien apenas conoce...

Y poco a poco se entiende por qué: al poco de conocerlo, Stephane se ha dado cuenta de que Ali es el tipo de persona que no va a mirarla con compasión ni va a darle discursos: en lugar de eso la lleva de paseo, a la playa (y aquí la película, a través de la fotografía, introduce uno de sus motivos recurrentes: la luz, impregnándolo todo y colándose en forma de rayos de sol que caen por las esquinas cuando los dos están juntos, como en el mismo cartel). Allí ella vuelve a entrar en contacto con el agua, y una vez dentro ya no importa estar mutilada: se puede nadar sin pies. Al terminar, Ali la saca cargándola a sus espaldas sin aparente esfuerzo, como fortachón que es. Ali lo resuelve todo usando su fuerza física.

A lo largo de la película los personajes, a través de su contacto mutuo (y tienen mucho "contacto": se trata de una película muy física, llena de primeros planos del cuerpo), van evolucionando de forma gradual y sutil. El recorrido de Ali es particularmente tortuoso y en varios momentos no se gana en absoluto la simpatía del espectador, con sus formas amorales de ganar dinero y su incapacidad para cuidar de su hijo Sam.

Desde el punto de vista de los roles de género, la película plantea en principio dos arquetipos bastante clásicos, para a continuación hincar más a fondo el diente y revelarnos dos personajes más complicados de lo que parecía. Ali es el guerrero: es brutal, se abre camino a golpes, no piensa, apenas hace preguntas, no sabe cuidar a su hijo y sólo sabe solucionar las cosas con fuerza bruta. Stephane es la princesa rebelde, y es presumida y le gusta seducir, por lo que cuando su figura se ve destrozada por el accidente sufre un golpe emocional terrible (aunque desde luego lo sería para cualquiera). A lo largo del metraje, sin embargo, ella poco a poco vuelve a abrazar la vida, y en la que es quizás mi escena favorita de la película, recobra la fuerza de carácter que siempre la ha caracterizado: Ali, que se ha metido en el submundo de las peleas callejeras ilegales, está recibiedo una tremenda paliza. Ella tiene que esperar en el coche, porque como le dice el "mánager", nada de chicas aquí.

 La cámara se pone a ras de suelo, y empieza una secuencia a cámara lenta: él, tirado por tierra, la cara llena de sangre y sudor. Casi fuera de campo, la puerta del coche se empieza a abrir, y allí se plantan los pies electrónicos de Stephane y su muleta. Con lentitud pero seguridad, y una elegancia de movimientos que contradice su minusvalía, se adentra poco a poco entre esa maraña de hombres, mirándole fijamente. Y entonces él se pone de nuevo en pie y gana el combate.

Y a continuación, cuando por determinadas circunstancias el mánager de Ali tiene que marcharse temporalmente fuera de la ciudad, cede su puesto a Stephane, y le asegura que sí, ella es perfectamete capaz de manejarse en ese mundo de bestias. Comienza entonces una época triunfal para ambos. La verdad es que toda esta subtrama del mundo de las peleas me parece una muestra más de la irresponsabilidad de Ali, que ya gana dinero de otras maneras (tanto o más turbias) y podría dejar huérfano de padre a su hijo, pero sólo por este momento de superación personal que tanto él como ella experimentan, vale la pena toda la sordidez que lo rodea.

Finalmente la princesa demuestra ser más que una cara bonita, y el guerrero, una vez más a través de la fuerza física (en la impactante secuencia del hielo, y las consecuencias físicas y simbólicas que dejan en Ali), descubre que también dentro de él hay fragilidad, y que también necesita a alguien a su lado. En fin, una película llena de belleza y también de aristas, que se acaba ganando al espectador pese a su dureza, y que posee bastante más esperanza dentro que aquella otra película de 2005 del mismo director con la que comparte bastantes puntos, De latir mi corazón se ha parado.

Antes de acabar, una mención especial para el personaje de Anna, la hermana de Ali, uno de los héroes en la sombra de la película. En ocasiones, en los márgenes de las obras de ficción aparecen personajes como este, que nunca reciben la luz del foco, que no son encarnados por actores tan guapos como los de los roles principales, que no tienen voces bonitas ni grandes momentos épicos con música triunfal de fondo. Y sin embargo, sin grandes alardes, ahí está ella para acoger a su hermano y su sobrino, para darles un techo y comida, para buscarle un colegio a Sam y un trabajo a su padre, y este, el muy descerebrado, no sólo no le dedica un mísero momento a agradecerle todo esto, sino que encima consigue indirectamente (pero no muy indirectamente) que la echen de su trabajo. El mismo director no prestó mucha atención a la pobre Anna, así que este párrafo va dedicado a ella, y a todas las Annas del mundo real.