jueves, 10 de octubre de 2013

Las brujas de Zugarramurdi (2013)

Director: Álex de La Iglesia
Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría
La frase: "¿Pones a tus amigos por encima de mí?"

Antes de meterme en harina, un par de apuntes: como película en general, opino que contiene un puñado de interpretaciones fantásticas (destacando la vis cómica de Mario Casas, que inesperadamente roba la función), un guión con mucho ritmo y lleno de humor, que sólo decae en el tercio final; y en general una factura sobresaliente, sobre todo teniendo en cuenta el ajustado presupuesto con el que se realizó. Una vez más Álex de la Iglesia demuestra su carisma como director y guionista, y su capacidad marca de la casa para crear momentos icónicos: en esta ocasión, un atraco en la Puerta del Sol protagonizado por Bob Esponja, Minnie, un Jesucristo plateado...

A nivel digamos ideológico, sin embargo, el tema se pone espinoso...

Son varios los críticos que la han acusado de misógina, y el propio director en una entrevista respondía que se sentía más misántropo que misógino concretamente. Sin embargo, después de verla no puedo evitar estar de acuerdo con los primeros, y la verdad no es necesario rascar mucho para percibir que todo esto es una gran metáfora (menos y menos velada a cada minuto del metraje) sobre el divorcio y la estúpidamente llamada "guerra de sexos". Una guerra que, tal como se nos presenta aquí, es bastante desigual, ya que los hombres son básicamente tontorrones e inútiles (pero con buen corazón), y las mujeres, literal y figuradamente, unas brujas capaces de lo peor. Sería fácil decir que al fin y al cabo nadie sale bien parado del todo en esta peli, porque todos tienen defectos, pero también sería bastante simplista y falso, ya que los defectos de los personajes masculinos son poco importantes y entrañables (torpones, poco inteligentes, atolondrados...), mientras que los de los femeninos son de todo menos entrañables: son todas psicópatas, y el único personaje femenino remotamente "bueno", la bruja encarnada por Carolina Bang, es presentada como una manipuladora que disfruta humillando a los hombres y es emocionalmente inestable (la escena de su ataque de histeria, en donde reproduce en clave de humor los clichés de todos los chistes machistas del mundo que vienen a decir que todas las mujeres son unas locas posesivas). Está también el personaje de la novia de Mario Casas, que parece una chica normal, pero su personaje es tan irrelevante (no creo que llegue al minuto su tiempo en pantalla), que básicamente no cuenta.

Y más cosas que te sacarán si las dejas...

Al inicio de la peli, la ex esposa de Hugo Silva se lanza en busca de su hijo. Su primera escena nos la presenta como una enfermera antipática y negligente, pero una vez iniciada la búsqueda de su hijo cabe la posibilidad de que el personaje se redima y sea la que salve la situación con su fuerte carácter. Pues nada de eso: más bien al revés, ya que las brujas inmediatamente la convierten en una de las suyas, con el simbólico método de exprimirle un corazón directamente en la boca. Ejem. Así son las brujas/mujeres: te chupan la sangre. Y así, el único personaje femenino que no explícitamente malvado, se convierte en una bruja literal.

Junto a la familia de brujas central de la peli, que representan las tres generaciones de abuela, madre e hija, conviven dos personajes masculinos. ¿Y cómo es que han permitido a dos hombres vivir con ellas? Fácil: uno porque básicamente sufre algún tipo de retraso, y porque se insinúa que le han hecho cierto proceso transformador que sufre el hijo humano en el clímax de la película ("Entrar por la boca, salir por el culo: te acostumbras"), y al que llegaré ahora. Se le permite vivir porque es tonto. El otro vive encadenado en el sótano como castigo por ser hombre. Los mensajes se van amontonando...

Respecto al clímax de la peli, en el que el niño secuestrado será transformado en una especie de anticristo destinado a destuir a los hombres "como un caballo de Troya, desde dentro", vale la pena pararse, porque aquí la simbología llega a niveles estratosféricos, y me puedo imaginar a De la Iglesia y su co-guionista partiéndose de la risa ante su ocurrencia: el niño debe ser devorado por la diosa de las brujas, una Venus de Willendorf gigante.

Los historiadores se siguen devanando los sesos: ¿es un hombre? ¿es una mujer? Hmmm...

Se trata de una especie de parto demoníaco antinatural, y por tanto el niño, como ya había sido insinuado en una escena anterior, es expulsado por el ano del monstruo. Evidentemente la elección de esa figura no es casual...

La película cuenta con dos secundarios que aportan más humor al tema, la clásica pareja de policías más bien inútiles y torpones enfrentados a un asunto que les supera completamente. El giro (que en honor a la verdad se intuye pronto), es que ambos resultan estar enamorados. Y así, el personaje de Pepón Nieto encuentra otra forma de librarse de las brujas, es decir, de las mujeres: liarse con otro hombre. Queda claro en el epílogo que la de ellos es una relación feliz, sin los nubarrones en el horizonte que les esperan a Hugo Silva y a Carolina Bang, según las predicciones de la bruja interpretada por Carmen Maura.

Es inevitable ver paralelismos con la vida personal del director y guionista (y más cuando es de dominio público que Bang es su novia en la vida real, y que él mismo pasó por un divorcio anteriormente), por lo que la película parece un gran ejercicio de psicoanálisis dedicado a, nunca mejor dicho, exorcizar sus demonios personales... En definitva, la amarga conclusión final a la que parece llegar es que los matrimonios están destinados a acabar mal, y aunque al principio las novias puedan ser guapas y fantásticas (muy distinta tuvo que ser en su día la ex de Hugo Silva, Macarena Gómez, para que empezaran a salir), todas acaban convirtiéndose en... eso mismo.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Crepúsculo, 4ª parte: Leah Clearwater (bonus track)

"Ser rechazada no es exactamente nuevo para mí".

Inicialmente, la idea era dejar las entradas sobre Crepúsculo en una trilogía, pero cuanto más lo pensaba, más sentía que la pobre Leah merecía también su hueco, aunque quizás su importancia en la historia no fuera tanta. Así que, al igual que pasa con los libros, finalmente esto va a ser una tetralogía, y la protagonista de la última parte va a ser Leah Clearwater, uno de los personajes más singulares y maltratados de la saga.

En varios sentidos, Leah es la anti-Bella. Mientras que Bella es automáticamente adorada por todo el mundo (excepto los personajes malvados o descaradamente antipáticos, como Lauren, Jessica o Rosalie), y todo el mundo se pone en su lugar y trata de protegerla, Leah es tratada por todo el mundo como una molestia, hasta el punto de que su frase de presentación en la wikipedia Twilight es esa que yo he reproducido, porque resume básicamente su rol. El terrible crimen de Leah consiste en que su novio, Sam, de buenas a primeras se imprima (ay, la imprinación) de su prima y gran amiga Emily (de la que luego hablaré), y Leah se queda hecha polvo. Pero esta joven no es un simple damisela en apuros que necesite ser rescatada constantemente, como cierta protagonista, y resulta que llegado el momento se transforma en lobo, convirtiéndose en la única mujer de toda  la manada. Como mujer loba resulta una guerrera valiente y decidida, pero resulta que los lobos comparten un hilo de comunicación telepático, y claro, todos se sienten muy incómodos por tener que soportar sus sentimientos de amargura.

Lo cual contrasta con el tratamiento que recibe Bella cuando Edward decide marcharse: al caer en una profunda depresión, su situación es tratada como algo profundamente dramático, y Stephenie Meyer se apresura a proporcionarle una muleta emocional en la que apoyarse, en forma de Jacob, el amigo perfecto que siempre está ahí para ella, que la hace reír y la lleva a sitios, que la quiere tal cual es y no necesita transformarla en nada para estar a su lado. Irónicamente a Jacob le pone de los nervios que Leah esté por ahí poniendo caras largas y sintiéndose mal por exactamente la misma causa que Bella.

Pese a que la conexión de Leah con la historia central es bastante tangencial, llegado el momento de luchar por defender a la embarazada Bella, Leah es una de las primeras en ofrecerse voluntariamente, junto con su hermanito, porque... ¿porque sí? ¿Porque Bella es Bella y todo el mundo gira a su alrededor?

Inquietantemente, la transformación de Bella en mujer lobo tiene dos consecuencias significativas por la carga de connotaciones que traen: la primera vez que lo hace, su padre muere de un infarto por la impresión.
Alguien de sexo femenino indepeniente y de fuerte carácer en esta saga... Glups
Un padre que supuestamente estaba acostumbrado a ver cómo sus familiares y demás miembros de la tribu se convertían en lobos llegado el momento preciso. Por otra parte, en la mitología creada por Stephenie Meyer, cuando una mujer se transforma en lobo, se detiene su ciclo menstrual. Es decir, queda estéril.

Así que si nos paramos un momento a pensar, caemos en la cuenta de que el padre de Emily murió del susto porque quien se transformaba era una chica, lo que indica que a sus ojos era antinatural que una mujer adoptara ese rol de guerrera. Eso por no decir que el detalle argumental de la muerte del padre de Leah es una forma más de castigar al personaje de Leah por no mantenerse donde le corresponde: en casa cocinando, básicamente (como sí haría su prima Emily, a la que estamos a punto de llegar).

Y en segundo término, tenemos el asunto de la infertilidad, una nueva forma de castigar a Leah. En primer lugar es algo a todas luces arbitrario: ¿por qué iba la naturaleza a provocar este absurdo efecto secundario que no provoca en los hombres? (Obsérvese el paralelismo con los vampiros, donde ocurre exactamente lo mismo: los vampiros varones sí puede dejar embarazadas a humanas; viceversa no). La pobre Leah se siente como "un callejón sin salida genético", porque en el contexto de Crepúsculo la infertilidad es tratada como algo que anula a la mujer. En definitiva, el mensaje está claro: si te conviertes en mujer lobo o en vampira, es decir, en un ser superpoderoso capaz de combatir y defenderte por ti misma, perderás gran parte de tu feminidad. Bienvenidos al siglo XIX.

Termino con dos apuntes más: Leah queda al final de la saga como el único personaje principal sin emparejar (el castigo final de S. Meyer), y Emily. Resumiré muy rápido el asunto de Emily. Al principio rechaza a Sam y le dice que vuelva a con Leah. Él insiste días tras día, ella le rechaza cada vez. Hasta que ella se exaspera y le dice que basta, y entonces Sam pierde el control, se transforma en lobo y le da un zarpazo, dejándole una profunda cicatriz en la cara. Y es gracias a esto que Emily por fin entiende y acepta su amor y se convierte en su pareja.


No voy a insultar la inteligencia del lector analizando esta "bonita" historia. Así que, sin más que añadir, pongo punto y final.

martes, 10 de septiembre de 2013

Crepúsculo, 3ª parte: Jacob

"No tienes que cambiar por mí, Bella. Ni decirle adiós a nadie". (Jacob, siendo más claro que el agua).

"¡Eres una hipócrita! ¿Qué pasa, no soy el tipo de monstruo adecuado para ti?" (Jacob, enfrentándose a la dificultad insalvable de ser incapaz de resplandecer bajo el sol).

"Let's face it: I'm hotter than you". (Jacob a Edward, anotándose un punto con un juego de palabras un tanto intraducible en español...)

"¿Pero es que no tiene camisetas?" (Edward acerca de Jacob, leyendo los pensamientos de todo el público no adolescente).


Y paro ya con las citas. Ay, Jacob. Con Jacob las cosas, por un momento, tuvieron la posibilidad de ser muy distintas. El joven hombre lobo era uno de los personajes más simpáticos de la saga y uno de los mejor caracterizados: era un chico normal, abierto y afable, con intereses y hobbies (¿qué le interesa exactamente a Edward? ¿Aparte de poner caras de angustia y perseguir obsesivamente a Bella?), buena persona y con un cierto sentido del humor. Sí, Jacob es en algunos momentos capaz incluso de hacer reír a Bella. Eso desde luego no está al alcance de cualquiera. Por otra parte, Jacob, de manera muy significativa, es el candidato favorito de Charlie, el padre de Bella, seguramente el personaje con la cabeza mejor amueblada de toda la saga. (Me viene a la mente la escena en la que Renée, la madre, inmadura y descerebrada, completamete de acuerdo con que su hija se case con 18 años; y Charlie, siempre cuerdo y razonable, visitan la super casa de los Cullen, y observan un cuadro compuesto de cientos de sombreros de graduación. Renée: "¡Qué creativo!". Charlie: "O extraño"). 

El pobre Jacob se ve obligado a hacer para Bella un papel duro y desagradecido muy presente en el mundo real: el de muleta emocional. No hace falta leerse los cuatro libros ni ver todas las pelis para ver venir desde el principio que el elegido finalmente será Edward. Pero claro, la historia no podía ser despachada tan rápido, así que una de las múltiples formas de alargarla un tanto innecesariamente (entre giros de guión con poco sentido, amenazas que vuelven una y otra vez, secundarios que finalmente no aportan demasiado a la trama principal...) era introducir un falso triángulo amoroso. Falso porque desde el principio estaba claro que el tercer vértice sobraba. Así que desde muy pronto se hace evidente que el bueno de Jake está ahí para apoyar a Bella, para cogerla cuando cae (literalmente), para darle calor y para quitarse la camisa todas las veces que haga falta y más.

Sin embargo, la autora no podía soportar que uno de los personajes más queridos acabase compuesto y sin novia, así que se sacó de la manga un horroroso giro de guión cuando inventó el concepto de (redoble de tambor) la imprimación.

Y aquí las cosas sí se torcieron de verdad.

Entre sus poderes está el ser inmune a los resfriados
La imprimación es básicamente algo inquietantemente similar a la pedofilia. Resulta que en esta historia, los hombres lobo poseen una especie de capacidad mística por la que, nada más ver a la persona adecuada, se "impriman" de ella, y la convierten en su futura novia (vale la pena resaltar que en la historia sólo se da el caso de hombres imprimándose de mujeres; y la única mujer-lobo de la historia, Leah, la cual es tratada además de como una indeseable, como una extraña excepción, nunca se imprima de nadie, lo cual da pie a más reflexiones sobre los roles de género en esta saga...). Cuando una persona se imprima de otra, es algo así como que la señala con su amor verdadero y definitivo, y a partir de ese momento no puede estar con nadie más. Por otra parte, la mujer "objeto" de la imprimación (nunca mejor dicho), se ve prácticamente obligada a ser la futura novia del hombre lobo en cuestión. Es perfectamente posible, y así ocurre en la saga, que dicha mujer sea aún un bebé. Un bebé. Cuando esto es así, el hombre lobo vivirá siempre cerca de ella, actuado como una especie de figura paterna, dándole todos los cuidados necesarios, ganándose su confianza y convirtiéndose en una figura de referencia hasta que el bebé vaya creciendo, y llegada la edad de consentimiento, pueda oficialmente iniciar una relación de pareja con su hombre lobo designado. Llegado este punto, la chica imprimada, después de haber recibido tanto amor y dedicación, irremisiblemente corresponderá a los sentimientos del hombre lobo.

Los problemas con este concepto son evidentemente dos: por un lado, que prácticamente se anula el libre albedrio de la persona imprimada, y por otro, los evidentes paralelismos con la pedofilia.Sin duda Stepehenie Meyer concebía esto como algo profundamente románico y hermoso, y como la forma ideal de atar todos los cabos sueltos ("¡Jacob pasa a formar parte de la familia de Bella, y todos tan contentos!"). Mucho más sencillo y sin tantas implicaciones habría sido que Jacob y Leah se enamoraran, puesto que tenían bastante en común y estaban en igualdad de condiciones, pero en fin...

El hecho de que la imprimación pueda tener lugar sobre mujeres que aún son niñas o directamente recién nacidas, y el posterior desarrollo de la reación entre el imprimador y la imprimada, hace que tenga un enorme paralelismo con el concepto del grooming, que se define como “todo tipo de acciones deliberadas de una persona adulta para ganarse la confianza de un menor a través de Internet con el fin de obtener concesiones de índole sexual”, sólo eliminando lo referente a internet, que en definitiva no es más que el medio empleado.

Como ya digo, evidentemente las intenciones de Stephenie Meyer no irían por ahí, pero es increíble que nadie de su entorno se diese cuenta del subtexto de todo este tema de la imprimación y le aconsejasen eliminarlo o alterarlo profundamente durante la edición del borrador original. Bastaría, de hecho, con dos pequeños cambios: que sólo pudiese ocurrir entre dos personas que han alcanzado un cierto grado de madurez psicológica y sexual, y que fuese un proceso mutuo, y no algo en lo que la chica no tuviera ningún poder de decisión.

Así que nada, volviendo a Jacob Black, no queda más remedio de retirarle su medalla de candidato ideal en vista de todo esto. Seguro que si Charlie se hubiera enterado de toda esta historia él tambien habría cambiado de idea...

viernes, 6 de septiembre de 2013

Crepúsculo, 2ª parte: Bella

"Así es como voy a recordarte. Mejillas sonrosadas, dos pies izquierdos." (Jacob durante la boda de Bella, antes de ser convertida en vampiro y convertirse definitivamente en una Mary Sue).


"Nunca me he sentido normal. Porque no soy normal. Ni lo quiero ser." (Bella, resumiendo el por qué de su desprecio por el 99% de los humanos que la rodean). 

A la hora de analizar a Bella me vienen a la mente dos enfoques distintos: desde el punto de vista literario y desde el punto de vista de los roles de género. Desde ambos hay mucho que decir sobre la "heroína" de la historia.

¿Y por qué las comillas? Porque Bella es protagonista de la historia casi como una pelota de tenis es protagonista de un partido de tenis. Los jugadores le dan raquetazos, todo el mundo está con la vista puesta principalmente en ella, y es donde caiga lo que decide el juego. ¿Pero ella hace algo? ¿Es ella la que determina el resultado final?

Bella es una especie de imán en torno al cual todo gira y todo sucede, pero rara vez tiene ella alguna clase de capacidad de acción sobre los sucesos que le ocurren. Y cuando la tiene, es muy reveladora la clase de acción que toma: hace el papel de cebo o de mártir, ambos dos roles más bien pasivos. ¿Que su madre tiene un nuevo novio y desea tiempo a solas con él? Bella agarra su equipaje y se sacrifica largándose a Forks, ese pueblo que odia, para vivir con el santo de su padre (Charlie, el padre más dedicado y preocupado del mundo, con la hija más desagradecida), con quien tiene una comunicación muy poco fluida, por decirlo suavemente. El realismo y la necesidad de esta decisión es cuestionable (¿de verdad necesitaba su madre que su hija, ya adolescente, se mudara a otra punta del país para disfrutar de su independencia?), pero lo vamos a pasar por alto porque si no, nos quedamos sin historia.

Cuando las amenazas vampíricas comienzan a surgir (y todas siempre van dirigidas a ella, de una manera o de otra: es increíble el poder gravitacional de esta muchacha supuestamente vulgar y corriente), Bella a menudo hace el papel de cebo para que los fortachones que la rodean, Edward y Jake principalmente, pero también todas sus respectivas familias y clanes, la salven y destruyan al agresor de turno. Tiene gracia como gente de todo tipo está constantemente arriesgando su vida por Bella, una chica a la que muchos acaban de conocer o con la que no tienen ninguna relación directa.


"¿¡Quién, yo, una Mary Sue!?"


Los poderes magnéticos de Bella se manifiestan también en el instituto de secundaria de Forks, un centro de estudios mágico donde todos los alumnos varones quieren salir con Bella y todas las chicas (excepto una, que está celosa de ella y es descrita como una persona mezquina) desean ser sus amigas desde el instante en que cruza la entrada. Bella sin embargo no se muestra muy agradecida por este cálido recibimiento que muchos desearían en su primer día en un colegio o trabajo nuevo, y trata a sus compañeros con un cierto desdén, poniendo la mente en blanco cuando hablan de sus cuchicheos sin importancia, utilizándoles cuando necesita algo que la distraiga o lanzándoles pequeñas indirectas que "no está segura de que capten". La única excepción es Angela, un personaje fascinante en el sentido de que es de los escasísimos humanos que son descritos en términos positivos (por supuesto, una de las principales formas en que se manifiesta su bondad es en lo amable y respetuosa que es con Bella). Mención aparte merce Jessica, que aunque es descrita como una tonta envidiosa y descerebrada, tiene una de las escenas en mi opinión más memorables de la saga cuando da su divertido y emocionante discurso final de graduación, en el que habla de la importancia de cometer muchos errores cuando se es joven, para luego poder aprender de ellos y saber escoger con más sabiduría. Por supuesto Bella no escucha una sola palabra. (Aunque en la película Kristen Stewart sonríe abiertamente y aplaude con ganas a su compañera de reparto, saliéndose por un momento del personaje). No puedo evitar pensar que esta escena fue incluida a propósito por la guionista y el director con el fin de ofrecer un contrapunto a las decisiones tan determinantes que toma Bella en la saga, abandonándolo todo y escogiendo un camino irreversible con sólo 18 años...

Las dos decisiones centrales en la vida de Bella son, por un lado, con quién se quedará, si con el pálido y potencial maltratador psicópata Edward (ya tratado en el artículo anterior, y del que se me pasó comentar una escena en el borrador de novela nunca terminado Midnight Sun, narrada desde su punto de vista y en la que se plantea asesinar a toda la clase, entrando en bastantes detalles sobre la estrategia para hacerlo), o con el hombre-lobo Jacob; y por otro lado, si renunciará a su humanidad y se hará vampira. La respuesta a la primera pregunta es bastante obvia desde el principio, y la segunda lamentablenente también queda decidida muy pronto en la saga, así que lo que nos queda es un largo recorrido de idas y venidas para retrasar el momento en que la parejita se dé el sí y por fin sean felices y coman perdices. Como en los culebrones, vamos.

Si ya era difícil tenerle simpatía a la Bella humana...
Sin embargo es una lástima, ya que como explicaré en la
 siguiente entrada, Jacob por varios motivos sería  el candidato mejor de los dos (excepto por un espectacular factor negativo que hace su aparición en la tercera parte de la saga), como él mismo y algún otro personaje se encargan de subrayar, y respecto a lo segundo, habría estado bien explorar la posibilidad de que fuera Edward el que pudiera renunciar a su vampirismo, y por tanto a su estilo de vida y a su familia, y no que automáticamente fuera Bella la única que debe renunciar a todo por su relación

Y en definitiva, esa decisión, basada de nuevo en el sacrificio, es casi la única importante que Bella toma activamente a lo largo de las cuatro partes de la saga: renunciar a su humanidad, a su familia, a sus amigos humanos (bueno, aquí no pierde mucho: la única que le importaba un poco era Angela), a su ciudad, y, en palabras de Edward, a su alma. Renunciar a todo por su matrimonio. La capacidad de sacrificio de Bella es tal, que en cuanto queda embarazada de Edward y el feto semi-vampiro pone en peligro su vida, está inmediatamente dispuesta a morir por él, dando lugar a uno de los elementos más polémicos y espinosos de la parte final de la saga: la discusión sobre el aborto. Pero en ese jardín no vamos a entrar, que nos desviamos del tema...

Las consecuencias de "perder el alma" (?) al convertirse en vampiro, a diferencia de otras historias de ficción que sí han explorado este concepto, no son en absoluto examinadas, y siendo la saga superficial que es, el vampirismo es presentado como el premio gordo de la lotería: la posibilidad de sentir el mundo con más intensidad, super fuerza, inmortalidad, poderes especiales... Con lo cual no queda muy claro por qué Edward ponía tantas pegas.

En definitiva si algo define a Bella es, por un lado, su rol evidente de arquetipo femenino en el que el público pueda insertarse ("Sí, chica normal y corriente que estás leyendo el libro o estás sentada en el cine: tú también podrías conocer a varios buenorros que se pelearían por ti, y que entenderían lo especial que eres en el fondo"), y por otro su papel como quintaesencia de la mujer como agente pasivo que se deja llevar y toma decisiones en función de los hombres que la rodean. Eso, y una arrogante que trata con desdén a todo el que no supere su elevado listón de belleza física y estatus económico.

lunes, 19 de agosto de 2013

Crepúsculo, 1ª parte: Edward

Imagínate a un chico así: guapo hasta decir basta, de una belleza tal que perturba a la gente a su alrededor y en ocasiones les hace cumplir sus deseos de forma ligeramente inconsciente. Este chico saca notas excelentes en el instituto, lleva ropa cara, conduce un coche caro y sólo se mezcla con un grupo de gente de una belleza y estatus económico similares a los suyos.

Y resulta que tú, una persona e principio normal y corriente, poco a poco y por causas escolares, empiezas a trabar relación con él. El chico te trata con desprecio y antipatía, y esto en parte te molesta, pero al mismo tiempo, siendo tan increíblemente guapo, te es imposible dejar de pensar en él, y estás constantemente fijándote en qué hacer o deja de hacer, y cada vez que te habla, no puedes evitar perderte en su mirada y sentirte como si te hipnotizararan...

La relación, a trancas y barrancas, se va estrechando, y el chico empieza a advertirte que no te conviene nada aproximarte a él. Tú ya has ido notando que tiene días raros, en los que está de un humor más distante y verbalmente agresivo, y otros en que es más simpático.

En un momento dado, el chico salva tu vida, pero pese a todo sigue tratándote con un cierto desprecio. Sin embargo, esta circunstancia da pie a una dinámica típica en tu relación con él: el chico está todo el rato "salvándote" de cosas, y cuando no hay ningún peligro aparente, siempre aparece a tu alrededor de buenas a primeras y estés donde estés, como si te hubiera estado siguiendo, dispuesto a llevarte en coche, a cogerte en volandas para dejarte en la enfermería, a acompañarte a cualquier sitio, a salvarte de otros peligros... A veces te sientes tratada como una niña pequeña, porque si tratas de negarte, directamente te agarra de la ropa y te arrastra con su fuerza superior a donde le parezca que debes estar, pero es tan guapo y caballeroso que al mismo tiempo no puedes evitar sentirte en una nube de felicidad.

La atracción mutua se hace cada vez más obvia, y por fin empezáis a salir. Y cuando lo hacéis, el muchacho te revela que llevaba tiempo fijándose en ti, y que en realidad por las noches se colaba en tu cuarto y te observaba mientras dormías. Te presenta a su familia, todos igual de guapos y millonarios que él.

Con el paso del tiempo tú paralelamente has ido desarrollando nuevas amistades, con otros chicos de la clase que te parecen poco atractivos, de escasa profundidad y poco interesantes y con los que principalmente quedas para matar el rato o por conveniencia, pero también con un muchacho que es encantador contigo, que siempre te hace reír y que, evidentemente, está colado por ti. Eso a nuestro amigo de belleza apolínea no le gusta un pelo, y trata por todos los medios de evitar que quedes con él, diciéndote que él y su familia son peligrosos (aunque para entonces, él mismo ya te ha revelado que él y su propia familia son mucho más peligrosos), y haciendo cosas como manipular el motor de tu coche para que no puedas ir a verlo.

What if encajas perfectamente en el perfil de maltratador en potencia?


Pero tu relación con el guaperas es a prueba de bomba, y tras muchos peligros, pasas por el altar con él; eso sí, después de haber renunciado como condición imperativa a volver a ver a tu familia y amigos de clase, a tu ciudad y a todo lo que conocías, además de a otras cosas más etéreas.

Quizás, leyendo este breve relato, has pensado que el chico en cuestión en realidad da bastante miedo, y si has leído algo sobre este tema o lo has vivido en tus propias carnes, habrás notado que encaja muy bien en la descripción de las señales de alarma en que hay que fijarse a la hora de establecer una relación con un posible maltratador: inestabilidad emocional, personalidad controladora, marcados celos, tendencia a aislarte de tu círculo familiar y social...

¿Y si ahora te dijera que este chico es el ídolo de numerosas chicas en todo el mundo? ¿Que le perciben como el chico ideal? ¿Que defienden sus acciones diciendo que todo lo hace por su profundo amor a la chica de la historia?

 Pues sí, ese chico se llama Edward Cullen, y es el protagonista del best-seller romántico Crepúsculo. Y miles de chicas desearían a un novio como él.

"¿¡Cómo que se ha acabado la gomina!?"

La saga de novelas (y sus adaptaciones a película correspondientes) es una auténtica mina de subtexto sobre las relaciones amorosas, la moralidad, las diferencias de sexos, los roles de género y otros temas de este tipo. Con el estreno el pasado año de la última de las películas que adaptaban los libros, es muy posible que el furor por la saga comience a evaporarse, y todo esto quede como un recuerdo un tanto vergonzoso para mucha gente.

Así que con esta mini-saga de tres artículos dedicados a analizar a cada uno de los tres protagonistas de la historia, pretendo aportar mi gotita de tinta virtual al torrente de palabras que se han escrito sobre los contenidos culturales presentes en estos libros. Así pues, una vez despachado Edward, nos quedan Bella y Jacob. A por ellos.

viernes, 2 de agosto de 2013

La bicicleta verde (Wadja) (2012)

Dirección y guión: Haifaa Al Mansour
La frase: "Cuando tenga una bicleta te alcanzaré".

Cuando tienes la maquinaria de Hollywood detrás apoyándote para filmar uno de los candidatos a blockbuster del verano, sólo hay una cosa para tener en cuenta del resultado final: ¿es buena? ¿Entretiene? ¿Está bien hecha? Y no hay más.

Sin embargo, en otras ocasiones el rasero que se emplea para valorar una película no puede ser tan simple. Y este es un ejemplo perfecto. La bicicleta verde, la película, más allá de su calidad cinematográfica, es valiosa por el mero hecho de existir. Es un milagro en sí misma.

Es la primera película realizada por una mujer en Arabia Saudí, uno de los países más machistas del mundo.

No hay más que leer el planteamiento de la película para entender con qué clase de sociedad tratamos: se trata de Wadja, una niña alegre, burlona y de fuerte carácter que trata por todos los medios de conseguir una bicicleta, y cómo las figuras de autoridad de su entorno se horrorizan ante la idea y tratan de quitársela de la cabeza. ¿Os imagináis este planteamiento ambientado en Francia, o en Australia? No, porque simplemente no habría película.

Aunque la directora en una entrevista explica que la historia está basada en su propia experiencia de niña, cuando tuvo la suerte de nacer en una familia que le permitió un grado de libertad muy superior al de sus amigas y compañeras (entre otras cosas le compraron la famosa bici), la bicicleta en sí misma funciona como una potente metáfora con varios niveles de lectura. A nivel físico, en la película nadie lo dice en voz alta, pero se insinúa claramente que uno de los grandes miedos que tiene la madre de Wadja es que por culpa de la bici Wadja rasgue su himen, ese tejido que sólo puede ser traspasado por un hipotético marido. Una mujer soltera con el himen roto: uno de los tabúes más terribles en esa sociedad.

Pero la bicicleta evidentemente significa más cosas: significa la posibilidad de retar a Abdullah, el amigo de Wadja, a una carrera, y quizás ganarle. Significa jugar en igualdad de condiciones y tener la posibilidad de ir a sitios, de hacer cosas. Significa la posibilidad de avanzar.

Dentro del cúmulo de milagros que encierra la película, uno de los más importantes es la pequeña actriz Waad Mohammed, que encarna a Wadja con descaro, frescura y atrevimiento. Sí, Wadja es una respondona, una rebelde que constantemente pone a prueba los límites de la norma, en ocasiones es incluso prepotente; pero es que sólo una persona así podría tener el valor de enfrentarse a toda la sociedad y llevar hasta al final un deseo tan polémico. Ya os podéis imaginar que pocos padres estaban dispuestos a llevar a sus hijas a un cásting para un personaje semejante. Como detalle curioso, las zapatillas de lona tipo All Star que lleva Wadja durante la película y que son una más de sus señas de identidad, fueron inspiradas por la propia actriz, que se presentó con ellas al cásting.

Paralelamente a la trama de Wadja, en principio más inocente aunque como digo muy cargada de significado, transcurre la historia de su madre, que trata de recuperar a su marido y padre de la niña, mientras ella carga con el peso de criar sola a una niña así (y queda claro que aunque se muestre severa y trate de frenar sus ansias de libertad, todo lo hace con la intención de no ver a su hija sufrir por convertirse en un paria de una sociedad como la que les rodea). Finalmente sus aspiraciones acaban siendo destruidas, y se resigna a la idea de que, en adelante, van a ser ellas dos solas frente al mundo.

Como decía al principio, una película como esta no se puede medir sólo con el rasero de la calidad cinematográfica. Sí, está bien rodada, sí, tiene unas buenas actuaciones, sí, tiene un guión sólido aunque a ratos pueda hacerse lento. Pero por encima de todo ello existe, ha podido ser filmada y traída al mundo. Esto no es sólo una película: es un peldaño más que hemos superado.  

miércoles, 17 de julio de 2013

Desde ambos lados del arco iris

No hace falta conocer mucho sobre Rusia para saber lo difícil que es la situación allí para las personas LGTB. Recientemente se aprobaba una ley que prohibía cualquier muestra de afecto pública entre dos personas del mismo sexo, o cualquier otro tipo de "propaganda" de sexualidad no heteronormativa; y evidentemente las fiestas del Orgullo Gay, que recientemente se celebraban sin problemas en muchas otras partes del mundo, están totalmente prohibidas.

Pero en medio de las dificultades siempre han surgido grupos de personas dispuestas a enfrentarse al statu quo por lo que consideran correcto, y concretamente me voy a centrar en dos, ambos provenientes del mundo de la música pero completamente opuestos en todo lo demás: las desaparecidas t.A.T.u y el grupo punk Pussy Riot.

Desde su creación, el ya extinto grupo t.A.T.u podría ser considerado una pesadilla a nivel ideológico, ético, social... Eran dos adolescentes rusas que fingían tener una relación lésbica como truco de mercadotecnia. Su mánager, Ivan Shapovalov, admitía que la inspiración para crear la imagen del grupo le vino al darse cuenta de existía un gran mercado potencial para algo así. Se podía sacar mucho dinero exprimiendo el estereotipo morboso de dos chicas guapas, en edad escolar, besándose y posando en posturas insinuantes con sus uniformes y sus minifaldas. Sí, lo de t.A.T.u bordeaba el límite de la ética, y más aún cuando se supo que ni siquiera eran verdaderamente lesbianas, algo que de todas formas ya todo el mundo sospechaba. A todas estas, he de decir también que el grupo hacía una especie de tecno-pop melancólico y ansioso que dejó unos cuantos clásicos, como la inolvidable All The Things She Said (que hacía una curiosa denuncia de la homofobia en su vídeo), Not Gonna Get Us o Dangerous and Moving, así que el éxito del grupo, siendo justos, también tuvo que ver en parte con la música y no sólo con la polémica.

Las chicas, guionizadas por la mano de Shapovalov, protagonizaron varios escándalos, dijeron innumerables barbaridades y dividieron la opinión del sector LGTB (¿eran una representación positiva y valiente del lesbianismo, o sólo una explotación interesada del morbo?).

Pero ya ves, de entre toda esta turbiedad surgió algo valioso: actrices o no, las chicas creían de verdad en la libertad sexual y defendían los derechos de las minorías sexuales. Y así lo demostraron en mayo de 2007, cuando volaron desde Los Ángeles, donde grababan un álbum, hasta Moscú, con el propósito de participar en la manifestación del Orgullo Gay. El acto consistía en entregar un documento firmado al ayuntamiento apoyando los derechos LGTB. Varios activistas y miembros del Parlamento Europeo participaban. Sin embargo, la situación rápidamente degeneró en una batalla campal, en la que opositores de todo tipo, desde skin heads, hasta gente mayor portando cruces (!), se dedicaron a golpear e insultar a todo el que se ponía a tiro, incluidas las chicas del grupo, una de las cuales incluso estuvo a punto de ser atacada con un cuchillo.

Una vez acabada la operación, las chicas manifestaban su horror y su tristeza por todo lo sucedido, y lamentaban que su país, al que tanto amaban, diera ese espectáculo al mundo. Tampoco dejaban de comentar lo hipócrita de manifestarse en nombre de Dios y usar la violencia para ello. No es muy frecuente escuchar a un grupo de pop comercial hablar en profundidad sobre sus opiniones sociales y políticas y mojarse tanto en un tema que les puede afectar bastante (la opinión pública rusa es mayoritariamente homofóbica según las encuestas), y por eso mismo considero especialmente valioso lo que hicieron. Si quieres leer el artículo de prensa y la entrevista con ellas donde se detalla todo lo ocurrido, lo puedes hacer aquí, y desde luego creo que vale la pena. 

Unos años más tarde, en el polo opuesto del espectro musical, nos encontramos a las Pussy Riot, grupo de punk compuesto por varias chicas (la formación es variable) que se enfrentan a la clase política rusa ataviadas con sus icónicas ropas de colores y telas cubriendo sus rostros. Ellas por su parte participaron el cancelado Moscow Pride de 2011. Las Pussy Riot, con sus canciones llenas de guitarras estridentes y su estilo vocal de gritos según la tradición de las riot grrrls (grupos punk femeninos que tienen entre sus señas de identidad las letras "gritadas"), defienden el feminismo, los derechos LGTB y luchan contra las políticas de Vladimir Putin, el cual tristemente ya se ha cobrado venganza y ha enviado a tres de ellas a la cárcel por su actuación reivindicativa cantando una canción en contra de él en una iglesia. Pese a todo, las Pussy no se rinden y recientemente han publicado un nuevo vídeo atacando a las petroleras.

Desde luego, las Pussy Riot tienen poco o nada que ver con t.A.T.u, y seguramente les ofendería verse comparadas. El compromiso político y social de las guerreras de colorines es obviamente infinitamente más profundo, y donde las segundas emplearon el lesbianismo explotándolo como arma de marketing, las primeras se niegan a ser vistas como objetos sexuales y luchan por los derechos LGTB de forma "pura", sin intereses comerciales.

Sin embargo, una mano amiga siempre es bienvenida venga de donde venga, y en esta ocasión es inspirador ver que incluso personas que provienen de mundos tan opuestos pueden, aunque en momentos distintos, arrimar el hombro por una misma causa. La ley rusa ha prohibido la celebración del Orgullo Gay "durante los próximos 100 años", así que la batalla probablemente va a ser larga.

Pero por suerte, siempre habrá quien no dé su brazo a torcer.